
Hong Kong vivió está semana uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente, ya que un incendio que arrasó el complejo residencial Wang Fuk Court en el distrito de Tai Po dejó al menos 128 personas muertas, más de un centenar de desaparecidas y miles de residentes desplazados.
Las autoridades iniciaron un duelo oficial de tres días mientras continúan las investigaciones sobre fallas estructurales, negligencias y posibles actos de corrupción que complicaron el desastre.
Un homenaje marcado por el luto y la incertidumbre
A las 08:00 horas de este sábado, el jefe ejecutivo John Lee encabezó un minuto de silencio frente a la sede del gobierno. Las banderas de Hong Kong y China ondearon a media asta mientras multitudes acudían a depositar flores y mensajes de despedida en las inmediaciones del complejo quemado.
En distintos puntos de la ciudad se habilitaron libros de condolencias. Familias enteras recorrieron hospitales y centros de identificación en busca de noticias. La cifra de cadáveres sin identificar asciende a 44 y unas 150 personas permanecen desaparecidas, aunque la policía revisó a la baja el número inicial gracias a nuevos contactos con familiares.
Fallas en alarmas y materiales
Las primeras investigaciones apuntan a que el fuego comenzó en niveles inferiores del complejo y se propagó rápidamente por los andamios de bambú y paneles de espuma “altamente inflamables” utilizados durante una renovación. La malla verde que cubría las torres funcionó como un combustible adicional y extendió las llamas a siete de los ocho edificios de 32 pisos.
El jefe del departamento de bomberos, Andy Yeung, confirmó que los sistemas de alarma de las ocho torres “funcionaban mal”, lo que explicaría por qué cientos de personas no lograron evacuar a tiempo. Residentes dijeron que nunca escucharon sirenas y que tuvieron que tocar puertas para alertar a sus vecinos.
El caso escaló rápidamente a una posible red de negligencia y corrupción. La Comisión Independiente contra la Corrupción detuvo a ocho personas, entre consultores, subcontratistas e intermediarios relacionados con las obras. A ellos se suman directivos de Prestige Construction, firma encargada de la renovación, investigados por homicidio involuntario al utilizar materiales no aptos para retardar fuego. La empresa no ha respondido a los señalamientos.
Búsqueda entre escombros y supervivencias mínimas
Las operaciones de rescate concluyeron el viernes, pero la policía advirtió que tomará entre tres y cuatro semanas revisar a profundidad los edificios ennegrecidos. El ingreso sigue siendo peligroso por los restos de andamios colapsados y las estructuras debilitadas.
El sábado, equipos especializados recorrieron las zonas menos dañadas y hallaron tres gatos y una tortuga con vida. No se encontraron más víctimas, aunque las autoridades no descartan recuperar más restos carbonizados en los próximos días.
Entre las historias que han conmovido a la ciudad está la de Rhodora Alcaraz, trabajadora filipina que se refugió varias horas con el bebé de su empleadora en una habitación llena de humo. También se confirmó la muerte de seis personas originarias de Indonesia y la desaparición de al menos una más de Filipinas.
Comunidades en shock y ancianos en mayor vulnerabilidad
Wang Fuk Court, construido en 1983, albergaba a más de 4,600 residentes, muchos de ellos personas de la tercera edad. Según registros recientes, el 37% de sus habitantes era mayor de 65 años, lo que redujo sus posibilidades de escapar.
Varias familias relataron que sus padres o abuelos vivían solos, dormían bajo medicación o tenían movilidad limitada. La combinación de alarmas inoperantes, materiales inflamables y obras de renovación convirtió sus hogares en trampas mortales.
Chim, sobreviviente de 60 años, recordó que solo tuvo tiempo de tomar su bastón antes de correr por las escaleras. Otros, como Chris Wong, perdieron comunicación con sus familiares mayores casi de inmediato. “Llamé varias veces, pero solo hubo silencio”, dijo.
Apoyos, reclamos y comparaciones inevitables
El incendio, el más mortífero en Hong Kong desde 1948, desató una ola de apoyo comunitario. Se instalaron puestos con alimentos, ropa, artículos de higiene y módulos de atención médica y psicológica para los más de 800 desplazados.
Sin embargo, el control social y político en la ciudad ha limitado manifestaciones abiertas de indignación. Aun así, grupos de voluntarios distribuyeron volantes para exigir una investigación independiente, responsabilidades claras y un plan de reasentamiento seguro. Una petición en línea superó las 10.000 firmas en menos de 24 horas.
La magnitud del siniestro ha generado comparaciones con la tragedia de la Torre Grenfell en Londres, donde murieron 72 personas en 2017. También reavivó el debate sobre el uso de andamios de bambú y su malla inflamable, una práctica tradicional en Hong Kong que persiste pese a regulaciones más estrictas.
Un duelo que apenas comienza
El gobierno anunció un fondo de ayuda de 300 millones de dólares hongkoneses para apoyar a los afectados. Mientras tanto, cientos de familias siguen sin respuestas sobre sus seres queridos.
Con banderas a media asta y las torres calcinadas aún humeantes, Hong Kong enfrenta días de duelo, reconstrucción y una investigación que podría redefinir los estándares de seguridad en una de las ciudades más densas del mundo.
Con información de agencias
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Cortesía de El Economista
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