Pecados y placeres: la lujuria y el apetito por los deseos carnales, según la neurociencia

Antes de nada, deberíamos plantearnos una cuestión: ¿cómo va a ser pecado el orgasmo si combate las migrañas, mejora la circulación sanguínea, tiene efectos antidepresivos y mantiene la presión arterial a raya?

Han sido muchas las chicas Playboy que han aparecido en la revista para adultos por excelencia, pero ninguna tan lujuriosa como la playmate del mes que la publicación eligió para su número de septiembre de 2010 en su edición estadounidense: Madame Bovary, la protagonista de “la novela más escandalosa de todos los tiempos”, según la calificó. La mujer de ficción que intentaba retener a sus amantes “con las dos manos y las dos rodillas”.

“Una de las pecadoras más célebres de la literatura”, se podía leer en Playboy, que incluyó en sus páginas un capítulo de una nueva traducción al inglés de la novela escrita por Gustave Flaubert, a quien la Justicia francesa sentó en el banquillo de los acusados en 1857 por considerar la obra demasiado obscena y lasciva. Lo que ignoraba la fiscalía gala es que aquella mujer que tanto la escandalizó posiblemente gozaba de muy buena salud.

la lujuria y el apetito por los deseos carnales, según la neurociencia
La lujuria y el apetito por los deseos carnales, según la neurociencia. Imagen de Dev Sin en Pixabay.

La moralidad, el placer sexual y salud

Pese a que la moralidad religiosa insiste en el poder destructivo de satisfacer los deseos de la carne, la realidad es que llegar al sumun del placer sexual, el orgasmo, nos beneficia. En un estudio del que se hizo eco The American Journal of Cardiology, se demostró que las muertes por ataques cardiacos o cardiopatías se reducen a la mitad en hombres con edades comprendidas entre los 45 y los 59 años que tienen al menos dos orgasmos a la semana. Resulta que durante el clímax se libera adrenalina a raudales. La hormona actúa como vasodilatador, lo que permite una mejor circulación de la sangre y evita la formación de coágulos.

Simultáneamente, el cerebro se inunda de endorfinas y serotonina, dos sustancias con efectos antidepresivos y desestresantes. La relajación es tan duradera que, tras un orgasmo, la presión arterial se mantiene baja unos catorce días. A lo que se suma que mantener relaciones sexuales dos veces por semana aumenta los niveles de inmunoglobulina A, señal de que nuestras defensas cobran más fuerza que si nos abstenemos de sexo.

Encima, copular antes de dormir garantiza una noche de descanso profundo. ¿Y qué pasa si te duele la cabeza? Practica sexo también. Porque estimular el punto G, lo han demostrado, alivia el dolor y combate la migraña.

¿Lujuria y amor?

Lo que hay que desmentir es que el amor y la lujuria sean cosas opuestas. Lejos de situarse en cajones estancos, ambas emociones se originan en las mismas regiones del cerebro: la ínsula y el estriado.

Científicos canadienses de la Universidad Concordia han comprobado que la lujuria pone a funcionar a las neuronas de la zona ventral, relacionadas con la emoción y la motivación, mientras que el amor enciende el estriado dorsal, que afecta a la toma de decisiones y está implicado en la adicción a las drogas.

En la ínsula, sin embargo, las neuronas que activan el deseo sexual y el romanticismo se solapan por completo. Esto explica que el enamoramiento suela ir asociado a un fuerte impulso de consumarlo en lugar de, por ejemplo, jugar juntos una partida de parchís. Y también justifica por qué a partir de una noche de desenfreno sexual puede surgir una relación romántica.

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la lujuria y el apetito por los deseos carnales, según la neurociencia. Imagen de tess en Pixabay.

La excitación erótica

Otra cosa que tienen en común el amor y el “deseo excesivo del placer sexual” –que es como define la RAE a la lujuria– es la kisspeptina. Los científicos la apodan la “viagra mental”. Un mote justificado si tenemos en cuenta que una inyección de esta hormona natural en hombres aumenta el deseo sexual a niveles propios de la pubertad.

Escudriñando en el cerebro para entender sus efectos, científicos de la Imperial College de Londres descubrieron que la kisspeptina activa circuitos cerebrales relacionados con la excitación erótica, pero también con los sentimientos románticos. Incluso se cree que podría fomentar las posibilidades de una reproducción exitosa y ayudar a tratar los problemas de fertilidad desde un nuevo punto de vista.

También el hambre de sexo y el hambre de comida pueden ir a la par. Se debe a la grelina, hormona secretada por el estómago que estimula nuestro apetito y el deseo sexual. Según la revista Addiction Biology, cuando los niveles de la hormona del hambre aumentan, la actividad sexual crece. Algo que le viene muy bien a una de las tendencias de moda en la cama, el sploshing, es decir, el empleo de la comida para embadurnarse el cuerpo como parte de los juegos eróticos. Lujuria a la carta.

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La lujuria y el apetito por los deseos carnales, según la neurociencia. Imagen de Hansuan Fabregas en Pixabay

Echa la culpa de tu lujuria a…

Nuestra libido, que es algo muy personal, puede verse afectada por diversos factores, internos y externos. aquí te exponemos seis de ellos:

Las migrañas

“Hoy no, que me duele la cabeza” ya no vale de excusa. La Escuela de Medicina de la Universidad de Wake Forest (EE. UU.) ha demostrado que las personas con migraña tienen más niveles de deseo sexual. El vínculo entre ambos fenómenos es la serotonina, que desciende en las personas con migraña, y esa caída aumenta el erotismo.

El deporte

Un experimento canadiense demostró que si una mujer ve una película erótica tras montar en bici, se excita mucho más que si no hace deporte. Otros estudios apuntan también a que el ejercicio moderado en el hombre incrementa su testosterona y dispara su libido.

Tus genes

Relacionado con la producción de dopamina, el gen del receptor D4 afecta a la sexualidad. Según un estudio israelí, hay variantes que provocan una desgana crónica de sexo –presentes en el 60 % de la población–, mientras que otras tienen el efecto contrario y disparan la lascivia –en el 30 %–.

Cortesía de Muy Interesante



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