Feliz 2026: la Tierra lanzó sus propios fuegos artificiales… y la ESA los captó desde el espacio

La llegada de un nuevo año suele celebrarse con fuegos artificiales, luces brillantes que marcan un momento de alegría colectiva. Pero más allá de los espectáculos pirotécnicos terrestres, existen otros destellos igual de llamativos, aunque mucho menos conocidos: ocurren en lo alto de la atmósfera, lejos del alcance de la vista humana, y solo pueden observarse desde un lugar privilegiado como la órbita terrestre.

Estos fenómenos se conocen como eventos luminosos transitorios (TLEs, por sus siglas en inglés), y han sido documentados por la Agencia Espacial Europea (ESA) gracias a sus cámaras a bordo de la Estación Espacial Internacional. A través de imágenes y vídeos tomados desde más de 400 kilómetros de altitud, la ESA ha logrado captar relámpagos azules, chorros de luz y otros destellos eléctricos que parecen sacados de una celebración cósmica. Este artículo recorre lo que sabemos sobre estos eventos y por qué tienen tanta relevancia científica como belleza visual.

Una tormenta eléctrica vista desde el espacio

La Estación Espacial Internacional (ISS) no solo permite estudiar el espacio exterior, sino también observar fenómenos atmosféricos en la Tierra desde un ángulo privilegiado. En julio de 2025, mientras orbitaba sobre América Central, una cámara a bordo registró un destello eléctrico inusual: una descarga azulada que emergía desde la cima de una tormenta y se elevaba verticalmente hacia la atmósfera superior. El fenómeno fue captado por la astronauta Nichole Ayers y rápidamente se convirtió en una de las imágenes más comentadas del año en medios especializados.

Lo que se observa en esa imagen no es un rayo común. Se trata de un evento luminoso transitorio (TLE, por sus siglas en inglés), un tipo de descarga eléctrica que ocurre en altitudes superiores a las de una tormenta convencional, generalmente entre los 40 y 90 kilómetros sobre la superficie terrestre. En este caso, el destello captado muestra un filamento azulado central acompañado de ramificaciones rojizas, una forma característica de fenómenos como los sprites o los gigantic jets.

Estos eventos, invisibles desde tierra firme, solo pueden registrarse mediante cámaras sensibles instaladas en satélites o plataformas espaciales. La fotografía de Ayers es especialmente valiosa porque muestra el fenómeno en plena acción, con el contraste del cielo nocturno, la curvatura de la Tierra y la débil luminosidad de las ciudades al fondo. Es un ejemplo perfecto de cómo la actividad eléctrica atmosférica puede alcanzar regiones muy por encima de lo que suele considerarse el “clima” terrestre.

Aunque parezca un espectáculo de fuegos artificiales lanzado desde las nubes, lo que estamos viendo es una expresión natural y espontánea de la física atmosférica, que aún está siendo estudiada. El registro desde la ISS ha permitido a los investigadores observar detalles como la intensidad del destello, la estructura ramificada de la descarga y su relación con las tormentas intensas que ocurren en las capas bajas.

Fuente: NASA/N. Ayers

La misión ASIM: un cazador de tormentas en el espacio

Para estudiar mejor estos eventos, la ESA desarrolló un instrumento específico: el ASIM (Atmosphere-Space Interactions Monitor), instalado en el exterior del módulo Columbus de la Estación Espacial Internacional. Este observatorio espacial fue diseñado para detectar y analizar emisiones ópticas, ultravioletas y de rayos X asociadas a tormentas eléctricas, con el objetivo de comprender cómo interactúan las descargas eléctricas con las capas altas de la atmósfera.

Uno de los principales logros de ASIM fue documentado en 2019, cuando registró con detalle la formación de un chorro azul acompañado de una especie de “duende” de color púrpura. Estos datos permitieron estudiar la velocidad, intensidad y estructura del fenómeno, aportando información valiosa sobre procesos eléctricos poco conocidos. Además, demostraron que la electricidad en la atmósfera no solo ocurre en la troposfera, sino que tiene efectos que alcanzan la ionosfera e incluso pueden interactuar con el campo magnético terrestre.

