Estas tres formas de experimentar el sentido de la vida predicen tu salud mental, según la ciencia

Tener una idea clara de para qué vivimos no es un lujo filosófico, sino una de las bases más sólidas de la salud psicológica. Quienes perciben que su vida tiene un rumbo definido suelen mostrar mayores niveles de bienestar y menor vulnerabilidad a problemas de salud mental como la depresión. En cambio, sentirse perdido o desconectado de un propósito tiende a debilitar la resiliencia frente a los desafíos cotidianos. De esta manera, el sentido vital funciona como una brújula interna que orienta las decisiones y da coherencia a la experiencia personal.

Durante décadas, psicólogos y filósofos han estudiado esta relación entre propósito y salud, pero casi siempre a partir de enfoques generales, que analizan promedios y correlaciones sin mirar cómo varían las trayectorias individuales. Esa mirada puede ocultar la complejidad real: no todos enfrentamos la pregunta por el sentido de la misma manera ni con los mismos recursos internos.

Consciente de esta limitación, un grupo de investigadores se propuso observar no solo si tener un propósito importa, sino también cómo cambia a lo largo del tiempo y qué efectos tiene sobre la mente. El trabajo fue publicado en la revista Frontiers in Psychology y estuvo liderado por científicos de la City University of Hong Kong y la Chinese University of Hong Kong, junto con colaboradores internacionales.

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Tres perfiles de sentido vital: orientados, desconcertados e indiferentes. Fuente: iStock (composición).

Un experimento a lo largo del tiempo

El estudio se desarrolló con una metodología poco común en este campo: el análisis de transición latente, que permite observar cómo las personas se mueven de un perfil psicológico a otro con el paso del tiempo. En lugar de limitarse a una foto estática, los investigadores siguieron durante nueve meses a más de 300 jóvenes adultos y compararon sus cambios en la forma de relacionarse con el sentido vital.

Para medir este concepto abstracto, los participantes respondieron cuestionarios que evaluaban cuatro dimensiones del propósito: la presencia de significado (sentir que la vida ya tiene un rumbo), la búsqueda de significado (el esfuerzo activo por encontrarlo), la necesidad de significado (la importancia de contar con él) y la confusión de significado (la sensación de no saber por dónde empezar).

Esta combinación ofreció un retrato detallado de la experiencia personal frente a una de las preguntas más humanas: “¿Por qué estoy aquí?”.

El hallazgo principal fue que no todos encajan en el mismo patrón. De hecho, surgieron tres perfiles claramente distintos, que no solo reflejaban maneras de entender la vida, sino que también se asociaban con niveles muy diferentes de bienestar, ansiedad y síntomas depresivos.

Tres formas de relacionarse con la vida

El primer grupo fue denominado perfil orientado al sentido. Estas personas mostraban altos niveles de presencia y búsqueda de propósito, así como una fuerte necesidad de mantenerlo. Lo interesante es que eran quienes menos reportaban síntomas de depresión y quienes más puntuaban en bienestar general, lo que confirma que sentirse conectado con un propósito protege la salud mental.

El segundo grupo recibió el nombre de perfil desconcertado. Estaba compuesto por quienes presentaban una fuerte necesidad de encontrar sentido, pero al mismo tiempo una gran confusión sobre cómo alcanzarlo. Aunque en apariencia podían mostrarse activos en su búsqueda, lo cierto es que este desconcierto los hacía más vulnerables a la ansiedad y a cambios frecuentes en su visión de la vida.

Por último, apareció un grupo más pequeño: el perfil indiferente. Estas personas puntuaban bajo en todas las dimensiones, tanto en la necesidad como en la presencia o la búsqueda de propósito. En la práctica, no se preocupaban demasiado por la cuestión del sentido, lo que podía traducirse en una aparente calma, aunque acompañada de bajos niveles de bienestar y de cierta inestabilidad en sus trayectorias vitales.

