Así es como se alimentan los astronautas en el espacio exterior


Hace 65 años, la comida espacial solo debía cumplir dos requisitos: ser nutritiva y fácil de ingerir en microgravedad. El menú inicial lo deja claro: una mezcla en pasta de carne y de hígado. Con esos curiosos tubos alimenticios, el cosmonauta soviético Yuri A. Gagarin se convirtió en el primer ser humano en comer fuera de la Tierra a bordo de la cápsula Vostok, durante su histórica órbita.

Las crónicas retratan a Gagarin consumiendo su alimento desde un tubo de aluminio parecido a los que contienen pintura. A pesar del sabor poco atractivo y de las dudas sobre el valor nutricional del hígado, lo esencial era comprobar si el cuerpo humano podía funcionar adecuadamente en el espacio. Por eso la comida debía presentarse en envases sin riesgo de liberar migas o fragmentos que pudieran dañar los instrumentos de la nave.

Con las misiones Apolo llegó la inclusión de agua caliente en los menús espaciales. Esto permitió rehidratar los alimentos liofilizados y aproximarlos un poco más a las comidas habituales.

Para que los alimentos puedan conservarse en el espacio, es necesario someterlos a procesos de esterilización y empaquetado que eliminen microorganismos. Aunque estas técnicas pueden disminuir la calidad y el aporte nutricional, garantizan la inocuidad del producto. Los métodos más usados siguen siendo la deshidratación y la termoestabilización.

Hoy, las preocupaciones sobre lo que comen los astronautas se han ampliado enormemente. La comida no solo debe nutrir y ofrecer bienestar emocional, sino que, idealmente, debería producirse directamente fuera de la Tierra. Las misiones actuales apuntan a estancias prolongadas, ya sea para establecer bases lunares o intentar llegar a Marte. Además, los costos son elevados: enviar un kilo de alimentos al espacio ronda los 8 mil dólares. Como los viajes con tripulación serán cada vez más largos, los sistemas de producción y conservación de alimentos deben asegurar sabor y valor nutricional durante periodos de hasta cinco años.

Lee: ¿Qué debes hacer si no puedes pagar tus deudas, según las autoridades?

¿Un “polvo de estrellas”?

Ante la pregunta de cómo podrían sobrevivir los astronautas sin reabastecimientos, la Agencia Espacial Europea (ESA) puso en marcha el proyecto piloto HOBI-WAN, financiado por el programa Terrae Novae. Su misión es explorar alternativas radicales para garantizar la supervivencia de las futuras tripulaciones en misiones prolongadas a la órbita baja, la Luna y Marte.

La ESA, creada en 1975 y compuesta por 23 países, eligió a OHB System AG como responsable principal del proyecto, en colaboración con Solar Foods. Esta empresa finlandesa ha desarrollado Solein, un polvo rico en proteínas producido mediante fermentación y capaz de fabricarse incluso con los recursos disponibles dentro de una nave espacial.

Solar Foods ha demostrado que es posible generar un nuevo tipo de cultivo sin tierra ni luz solar: en un biorreactor se nutre una solución bacteriana alimentada con hidrógeno, oxígeno y CO₂ provenientes de tanques. Solein se obtiene fermentando bacterias del género Xanthobacter. La visión a futuro es aprovechar el hidrógeno, oxígeno y CO₂ que genera la propia tripulación a través del sistema de soporte vital de la nave.

La microgravedad, como la que se vive en la Estación Espacial Internacional (EEI), provoca numerosos efectos fisiológicos y psicológicos: los fluidos corporales se desplazan hacia la parte superior del cuerpo, se pierde masa muscular y ósea, y disminuye la concentración de glóbulos rojos, lo que altera el metabolismo de muchos nutrientes.

También se observan cambios hormonales que afectan al sistema nervioso simpático, pérdida de líquidos y electrolitos, así como disminución del apetito. Los astronautas requieren entre 2 mil 300 y 3 mil 200 kcal al día, más unas 500 kcal adicionales por cada jornada de actividad extravehicular. En cuanto al calcio, necesitan entre 800 y mil 200 mg diarios para preservar la salud ósea. Cubrir estas necesidades individuales en el entorno espacial es un desafío continuo.

Mira: Estas son las razones por la que los gatos nos hacen felices

Mirando hacia adelante

En más de 25 años de ocupación permanente de la EEI, los menús han mejorado considerablemente, y la presencia internacional ha añadido una valiosa diversidad culinaria. Una anécdota destacada ocurrió hace 40 años, cuando Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano, pidió llevar tortillas en la misión del Atlantis en 1985. Su utilidad se comprobó rápidamente: a diferencia del pan, no sueltan migas y pueden envolver alimentos dulces o salados. Desde entonces, son un básico de la cocina espacial.

Como no hay refrigeración especializada en la EEI —solo un enfriador para bebidas y condimentos— los alimentos deben almacenarse a temperatura ambiente y conservar su estabilidad. Por ello se recurren técnicas como la liofilización y la termoestabilización.

La NASA también investiga cómo producir alimentos frescos mediante sistemas hidropónicos en invernaderos espaciales. Hace alrededor de una década lograron los primeros cultivos de lechuga romana roja en microgravedad.

Aunque la Estación recibe suministros cada 60 a 90 días, una mejor eficiencia en el reciclaje permitiría reducir estas entregas. Pero en misiones lunares o marcianas resultará mucho más complejo abastecerse, así que las nuevas tecnologías que generen alimentos o potencien su valor nutritivo se vuelven esenciales.

Esto hace que Solein destaque aún más: es hasta 100 veces más eficiente en conversión energética. Sus creadores señalan que contiene cerca de un 78% de proteínas. La única diferencia en su producción espacial es que, en vez de usar amoníaco como fuente de nitrógeno, se emplea urea para sintetizar las proteínas.

El porvenir de la alimentación —en la Tierra y fuera de ella— dependerá de la sostenibilidad, la innovación y la capacidad de adaptación a entornos extremos. Tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, los cultivos controlados y los avances biotecnológicos están abriendo caminos seguros hacia un futuro que, hasta hace poco, parecía propio de la ciencia ficción.

*Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp

AO
 

Cortesía de El Informador



Dejanos un comentario: