Según una recopilación de estudios internacionales presentados el día de ayer por la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición, Fivin. Ofrecen evidencia científica solida de que el consumo moderado devino bajo condiciones especificas, puede tener un efecto protector ante enfermedades cardiovasculares.
La paradoja de Francia y la grasa
El doctor Josep Massip, cardiólogo y director científico de la Fivin, recurrió a la llamada paradoja francesa, la cual consiste en una baja de tasa entre el consumo de grasas saturadas y la aparición de enfermedades cardiovasculares al momento de comparar la dieta francesa con la de lugares como EU o el Reino Unido.
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Durante muchos años se observo que en Francia se consumían bastantes grasas saturada pero las tasas de enfermedad coronaria (infartos y problemas de corazón) eran más baja que en los países mencionados, por eso se le llamó paradoja.

Se intentó explicar por la interacción de cuatro factores. Por un lado, el consumo en Francia de una dieta más cercana a la mediterránea, con menos ultra procesados y más productos frescos. Por el otro, un estilo de vida en conjunto más saludable, con más ejercicio físico diario y menos consumo de comida rápida. En tercer lugar, por las diferencias en cómo se registraban las causas de muerte y en un mejor sistema sanitario y de prevención. Y por último, beber vino con moderación, gracias al efecto protector de los polifenoles.
Con el paso del tiempo, se observó que cuando se ajustaban los problemas coronarios teniendo en cuenta el consumo de tabaco, el ejercicio, el tipo de grasa total o el nivel socioeconómico, la diferencia se reducía. Además, la globalización de hábitos (más ultra procesados, más sedentarismo) también estaba cambiando el panorama en Francia, como lo hace en España, y por tanto dicha paradoja era más aparente que real.
Cada vez hay menos consumo
De todas formas, tanto Massip como el doctor Ramon Estruch, catedrático de Medicina de la Universidad de Barcelona y presidente de Fivin, insistieron en que el consumo de vino en todo el mundo representa solo el 11% del total de la ingesta mundial de alcohol, y que hay pocos estudios sobre los efectos sobre la salud que contemplen exclusivamente su consumo con moderación.
En este sentido, reconocieron que beber alcohol es un tema que genera controversia —no para la OMS— y por eso pusieron sus esperanzas en “los resultados del estudio UNATI, actualmente en curso, desarrollado en España y financiado con fondos europeos, que será el primer estudio aleatorio en su género que aportará datos incontestables y disipará dudas relacionadas con este tema”, dijeron.
Desde principios de este siglo, el consumo de vino en España se ha reducido unos 10 litros al año per cápita. Sobre todo el vino que se bebe en los hogares. Como en el caso de la paradoja francesa, el cambio de hábitos y el hecho de que cada vez comemos menos en casa han influido, seguramente, en esta caída del consumo en un país donde el porrón o la botella de vino eran bastante omnipresentes.
Dos copas al día con los alimentos
En opinión de ambos médicos, “como máximo dos copas de vino tinto al día –una en el caso de las mujeres–, siempre ingeridas con las comidas y cuando se sigue un patrón alimenticio que observe la dieta mediterránea, tiene efectos protectores a nivel cardiovascular”. Igualmente, los responsables de la Fivin advierten de que “hay que matizar que toda la evidencia actual se basa en estudios epidemiológicos que informan de asociaciones, no de causalidad”.
Si se bebe fuera de las comidas, si se consumen otras bebidas alcohólicas o si se bebe vino, pero se supera esta dosis recomendada, si su dieta no se adhiere a la dieta mediterránea o si se fuma y no se hace una cantidad de ejercicio adecuada, olvídense. El vino y sus polifenoles no le protegerán contra la enfermedad coronaria.
Respecto a la adherencia a la dieta mediterránea, por ejemplo, es baja o moderada en los hogares urbanos de Barcelona, a pesar de estar ampliamente reconocida por sus beneficios para la salud cardiovascular, metabólica y mental. Así lo revela una investigación, hecha pública ayer, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que advierte de la existencia de importantes desigualdades sociales, económicas y territoriales en el acceso a una alimentación saludable en ciudades con más de 100.000 habitantes.