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El propósito de vida funciona como brújula psicológica en tiempos de incertidumbre y ayuda a la salud mental. Fuente: iSctock (composición).

El mapa de la estabilidad y el cambio

Uno de los aportes más novedosos del estudio fue mostrar qué tan estables eran estos perfiles en el tiempo. El grupo orientado resultó ser el más firme: más del 95 % se mantuvo en la misma categoría durante los nueve meses de seguimiento. Esto sugiere que cuando alguien logra consolidar un propósito vital, suele conservarlo, incluso en medio de etapas turbulentas.

En cambio, el grupo desconcertado fue el más dinámico. Más de seis de cada diez personas cambiaron de perfil en el periodo de estudio, ya fuera hacia la orientación o hacia la indiferencia. Este movimiento refleja la fragilidad de quienes buscan un sentido sin lograr todavía encontrarlo: pueden mejorar y orientarse, pero también retroceder y desinteresarse.

Los indiferentes, por su parte, se mostraron relativamente inestables: dos de cada tres permanecieron igual, pero un tercio se desplazó hacia otro perfil. Esto indica que la aparente pasividad frente al sentido de la vida no es una condición fija, sino que puede transformarse bajo la presión de la experiencia o las circunstancias.

Salud mental y perfiles de sentido

Los investigadores analizaron con detalle cómo se relacionaban estos perfiles con la salud mental. El resultado fue contundente: quienes pertenecían al perfil orientado tenían mayor bienestar emocional, psicológico y social, además de los niveles más bajos de ansiedad y depresión.

La conexión con un propósito claro actuaba como un factor protector frente al malestar.

En contraste, los perfiles desconcertado e indiferente mostraban mayor vulnerabilidad. El desconcierto se asoció con altos niveles de ansiedad, probablemente porque vivir en la búsqueda sin una dirección clara genera tensión constante. La indiferencia, aunque no siempre vinculada a más ansiedad, sí se relacionó con baja satisfacción vital y mayor riesgo de depresión.

Lo más interesante fue que estos patrones se repitieron en ambos momentos del estudio, lo que refuerza la idea de que el sentido de la vida no es un adorno filosófico, sino una variable psicológica clave para entender la salud mental en jóvenes y adultos.

Propósito
Sentirse perdido en el propósito vital aumenta la vulnerabilidad y riesgos para la salud mental. Fuente: iStock (composición).

Implicaciones más allá de la investigación

Los hallazgos tienen implicaciones prácticas. Para los expertos en educación y salud mental, cultivar el sentido de la vida puede convertirse en una estrategia de prevención frente a la depresión y la ansiedad.

Iniciativas como programas de orientación personal, ejercicios de reflexión narrativa o prácticas de mindfulness podrían ayudar a que más personas se acerquen al perfil orientado.

Además, el estudio invita a repensar el papel de la cultura y el contexto. En sociedades que atraviesan cambios rápidos, el desconcierto sobre el propósito vital puede ser más común de lo que se piensa. Generar espacios de conversación y apoyo puede marcar la diferencia entre permanecer atrapado en la confusión o avanzar hacia una vida con significado.

Finalmente, la investigación deja un mensaje inspirador: aunque el propósito de la vida es una construcción individual, sus beneficios son colectivos. Cuando una persona encuentra sentido, no solo mejora su propia salud mental, sino que también fortalece sus relaciones y su aporte a la comunidad. Ese es, quizá, el mejor argumento para tomarnos en serio la pregunta que todos, tarde o temprano, nos hacemos: “¿Para qué estoy aquí?”.

Referencias

  • Kwok, S. Y., Fang, S., Huang, B. M., Addis Tesfaw, A., & Deng, X. (2025). Stability and changes in meaning in life profiles and their impact on mental health among chinese university students: a latent transition analysis. Frontiers in Psychology. doi: 10.3389/fpsyg.2025.1529851
OBRAS DE INFRAESTRUCTURA HIDALGO

Cortesía de Muy Interesante



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