La editorial Pinolia ha lanzado recientemente Mitología grecorromana, una obra coral coordinada por Rubén Buren que ofrece un viaje desde los titanes hasta la cultura pop actual, pasando por templos, tragedias y superhéroes. En sus páginas se explora cómo las figuras del imaginario clásico siguen modelando nuestros relatos contemporáneos, nuestros conflictos y aspiraciones más profundas. En ese marco, el caso de Atenea, la diosa de la sabiduría y la estrategia, emerge como uno de los ejemplos más fascinantes de continuidad y transformación simbólica.
Atenea no solo ha sobrevivido al paso del tiempo; ha sido constantemente reinterpretada. Nacida del cráneo de Zeus, armada y adulta, su figura no se ajustaba a las normas femeninas de su época. Representaba una fusión casi imposible: la lógica y la guerra, el pensamiento y la acción, la serenidad y el combate. Hoy, siglos después de que su culto floreciera en la Acrópolis, su iconografía vuelve a ocupar un lugar central en debates sobre feminismo, poder, justicia y representación de género.
Una diosa que nunca se fue
En el mundo antiguo, Atenea fue mucho más que un personaje mitológico. Fue la encarnación de un ideal cívico, patrona de Atenas, símbolo de protección y estrategia. Su sabiduría no era abstracta; se manifestaba en la creación del olivo, en el arte del tejido, en la deliberación antes de la batalla. Mientras otros dioses del Olimpo eran temperamentales o caprichosos, ella representaba el orden racional en medio del caos.
Pero lo que hoy la convierte en un símbolo tan poderoso no es solo su rol clásico, sino cómo ha sido reinterpretada a lo largo de los siglos. Desde el Renacimiento hasta el arte contemporáneo, Atenea ha sido recuperada por artistas y pensadores que ven en ella una figura que desafía las dicotomías tradicionales entre lo masculino y lo femenino, lo espiritual y lo bélico, lo político y lo íntimo.

La Atenea del siglo XXI
En las últimas décadas, la imagen de Atenea ha resurgido con fuerza en distintos espacios del arte, el activismo y la cultura visual. Desde murales urbanos en ciudades europeas hasta ilustraciones feministas difundidas por redes sociales, su figura ha sido adoptada como símbolo del poder femenino autónomo e inteligente.
Este resurgir no es casual. En un mundo donde el debate sobre los roles de género está más vivo que nunca, Atenea ofrece una alternativa a los arquetipos tradicionales. No es la diosa del amor ni de la maternidad, tampoco una guerrera sanguinaria. Es una figura híbrida que guía con razón, actúa con justicia y permanece siempre independiente. Su virginidad mitológica —lejos de entenderse desde un prisma moralista— ha sido reinterpretada como una decisión consciente de autonomía, de no pertenecer a nadie salvo a sí misma.
Artistas como Gustav Klimt, en su famosa “Pallas Athena”, o colectivos contemporáneos de arte urbano como PichiAvo, han dado nueva vida a la diosa, presentándola como una figura casi poshumana, atemporal, que observa desde los muros y las pantallas con su casco alzado y su mirada firme. En muchos de estos trabajos, el aégis que lleva en el pecho —con la cabeza de Medusa— ya no es solo un escudo mítico, sino una metáfora de la defensa frente al patriarcado o la violencia simbólica.
Más allá del arte: Atenea en la justicia, la tecnología y el pensamiento estratégico
La diosa ha traspasado también los márgenes del arte para infiltrarse en otras esferas de la vida contemporánea. No son pocos los tribunales, universidades y entidades jurídicas que utilizan su imagen para representar la razón, la ecuanimidad y la defensa del orden. En contextos de protesta y reivindicación, su nombre y figura aparecen como emblemas de la resistencia inteligente, una forma de confrontar al poder sin replicar sus mecanismos destructivos.
En el mundo tecnológico y académico, proyectos como el Observatorio Espacial ATHENA o el programa de igualdad de género Athena Swan, en Reino Unido, llevan su nombre para subrayar valores como la visión estratégica, la excelencia y la equidad. Su símbolo es usado por desarrolladores de inteligencia artificial, colectivos de investigación, universidades y hasta startups que quieren asociarse con los valores de innovación, justicia y conocimiento.
Incluso en los videojuegos, donde tradicionalmente han predominado narrativas masculinas, el personaje de Atenea ha ganado terreno como guía, mentora o guerrera sabia. Su capacidad para planear y prever, su liderazgo sin autoritarismo, la han convertido en modelo de personajes femeninos complejos, alejados del cliché de la mujer fuerte construida solo en base a fuerza bruta o trauma.
Pero no todas las lecturas modernas de Atenea son unívocas. Existen tensiones sobre su rol como símbolo feminista. Algunas voces críticas señalan que, a pesar de su fuerza, Atenea sigue insertada en un sistema mitológico profundamente patriarcal. ¿Puede una figura que fue creada y narrada por hombres funcionar como ícono emancipador?
El caso de Medusa es particularmente revelador. En muchas versiones, fue la propia Atenea quien castigó a Medusa por haber sido violada en su templo. Esta ambivalencia ha generado debates intensos en el feminismo contemporáneo: ¿es Atenea una aliada de las mujeres o una figura que reproduce el orden dominante? ¿Representa un feminismo de élite, racionalista y sin vínculos de sororidad?
Frente a estas preguntas, la respuesta no ha sido cancelar su figura, sino complejizarla. En muchas reinterpretaciones actuales, la relación entre Atenea y Medusa ha sido rescrita como un conflicto simbólico entre la lógica y el instinto, entre la tradición y la transformación. Lejos de ser unívoca, Atenea encarna precisamente lo que la hace poderosa: su contradicción interna, su capacidad de adaptación, su resistencia a ser reducida a un solo rol.
Del Olimpo al presente: ¿por qué Atenea sigue viva?
Atenea no es una figura fosilizada del pasado. Su imagen se actualiza constantemente, no solo porque la mitología tenga valor literario o estético, sino porque las necesidades simbólicas de las sociedades contemporáneas la siguen reclamando. En un mundo donde la inteligencia, la independencia y la justicia siguen siendo aspiraciones y desafíos, la figura de una diosa que encarna todo eso, sin depender de amores ni linajes, resulta profundamente pertinente.
Su figura nos habla de una manera distinta de ejercer el poder: una que no se impone, sino que persuade; que no destruye, sino que protege; que no grita, sino que piensa. Atenea no es un modelo perfecto, pero sí uno complejo y útil. Y quizás por eso sigue apareciendo en nuestros muros, nuestras novelas, nuestros videojuegos y nuestras protestas.

