Leonardo Padura aborda en la FIL Guadalajara la circulación de su obra y el contexto cubano


Las primeras conferencias de la edición 39 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara iniciaron este viernes con la participación del escritor y periodista cubano Leonardo Padura, quien centró su intervención en Morir en la arena, su libro más reciente. El volumen, publicado en agosto, recupera más de tres décadas de una generación que no logró alcanzar sus aspiraciones y que enfrenta la crisis que atraviesa Cuba. La obra parte de un caso real de parricidio y explora el camino hacia la redención.

Durante la charla, Padura reflexionó sobre la ausencia de publicación de sus últimos títulos en Cuba. Explicó que no existe una prohibición explícita, pero sí una falta de condiciones para que sus novelas tengan circulación formal en el país. “No es que yo no pueda ser leído, lo que pasa es que soy raramente publicado y últimamente no publicado”, señaló. Agregó que suele recibir como explicación la falta de papel, pero considera que intervienen otros factores. “Creo que también falta voluntad de publicar lo que ocurre”.

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Padura explicó que la novela forma parte de una línea de trabajo que ha explorado durante años:,el impacto del exilio en la identidad individual y colectiva. EL INFORMADOR/ H. Navarro
Padura explicó que la novela forma parte de una línea de trabajo que ha explorado durante años:,el impacto del exilio en la identidad individual y colectiva. EL INFORMADOR/ H. Navarro

El autor compartió que la población cubana ha desarrollado diversas estrategias para acceder a bienes culturales en un entorno de limitaciones constantes. Una de ellas es la piratería, que ha permitido que sus novelas circulen incluso cuando no están disponibles en librerías. Recordó que Morir en la arena llegó al mercado el 27 de agosto y “el 30 de agosto ya había una copia pirata circulando en sitios cubanos”. Sobre esa situación afirmó:

“Puede ser un desastre económicamente, pero para mí personalmente y para esas personas que acceden de esa forma a poder leer mis libros es un acto que yo les agradezco. Yo no creo que ningún gobierno tiene derecho a decirle a sus ciudadanos qué cosa es lo que pueden leer y lo que no pueden leer, salvo que esos contenidos afecten éticamente la esencia de una sociedad”.

Padura habló también sobre la paradoja de que sus obras estén disponibles en librerías de varios países de habla hispana, pero no en su territorio. Recordó el caso de El hombre que amaba a los perros, que se publicó y reeditó en Cuba en 2011 y cuyo lanzamiento calificó como un hecho inesperado. Después de ese libro, recibió el Premio Nacional de Literatura, aunque la situación editorial volvió a cerrarse en años recientes. A ello se suma el problema económico: aún si sus libros impresos en México o España llegaran a La Habana, “los cubanos tampoco podrían comprarlos”, pues el salario promedio oscila entre 10 y 14 dólares mensuales y un libro cuesta 20.

Relató que, cuando viaja, procura llevar consigo la mayor cantidad posible de ejemplares para distribuirlos de manera limitada entre lectores y amigos, pero esa circulación informal apenas alcanza a unos cuantos. Subrayó, además, que en Cuba un libro circula ampliamente “En cualquier país del mundo cuando alguien compra un libro lo leen su pareja, su hijo, su mamá; en Cuba, un libro es del barrio”. Esta lectura colectiva se ha intensificado ante la precariedad de las bibliotecas públicas. Mencionó que una de las pocas excepciones recientes es la biblioteca de la Escuela Española de La Habana, nombrada en honor a Almudena Grandes, donde editoriales españolas han donado numerosos títulos. “Sé que estoy en el top 5 de los autores más leídos ahí”, comentó.

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Al referirse a Morir en la arena, Padura explicó que la novela forma parte de una línea de trabajo que ha explorado durante años:,el impacto del exilio en la identidad individual y colectiva. Dijo que su presencia en la FIL coincide con una gira por varios países de América Latina, posterior a una primera ronda de actividades en España. Sobre el vínculo entre territorio y lenguaje, señaló que “La tierra de uno es el contexto natural desde que uno establece todas las primeras relaciones”. Recordó que obras Conmo Polvo en el viento y La novela de mi vida abordan de manera explícita ese fenómeno, así como la adaptación cinematográfica Regreso a Ítaca.

Al ser cuestionado sobre los movimientos migratorios actuales y el cambio de percepción hacia las personas migrantes, Padura contextualizó el fenómeno como parte de la historia humana. “Nadie se va del sitio en que es feliz”, dijo, y describió cómo la pobreza, los conflictos políticos y las desigualdades sociales impulsan a miles de personas a dejar sus hogares. Señaló que en los últimos años se ha extendido un discurso que criminaliza a la población migrante, lo que considera un proceso con consecuencias negativas para quienes deben atravesar fronteras en condiciones precarias.

Para el escritor, esta discusión dialoga directamente con su generación en Cuba, que llega a la vejez con ingresos insuficientes para cubrir costos básicos. Ejemplificó la crisis con un cálculo simple. “Las jubilaciones promedio en Cuba andan por los 2 mil 500 pesos, y un paquete de 30 huevos vale 3 mil”. A partir de esa comparación, sostuvo que es imposible desligar la experiencia migratoria de la situación económica que atraviesan miles de personas dentro de la isla.

NA

Cortesía de El Informador



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