¿Qué pensó Hitler al ver El gran dictador de Chaplin?

La imagen, real o no, me ha acompañado durante muchos años: Hitler, sentado ante una pantalla enorme en la Cancillería, estalla en una risotada mientras contempla El gran dictador (1940). Chaplin fue uno de los actores fetiche de Adolf Hitler, a pesar de su ideología progresista, su profesión de cómico y sus orígenes judíos.

Me he preguntado muchas veces por qué esa admiración del Führer hacia el personaje de Charlot. ¿La vocación artística frustrada del joven Adolf, rechazado en dos ocasiones por la Academia de Bellas Artes de Viena? ¿El excelente manejo del lenguaje corporal del británico que llegó a hacerle inconfundible, quizá como al propio Hitler o a Mussolini? ¿Aquel bigote que las malas lenguas dicen que el germano imitó para ganarse la simpatía de sus seguidores? Nunca lo sabremos.

Adolf Hitler
Retrato de Adolf Hitler, sentado, en 1932. Foto: Getty.

Hitler en el cine

La convivencia del horror y el humor resulta asombrosa. No me refiero solo a la película de Chaplin sino a esa imagen soñada y posible, la de Hitler sonriendo ante su parodia. A lo largo de la historia del cine ha habido otros intentos de mostrar ese binomio tragicómico: Lubitsch en Ser o no ser (1942), Jack Kinney en el cortometraje de Disney El rostro del Führer (1943) o las más recientes Mein Führer (2015) y Jojo Rabbit (2019).

Pienso que ninguna ha alcanzado las cotas de interés y la inteligencia crítica que desprende la película de Chaplin; el Führer las hubiera arrojado al fuego de inmediato, pero estoy seguro de que habría conservado El gran dictador (1940).

¿Qué sintió el canciller alemán al verla? ¿Cómo fue aquella escena, si es que fue? ¿Estaba solo o acompañado por Eva Brown? Y el ministro Goebbels, ¿qué pensaría de su líder todopoderoso rendido al ingenio de aquel cómico, amigo de judíos y judío él mismo? Esas preguntas y esa escena me han acompañado, como digo, a lo largo de muchos años.

Retrato del actor Charles Chaplin
Retrato del actor británico Charles Chaplin, por Albert Witzel. Foto: Wikimedia Commons.

Un estreno casi imposible

Lo cierto es que no parece haber una respuesta definitiva, o no lo suficientemente definitiva. No se sabe con seguridad si Hitler vio la película, aunque muchos testimonios y algunos datos así lo apuntan. Pero conviene recordar algunos avatares de la producción y el estreno de El gran dictador.

Chaplin y su película se enfrentaron a enormes dificultades: el temor de la industria cinematográfica estadounidense a las posibles represalias alemanas y sus consecuencias en taquilla, una demanda por plagio del escritor Konrad Bercovici (que le había hablado de la idea a Chaplin) y una continuada presión mediática en EE. UU., que por entonces era neutral en la guerra. Aquella película podía ser una bomba y nadie deseaba que estallase cerca.

Finalmente, como sucede tantas veces en la historia, todo cambió. La invasión de Polonia en 1939 y la continuidad de Franklin D. Roosevelt como presidente modificaron la situación. Chaplin no solo pudo terminarla, sino que recibió el apoyo expreso de Roosevelt en un clima de notable ambigüedad política; Henry Ford, por ejemplo, expresaba su apoyo abierto hacia la política del Tercer Reich.

Cartel de El gran dictador (1940)
Cartel del estreno en los cines estadounidenses de la película de Charlie Chaplin El gran dictador (1940). Foto: United Artists / Wikimedia Commons.

Todo cambiaría cuando a Estados Unidos no le quedó más remedio que intervenir en la contienda y desplegar su propio aparato propagandístico contra Alemania, Italia y Japón. Se rodaron entonces muchas películas de ficción y documentales para convencer a la población de que invirtiese en bonos de guerra. Había que salvaguardar la libertad y la democracia, en EE. UU. y en el mundo.

En muchos de esos materiales en celuloide, Iosef Stalin aparecía como un valiente santurrón, un amigo del pueblo americano que luchaba contra el demonio germánico. Michel Viotte muestra aquel período convulso espléndidamente en el conjunto de documentales La guerra de Hollywood 1939-1945 (2013). Poco después todo volvió a cambiar: los materiales prosoviéticos desaparecieron por arte de magia y dio comienzo la caza de brujas del macartismo.

¿Vio Hitler El gran dictador?

Pero volvamos a El gran dictador. Albert Speer, ministro de la Guerra en el Tercer Reich y amigo personal de Hitler, negó en repetidas ocasiones que este hubiera visto la película de Chaplin. Sin embargo, existen documentos en el registro de la Cancillería demostrando que así fue, que habría sucedido en un par de ocasiones. ¿Quizá Hitler no pudo resistir la tentación y volvió a verla una segunda vez?

Icónico fotograma de El gran dictador (Charles Chaplin, 1940). Foto: Wikimedia Commons.

Con toda probabilidad ocurrió en la sala privada de proyección de la Cancillería de Berlín, no en Berhof, la residencia predilecta de Hitler para sus descansos, donde eran frecuentes las proyecciones de cine made in Hollywood para invitados selectos. El guionista Budd Schulberg, que recibió la orden de inventariar todas las fotos y grabaciones que pudieran servir como prueba en los Juicios de Nurémberg, encontró un listado de las películas que Adolf Hitler había visto.

El gran dictador era una de ellas y aparecía dos veces. King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, era otra de sus favoritas. ¿Acaso se identificaba con aquel gigantesco simio que aterrorizaba Nueva York? El resultado en ambos casos no deja de sorprender: la parodia de un dictador y la destrucción de un monstruo.

King Kong (1933)
imagen promocional del film King Kong (1933). Foto: Warner Bros /Wikimedia Commons.

Años más tarde, un fugitivo del régimen nazi que afirmaba haber trabajado en el Ministerio de Cultura del Tercer Reich le hizo saber a Chaplin que Hitler había visto su película. Al enterarse de aquello, el británico afirmó con una mezcla de asombro e ironía: «Hubiera dado cualquier cosa por saber lo que dijo cuando la vio».

Cortesía de Muy Interesante



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