30 años sin Tato Bores, un actor y humorista único

Tato Bores, actor cómico de la nación, como le gustaba definirse, murió hace exactamente 30 años, el 11 de enero de 1996, pero anda más vivo que nunca. Sus sketches sobre el dólar, las corridas cambiarias, la corrupción, la mishiadura, las devaluaciones, la deuda externa, la “inexistencia” de la moneda nacional de curso legal y más hablaban -hablan y hablarán- de este país como en loop.

Ojo biónico de la política, fue piedra en el zapato de los funcionarios públicos, escáner de la argentinidad, incomodador serial de presidentes, analista y futurólogo.

Insólitamente, comenzó como músico. Admirador de Benny Goodman, Mauricio “Tato” Borensztein aprendió a tocar el clarinete y el instrumento lo llevó en la década del ’40 hasta la orquesta del pianista y arreglador uruguayo Luis Rolero. En un principio cargaba los bártulos de los músicos y después se sumó sacudiendo maracas y tumbadoras.

Con la Big Band frecuentaba Radio Splendid, de allí sus primeros retratos como artista en las páginas de Radiolandia o Sintonía. Eran épocas de giras radiales por los estudios también de El Mundo, Stentor, Municipal. Además se presentaban en vivo en El Odeón, en la boite Morocco o en el night club Marabú.

En 1944 debutó en solitario en Splendid con Pepe Arias, y por entonces le sugirieron que acortara el nombre. Poco después llegaron las fotonovelas, y en 1949 por Belgrano tuvo ciclo propio, Igor, de lo boino lo mejor desde el Hotel Alvear Palace. En teatro, entre 1945 y 1982, trabajó en 58 espectáculos de revista.

La TV llegó en 1952, con intervenciones en el único canal de la época, el 7, en ciclos como La familia GESA se divierte y Caras y morisquetas. El clic a la puerta grande del humor televisivo ocurrió en 1960, por Canal 9, con su Tato, siempre en domingo, un nombre inspirado en la película Nunca en domingo, con Melina Mercouri.

Los ejecutivos del canal le habían dicho que los domingos la gente no miraba televisión, pero él aceptó: “Dámelo que yo voy a hacer que los domingos miren televisión”. Tuvo exitosas 12 temporadas, las primeras tres por Canal 9, las restantes por Canal 11. No había político que no se sentara a verlo. Cuando asumió la presidencia José María Guido, por ejemplo, en 1962, en reemplazo del destituido Arturo Frondizi, el flamante presidente declaró: “No veo televisión. Pero todos los domingos a las 21 en punto trato de ver a Tato porque me hace reír y pensar”.

Su personaje se caracterizó por usar frac, habano, peluca y anteojos. Hacía los monólogos a un ritmo imposible, con una memoria prodigiosa. Sufrió la censura pero nada lo detuvo e hizo cine y teatro, algo que luego continuó incluso al volver a la TV.

Su regreso triunfal fue en 1978 con Tato para todos. Se rodeó de grandes actores y figuras (Federico Manuel Peralta Ramos, Ludovica Squirru y más), tuvo sketches antológicos y hasta se dio el lujo de entrar al set en patines y cenar en cámara con presidentes como Menem y Alfonsín. Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1992, el mismo año en que la censura intentó silenciarlo por medio de la jueza Servini de Cubría.

Su último programa se llamó Good Show, en 1993. Fue mensual y con una superproducción, emitido por Telefe. El primer episodio se emitió el 31 de mayo. Tuvo una apertura que dio que hablar, inspirada en la tapa del disco de los Beatles La banda del Sargento Pepper, con dobles de Gardel, Perón, Marilyn Monroe, Liza Minelli, Jesús, y más. La música la hizo Charly García, que lo admiraba desde chico.

Su famosa frase de despedida pasó a la historia: “Por eso, mis queridos orejones del tarro, a seguir laburando, la neurona atenta, vermouth con papas fritas… ¡y good show!”.

Cortesía de Clarín



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