Mitología grecorromana — Un mapa cultural desde los dioses hasta el presente
El libro Mitología grecorromana, publicado por la editorial Pinolia y coordinado por Rubén Buren, es mucho más que una introducción a los relatos clásicos. Se trata de una guía apasionante y profunda que conecta la mitología con la vida moderna, mostrando cómo estos antiguos relatos siguen latiendo en nuestro imaginario colectivo.
Lo que distingue a esta obra es su enfoque transversal: no se limita a narrar las hazañas de Zeus, Atenea o Hércules, sino que explora cómo esas historias han sido interpretadas, tergiversadas y reactivadas a lo largo del tiempo. Desde los versos de Homero hasta el cine de superhéroes, desde los templos de la Antigüedad hasta los videojuegos actuales, el libro traza una genealogía cultural que demuestra que los mitos clásicos no han muerto, sino que mutan y se adaptan según las necesidades simbólicas de cada época.
En particular, la figura de Atenea aparece destacada no solo como diosa fundacional de la cultura helena, sino como arquetipo en transformación. El texto señala cómo su imagen ha pasado de los mármoles de la Acrópolis a los muros del arte urbano, y cómo su compleja simbología —razón, estrategia, independencia— la convierte en un espejo de nuestras tensiones contemporáneas en torno al poder y al género.
Además, el libro despliega una cuidada reflexión sobre otros aspectos esenciales de la mitología grecorromana: la construcción de héroes, el papel de los rituales, la aparición de monstruos como fronteras del pensamiento, y la permanencia de ciertos arquetipos psicológicos en la literatura, el arte y la cultura pop. Todo ello con un lenguaje claro, riguroso pero accesible, que acerca los mitos a lectores del siglo XXI sin banalizarlos ni simplificarlos.
Mitología grecorromana no es solo un libro para estudiantes de Historia o aficionados a lo clásico. Es una obra pensada para cualquier lector o lectora que quiera entender por qué seguimos soñando con Ícaro, temiendo a Hades o admirando a Atenea. Una obra que nos recuerda que conocer los mitos no es mirar al pasado, sino comprender mejor las raíces invisibles de lo que somos hoy.

Cortesía de Muy Interesante
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