En un laboratorio de Northwestern University, un grupo de ingenieros y cardiólogos ha logrado una proeza que apenas cabría en la punta de un dedo: han desarrollado un marcapasos del tamaño de un grano de arroz, tan pequeño y liviano que puede ser inyectado con una simple jeringa. Este diminuto dispositivo, lejos de necesitar cables, baterías o cirugía para su extracción, desaparece sin dejar rastro una vez ha cumplido su función. Y lo más revolucionario: se activa con luz.
Aunque el descubrimiento se dio a conocer hace algún tiempo, sus implicaciones siguen dando de qué hablar. No solo por su enfoque pionero en la estimulación cardíaca sin contacto, sino también por su potencial para redefinir lo que entendemos por medicina temporal, personalizable y completamente integrada con el cuerpo humano.
La solución a un problema urgente
Cada año, miles de bebés nacen con defectos cardíacos congénitos. Muchos requieren cirugía durante sus primeros días de vida, y en ese proceso, algunos necesitan marcapasos temporales para estabilizar su ritmo cardíaco. El problema es que los dispositivos actuales son grandes, rígidos y peligrosos: conectados por cables que salen del pecho del paciente, su retirada puede implicar daños en el tejido, sangrado o incluso la muerte, como ocurrió con el astronauta Neil Armstrong.
Aquí es donde entra en juego este innovador marcapasos, diseñado específicamente para los corazones más pequeños y vulnerables. Puede insertarse sin cirugía, adherirse al corazón de forma no invasiva y, lo más importante, desaparecer sin dejar residuos tras unos días.

Luz en lugar de cables
El dispositivo no solo es diminuto. Funciona de forma totalmente distinta a lo que conocíamos hasta ahora. Se controla mediante una luz infrarroja emitida por un parche flexible y blando que se adhiere al pecho del paciente. Cuando el sistema detecta una arritmia, el parche emite destellos de luz a través de la piel y los tejidos que activan el marcapasos para regular los latidos.
Este método elimina la necesidad de conexiones físicas externas y permite un control preciso, adaptado a cada situación. Además, como la activación se produce con luz, se evita el uso de radiofrecuencias o antenas que, en versiones anteriores, impedían una miniaturización real del dispositivo.
Otro elemento clave del avance está en su fuente de energía. En lugar de una batería tradicional, el marcapasos se alimenta a través de una “celda galvánica” creada por la interacción de dos metales con los fluidos corporales. Es decir, el propio cuerpo actúa como conductor para que el dispositivo genere electricidad.
Esto no solo permite que el marcapasos sea autónomo, sino que también lo hace completamente biocompatible. Al estar fabricado con materiales que se degradan de forma natural, el dispositivo se disuelve tras unos días sin necesidad de intervención quirúrgica.

Más allá del corazón
Aunque el uso más evidente es en recién nacidos, las posibilidades de esta tecnología van mucho más allá. En adultos, podría usarse en cirugías cardíacas para estabilizar el ritmo en las primeras fases de recuperación, o incluso integrarse en válvulas implantables para prevenir bloqueos cardíacos postoperatorios.
Pero los investigadores van aún más lejos: proponen utilizar dispositivos similares en otros ámbitos de la medicina, como la estimulación de nervios para la rehabilitación de lesiones medulares, la regeneración de tejidos o el tratamiento del dolor crónico. De hecho, la tecnología ya se está explorando para incorporarse en implantes inteligentes, que además de cumplir una función mecánica, puedan ofrecer estimulación eléctrica o sensorial a medida.
Lo más fascinante del dispositivo no es solo su tamaño, sino el concepto que representa: una medicina temporal, personalizada y completamente integrada con el cuerpo. Este marcapasos no necesita ser retirado, no deja cicatrices ni residuos, y solo actúa cuando es necesario.
Los investigadores destacan que su capacidad para trabajar en conjunto con otros dispositivos similares abre la puerta a tratamientos de estimulación cardíaca multipunto, algo inalcanzable con marcapasos tradicionales. En enfermedades como la fibrilación auricular, donde distintas zonas del corazón necesitan ser sincronizadas, esta tecnología permitiría una intervención más precisa y menos invasiva.
Aunque los medios destacaron el tamaño del dispositivo y su capacidad para disolverse, el estudio publicado en Nature revela otros aspectos igual de prometedores. Por ejemplo, que los investigadores probaron la activación del marcapasos con distintas longitudes de onda de luz, abriendo la posibilidad de controlar múltiples dispositivos simultáneamente sin interferencias. Esto permitiría implantar varios marcapasos en distintas zonas del corazón y controlarlos de forma independiente con luces de diferentes colores.

Otro detalle apenas mencionado es que el marcapasos incluye un interruptor fotoactivado que mantiene el dispositivo en modo “off” hasta que se le aplica la luz adecuada. Esta característica es clave para garantizar la seguridad del paciente, pues evita que el dispositivo se active de forma accidental antes del momento adecuado.
Además, el estudio muestra que el dispositivo fue efectivo en modelos animales tan variados como ratones, cerdos y perros, y que también funcionó sobre corazones humanos donados. Estas pruebas preclínicas, aunque aún lejos de una aprobación definitiva, indican una versatilidad que podría facilitar su adopción clínica en los próximos años.
Una revolución silenciosa
No estamos solo ante una innovación en tecnología médica, sino ante el inicio de una revolución más amplia: la de la bioelectrónica integrada, donde los dispositivos no solo interactúan con el cuerpo, sino que desaparecen en él, sin necesidad de extracción ni mantenimiento.
El marcapasos más pequeño del mundo no es solo una hazaña de miniaturización. Es una muestra de que la medicina del futuro no tiene por qué ser visible, ni siquiera permanente. Puede ser ligera, temporal, inteligente y, como en este caso, simplemente desaparecer cuando ya no se necesita.
Referencias
- Zhang, Y., Rytkin, E., Zeng, L. et al. Millimetre-scale bioresorbable optoelectronic systems for electrotherapy. Nature 640, 77–86 (2025). DOI:10.1038/s41586-025-08726-4
Cortesía de Muy Interesante
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