Tanto Estruch como Massip insistieron en que la clave es beber junto con las comidas. Según explicaron, “tanto la dieta mediterránea como el vino son ricos en polifenoles, moléculas que se ha comprobado que ofrecen protección ante problemas cardiovasculares.
La ingesta moderada de vino al mismo tiempo que se come reduce la toxicidad del alcohol y aumenta la absorción de estos componentes, lo cual puede llegar a reducir hasta un 50% el riesgo cardiovascular”, aseguraron ambos científicos. Si se insiste en el vino tinto es porque este contiene 10 veces más polifenoles que el blanco.

Esto es debido a que estos compuestos se encuentran en la piel y las semillas de las uvas. En su proceso de elaboración, los vinos tintos se mantienen en contacto con las pieles durante la maceración y la fermentación, cosa que no ocurre en la de los blancos.
Los polifenoles –como el cacareado resveratrol– se investigan por sus beneficios para la salud cardiovascular, el control del azúcar en sangre y la protección contra el estrés oxidativo. El problema es que la mayoría de las investigaciones sobre polifenoles se han hecho, hasta la fecha, in vitro o con animales.
Entre las investigaciones más recientes que, según la Fivin, respaldan estos hallazgos, destacan dos proyectos financiados por las ayudas a proyectos de investigación vino, nutrición y salud que convocan y financian bienalmente Fivin y la Organización Interprofesional del Vino de España.
La OMS dice que no existe dosis segura
El estudio liderado por la doctora María Pérez Bosch, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, analizó los metabolitos del resveratrol como biomarcadores objetivos del consumo de esta bebida.
Los resultados revelaron una asociación inversa entre estos metabolitos y la glicoproteína VCAM-1, vinculada con procesos de inflamación vascular y arterioesclerosis. Según su autora, “esto indicaría que el consumo moderado de vino ejerce un efecto antiinflamatorio sobre el sistema cardiovascular que lo protege de la arteriosclerosis”.
Por su parte, el proyecto dirigido por la doctora Patricia Pérez Matute del CIBIR-Fundación Rioja Salud, también financiado por Fivin y la Organización Interprofesional del Vino de España, ha investigado los efectos del consumo moderado de vino tinto sobre la enfermedad de Alzheimer y la función cerebral.
En este estudio, a los ratones a los que se les dio vino sin alcohol —pero que mantiene los polifenoles— mostraron niveles significativos de neuro protección.
Esta opinión contrasta con la expresada reiteradamente por la OMS sobre el consumo de alcohol –sustancia incluida en el grupo 1 de productos cancerígenos junto al tabaco y al amianto–, al que considera adictivo y tóxico, y por tanto peligroso para la salud desde la primera gota, sin tener en cuenta la calidad o el tipo de bebida que se ingiera, porque la clave no está en si se trata de vino, cerveza, whisky o vodka, sino en el etanol que contiene cualquier bebida alcohólica.
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Es más, la OMS considera que el consumo moderado de alcohol es responsable de la mitad de los casos de cáncer atribuibles al consumo de bebidas alcohólicas. Por último, este organismo también asegura que los posibles beneficios de beber algún tipo de bebida alcohólica quedan superados por unos riesgos mucho mayores.
En este sentido, los doctores Estruch y Massip explicaron que la OMS está lógicamente preocupada por un consumo de alcohol a nivel global que es ciertamente excesivo, especialmente entre los más jóvenes. Pero creen que esta organización no tiene en cuenta los distintos patrones de consumo en cada país, ni su estilo de vida. Este es el motivo por el que hacen “campañas muy drásticas que lleven el consumo de alcohol hacia cero”.
En su opinión, no se pueden comparar los países en los que el consumo de alcohol se basa sobre todo en destilados, o con consumos totales de alcohol muy elevados, con aquellos en los que el consumo se centra en el vino y se hace de forma más moderada.
KR
Cortesía de El Informador
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