Fuente de la imagen, Museo de Auschwitz-Birkenau
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- Autor, Amy McPherson
- Título del autor, Para BBC Travel
El 27 de enero de 1945, los prisioneros del principal campo de concentración en Auschwitz vieron como los soldados del Primer Frente Ucraniano llegaron y abrieron las rejas bajo la infame frase Arbeit Macht Frei (El trabajo libera). Después de más de cuatro años de terror, estaban siendo liberados finalmente.
Este año marcó el 80 aniversario de la liberación del campo de concentración en tiempos de guerra más infame del mundo, donde más de 1,1 millones de personas, la mayoría judíos, fueron asesinados (este 30 de abril también marca los 80 años de la muerte de Adolf Hitler, el hombre cuya ideología condujo a la Alemania nazi a cometer esas atrocidades).
Auschwitz se estableció en 1950, cuando los nazis abrieron un nuevo complejo de campos en Oświęcim, en el sur de Polonia, para albergar reclusos. Lo que empezó como una prisión política para ciudadanos polacos evolucionó en una fábrica de muerte para los judíos europeos, y el nombre Auschwitz pronto se volvería sinónimo de genocidio y el Holocausto.
Durante su primer año de operación, poco se sabía de las actividades del campo, hasta que un hombre decidió arriesgar su vida para descubrirlo.
Para los guardias y otros prisioneros, ese hombre era Tomasz Serafiński, preso número 4859, un disidente que casualmente estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero para un pequeño grupo de resistencia clandestina contra la Alemania nazi, su nombre era Witold Pilecki, subteniente del ejército, agente de inteligencia, esposo y padre de dos hijos, y católico.
“Witold Pilecki fue uno de los fundadores de la organización del movimiento de resistencia llamada Ejército Polaco Secreto (TAP por sus siglas en polaco)”, contó el doctor Piotr Setkiewicz, historiador del Museo Conmemorativo de Auschwitz-Birkenau.
“Cuando TAP se enteró del nuevo campo en Auschwitz, empezaron discusiones para enviar a alguien a investigar qué estaba ocurriendo allí. Pilecki aceptó tomar esa misión”.
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“Se debe enfatizar que en esa época nadie en TAP sabía lo que Auschwitz era”, continuó Setkiewicz. “Fue sólo entonces que empezaron a llegar telegramas informando sobre las muertes de las personas deportadas en el primer transporte de Varsovia”.
No obstante, Pilecki necesitaba un plan para infiltrarse. Así que, un día de septiembre de 1940, se las arregló para estar en el apartamento de su cuñada en el vecindario de Żoliborz, en Varsovia, durante una redada y usó la identidad judía de un soldado polaco muerto para garantizar su arresto.
Tres días después, Pilecki cruzó las puertas enrejadas con la inscripción Arbeit Macht Frei, donde permanecería dos años y medio infiltrado en el campamento y enviando evidencia para alertar al mundo de sus actividades, mientras era sometido a trabajos forzados, hambre y al riesgo de muerte como cualquier otro prisionero.
Escribió reportes que fueron sacados del campamento en secreto, incluyendo información sobre las condiciones, torturas y muertes. Al mismo tiempo, inspiró un movimiento clandestino que saboteaba las instalaciones y asesinaba a oficiales de la SS mientras organizaba el ingreso del contrabando de comida y medicina.
Fuera de su cuñada, su familia tenía poca idea de sus actividades militares.
“Teníamos una tenue noción de que papá estaba cumpliendo unas labores importantes, pero ciertamente nosotros, como niños, no sabíamos de qué tipo. Si mamá sabía algo más, no estoy segura, pero supongo que tampoco conocía los detalles del trabajo de papá”, dijo la hija de Pilecki, Zofia Pilecka-Optulowicz.
“Los requerimientos conspirativos implicaban que para la seguridad de tanto papá como de nosotros, entre menos supiéramos, era mejor”.
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En sus reportes, Pilecki describió la realidad de Auschwitz y solicitó que las Fuerzas Aliadas atacaran el campamento.
