Bendición y maldición, a veces tan cerca. En verano 2018, Jordi Gamito corrió por el cielo durante los 171 kilómetros de UTMB, mientras los rivales iban cayendo maduros y él aguantaba paso a paso, hasta cruzar la meta en una escena inolvidable y en tercera posición. Llegó entonces la fama, los contratos y la realidad de Jordi, albañil sencillo, luchador de muay thai cabezón que no paró hasta pelear en el santuario tailandés y un atleta de trail running al que nada podía tumbar. Y sin embargo, ahí se torció todo: multitud de lesiones, malos resultados… y la luz se fue apagando.
En 2025, Gamito regresa un año más a Chamonix, para correr la CCC (101 kilómetros) y deja la presión en la mochila: “Son muchos años ya viniendo aquí y desde 2018 no he podido terminar, así que mi primer objetivo es ese. No tengo los nervios y las mariposas de otros años, eso es cierto. Yo voy a hacer mi carrera, pero si puedo ir adelantando poco a poco, claro que lo haré e iré a por todas”.
La presión es un concepto constante en el discurso de Gamito, quizás por los antecedentes, el doloroso capítulo de 2024: “Hace un año llegué a UTMB muy presionado, porque sabía que si no terminaba entre los diez primeros no tendría patrocinador. Estuve un mes aquí preparándome, siguiendo un plan específico de nutrición y luego… salí a correr y, de repente, en el kilómetro 30 o así no era capaz de dar un paso adelante y veía al público cada vez más pequeño. Mi corazón empezó a latir muy rápido y no sabía lo que estaba pasando, me agobié muchísimo y tuve que retirarme. Poco después supe lo que me pasaba: era un ataque de ansiedad“.
De aquella situación ha salido ya, con un entorno privilegiado en el que destacan su mujer y su hermano, su único patrocinador: “Mi hermano me pregunto qué necesitaba y yo le conté la historia. Así que él, a través de su empresa de cobre (Acebsa), me dio lo necesario para poder seguir dedicándome a esto y ahora, trabajo siete horas por la mañana y luego ya puedo entrenar. Él me cubre“.
Este año, la preparación de Jordi para la carrera ha variado respecto a otros tiempos: de 7 a 14h, en plena hora de calor, pico y pala para poder terminar la piscina de un cliente; después, comida de la suegra y siesta… y a entrenar. “Es una paliza pero estoy acostumbrado, porque es lo que he hecho toda mi vida. Siempre estuve en la obra unas 10 horas y luego me iba a entrenar. Ahora son solo siete, así que no me quejo”.
La carrera empieza este viernes por la mañana y el podio no asoma ni por asomo entre las metas -realistas- del atleta catalán: “Puppi, Reiterer y Andreu Simon están a otro nivel. Después viene otro grupo que peleará por estar cerca y ahí puedo estar yo, pero sin presión”.
Cortesía de 20 Minutos
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