Mucho se ha especulado últimamente sobre el posible colapso de la gran corriente oceánica del Atlántico (AMOC), una de las grandes arterias que regulan el clima del planeta, así como su eventual impacto en el clima terrestre y, más concretamente, en regiones como Europa. El debate sobre estas cuestiones ha suscitado grandes polémicas ya que, por un lado, hay estudios que sugieren que el avance de la crisis climática podría abocarnos a un colapso inminente de esta corriente oceánica y desencadenar así extremos climáticos aún más marcados en las próximas décadas mientras que, por otro lado, también hay trabajos mucho más cautos que afirman que, pese a la gravedad de la situación actual, estas hipótesis aún están muy lejos de convertirse en realidad. Para añadir más datos al debate, este miércoles la revista ‘Nature’ publica un estudio en el que se realiza uno de los análisis más exhaustivos publicados hasta la fecha sobre esta cuestión. ¿Su conclusión? Según sus análisis, todo apunta a que la corriente se está debilitando pero nada sugiere que vaya a colapsar a corto plazo. Al menos en este siglo.
La investigación, liderada por un equipo internacional de investigadores de la Oficina Meteorológica de Exeter (Reino Unido) y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Colorado, analiza un total de 34 modelos climáticos en los que se recoge el funcionamiento de los sistemas climáticos globales y su posible evolución ante distintos escenarios. A partir de ahí, los científicos introdujeron las variables de dos escenarios extremos para ver cómo se comportaba la gran corriente atlántica en cada uno de ellos.
Tanto en un escenario de niveles de dióxido de carbono cuadruplicados como en uno de Groenlandia derretida, la AMOC resistiría
En el primer caso simularon un mundo en que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera se habían cuadriplicado respecto a los niveles preindustriales. Y en el segundo, un planeta en que Groenlandia se derretiría del todo y, así, inyectaría grandes cantidades de agua dulce en esta arteria climática. En ambos escenarios, los modelos indican que la circulación atlántica resistiría. Más débil que ahora, eso sí, pero cumpliendo su función.
Según argumentan los autores de este trabajo, liderados por el climatólogo Jonathan Baker, uno de los grandes “salvavidas” para evitar el colapso de la gran corriente atlántica (AMOC) podrían ser los vientos del Océano Austral. Y es que tal y como muestran los modelos, estos vientos de carácter fuerte y persistente podrían estar empujando las aguas superficiales de esta corriente y evitando así que se detengan del todo.
El investigador Aixue Hu invita a imaginar esta situación como un tanque de agua con un grifo y dos desagües. “Sabemos que el grifo, que representa las aguas que se hunden en el Atlántico Norte, se está debilitando. Esto debería conducir a un lento vaciado del tanque, pero gracias a los vientos del Océano Austral, el agua sigue circulando y saliendo por los desagües correspondientes, el Océano Austral e Indo-Pacífico, aunque a un ritmo más lento. Esta dinámica es la que estaría impidiendo el colapso total del AMOC”, ilustra el especialista en un análisis publicado en ‘News & views’.
Los análisis afirman que los vientos australes podrían ser el gran “salvavidas” para evitar que esta corriente oceánica frene
Sin alarma, pero con preocupación
El análisis afirma con convicción que “la probabilidad de un colapso total del AMOC en el siglo XXI es extremadamente baja” y que, al menos ahora mismo, nada apunta a que esta corriente oceánica vaya a frenarse a corto plazo. Aun así, los expertos afirman que el debilitamiento de esta corriente climática también supone un problema grave que, aunque no de forma tan extrema como se había predicho, podría alterar el clima en regiones como Europa.
“Un colapso de la AMOC sería devastador para la civilización, pero un debilitamiento de la AMOC también debería ser motivo de preocupación. Aunque no acapare los titulares de la misma manera y su impacto sea complicado de explicar, sigue siendo extremadamente importante modelizarlo, comprenderlo, vigilarlo y predecirlo“, afirma Jonathan Bamber, director del Centro de Glaciología Bristol de la Universidad de Bristol (Reino Unido) en declaraciones a la plataforma Science Media Centre.
“Un colapso de la AMOC sería devastador para la civilización, pero un debilitamiento de la AMOC también debería ser motivo de preocupación”
Aún no está claro qué impacto tendría un debilitamiento de la corriente atlántica en el clima pero, según apuntan algunos trabajos, este fenómeno podría exacerbar los extremos climáticos en Europa. Por ejemplo, produciendo inviernos más fríos a la vez que veranos de calor extremo. En regiones como el Mediterráneo, además, también podrían producirse importantes alteraciones en los regímenes de lluvia y dar lugar a condiciones más áridas y más sequías. Hace unos meses trascendió la hipótesis de que, eventualmente, este fenómeno podría conducir a una glaciación en Europa pero, según explicaron varios científicos a este diario, esta hipótesis es improbable. “Este problema, que es grave sin necesidad de desinformar, está lleno de incertidumbres y una gran certeza: hay que dejar de calentar el planeta“, afirman Isabel Moreno y Edu Robaina en un análisis sobre la cuestión publicado en ‘Climática’.
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Cortesía de El Periodico
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