Aunque los documentos llegaron a manos de algunos altos comandantes, fueron mayormente ignorados porque Polonia no era una prioridad militar. Incluso el día de la liberación final del campo, el Ejército Rojo llegó a percatarse de su existencia sólo por casualidad, después de haber liberado a la vecina ciudad de Cracovia.
Aunque los testimonios de Pilecki no condujeron directamente a la liberación del campo, sí crearon la primera idea general sobre las condiciones allí.
Fue el primero en proveer información de primera mano al mundo sobre las torturas y muertes de los prisioneros tres años antes de que los comandantes aliados reconocieran oficialmente la existencia del campo de concentración.
Pasaron otros dos años después de su escape para que los prisioneros sobrevivientes de Auschwitz fueran rescatados. Para entonces, de una total de casi 1,1 millones de personas internadas en el campo, solo unas 7.000 vieron la libertad.
Pilecki llegó a ser conocido como “el hombre que fue voluntariamente a Auschwitz”, aunque su historia no se difundiría ampliamente durante muchos años. Después de la guerra, Polonia cayó bajo el régimen soviético y Pilecki y su unidad clandestina continuaron luchando por la independencia polaca en el Alzamiento de Varsovia.
Finalmente, fue arrestado, forzado a firmar una confesión como traidor y fue ejecutado en secreto en la cárcel en 1948. Se prohibió mencionar el nombre de Witold Pilecki y los reportes y documentación de sus actividades fueron destruidos o archivados.
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Pilecka-Optulowicz y su hermano Andrej escucharon en la radio los informes del juicio y ejecución de Pilecki y crecieron con gente diciéndoles que su padre fue un traidor y enemigo del Estado.
No fue sino hasta la década de los 1990 que descubrieron que su padre había sido un héroe todo ese tiempo.
Pilecka-Optulowicz tiene recuerdos de su padre como un hombre cariñoso pero rígido. Un hombre de principios que amaba a su familia.
“Recuerdo muy claramente las muchas conversaciones que tuve con mi padre sobre la naturaleza, cómo funciona la cadena de la vida, lo importante que son todas las criaturas en esa cadena”, comentó.
“También me reveló el mundo de una manera amistosa y amorosa y me dijo cómo comportarme en situaciones diferentes… inculcó en nosotros que la puntualidad y la veracidad eran especialmente importantes. He llevado esas lecciones toda mi vida”.
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El comunismo soviético en Polonia llegó a su fin en 1989 y finalmente se pudo contar la verdadera historia de Pilecki. Se publicaron libros al respecto, se nombraron calles en su honor y se enseñó su historia en las escuelas polacas.
Se estableció un Instituto Pilecki para la investigación de la historia política de Polonia y para honrar a todos los que apoyaron a los ciudadanos polacos en tiempos difíciles, y la historia de Pilecki forma parte de las exposiciones en el Museo Conmemorativo de Auschwitz-Birkenau.
Una gira del museo es una emotiva e intensa experiencia; un recuento crudo de la crueldad de que son capaces los seres humanos contra ellos mismos.
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Dorota Kuczyńska ha trabajado como guía y jefa de prensa en el museo durante 27 años y encuentra su responsabilidad tanto un desafío como emocionalmente agotadora. Su labor involucra no sólo guiar y contar historia, sino a veces, conocer y escuchar a los amigos y parientes de los antiguos prisioneros que perdieron a miembros de sus familias en ese lugar.
“Este es un lugar extraordinario, y el tema que abordamos durante las visitas es increíblemente exigente y sombrío”, explicó.
Sin embargo, añadió que tiene muchos momentos gratificantes.
“Ver a la gente joven que no sólo escucha la historia del pasado sino que también se involucra en las discusiones sobre el presente y cómo construir un mundo basado en el respeto, empatía y verdad nos da esperanza en la humanidad y nos motiva a continuar esta labor vital”.

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Cortesía de BBC Noticias
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