Los datos obtenidos por ASIM no solo sirven para el análisis atmosférico, sino que también se relacionan con la meteorología espacial, un campo que estudia cómo los fenómenos eléctricos terrestres y solares pueden afectar las comunicaciones, los satélites y otros sistemas tecnológicos.

Fuegos artificiales que la Tierra lanza al cosmos

La belleza de estos destellos es indiscutible, pero su estudio también plantea preguntas científicas de fondo. ¿Qué condiciones permiten la formación de un sprite o un chorro azul? ¿Qué papel juega la composición de la atmósfera en su color y forma? ¿Y qué relación tienen estos eventos con los rayos cósmicos o con la carga eléctrica acumulada en tormentas intensas?

Parte del atractivo de estos fenómenos radica en su fugacidad: duran solo fracciones de segundo y, por lo general, no se pueden ver desde tierra. Solo un número limitado de vuelos científicos, cámaras de alta sensibilidad o misiones espaciales como ASIM consiguen captarlos. Esto los convierte en objetos de estudio únicos, que combinan observación visual, modelado físico y análisis de datos en tiempo real.

La ESA ha publicado varios vídeos que muestran estos “fuegos artificiales naturales” en acción. Uno de ellos, grabado en diciembre de 2025, permite ver cómo un destello eléctrico se expande desde una tormenta activa, iluminando la atmósfera con una precisión hipnótica. Estas imágenes no solo sorprenden por su impacto estético, sino que permiten a los científicos medir variables críticas como la velocidad de propagación del rayo o la intensidad de la descarga.

Fuente: ESA

Una forma de mirar el planeta desde otra perspectiva

Más allá de su interés científico, este tipo de fenómenos ofrece una forma diferente de pensar el planeta y sus dinámicas invisibles. Lo que desde la superficie nos parece un cielo oscuro y tranquilo, desde el espacio se revela como un entorno activo, en constante transformación. Los TLEs muestran que hay conexiones eléctricas que recorren las capas altas de la atmósfera y que los procesos climáticos tienen consecuencias mucho más allá de lo que alcanzamos a ver.

En este contexto, la ESA aprovecha estas imágenes para divulgar ciencia de manera visual. A través de infografías, vídeos y publicaciones breves, se explica cómo funcionan estos fenómenos, por qué son importantes y qué tecnología se usa para detectarlos. Una de sus infografías muestra con claridad cómo ASIM está orientado hacia la Tierra para captar las tormentas y cómo sus sensores trabajan en distintos rangos del espectro.

Estas campañas también tienen un valor educativo: ayudan a que más personas comprendan que la ciencia espacial no se limita al estudio de galaxias lejanas, sino que también tiene aplicaciones muy directas en el conocimiento del planeta y de fenómenos tan comunes —y tan enigmáticos— como una tormenta eléctrica.

¿Una felicitación desde la órbita? No exactamente

Aunque el título del artículo de la ESA“Fireworks from space”— pueda parecer un saludo festivo, no se trata de una felicitación oficial de Año Nuevo, ni de una acción institucional planificada con ese fin. La ESA compartió la imagen de nuevo el 30 de diciembre de 2025 a través de su archivo multimedia, pero lo hizo como parte de su labor divulgativa al documentar fenómenos naturales extraordinarios, no como un saludo festivo programado.

Lo que la ESA realmente muestra es un fenómeno natural poco común: una descarga eléctrica en la atmósfera superior captada desde la Estación Espacial Internacional, parte del trabajo continuo de observación del entorno terrestre. La referencia a los “fuegos artificiales” no pretende engañar, sino establecer un paralelismo visual que permite atraer la atención del público hacia un evento científicamente relevante.

Aprovechar el contexto festivo para divulgar ciencia es una estrategia legítima y eficaz: transforma un dato técnico en una imagen que conecta emocionalmente con la audiencia. No hay manipulación del contenido ni simplificación excesiva, solo una forma distinta de presentar lo observado.

En este caso, los fuegos artificiales no fueron lanzados desde plataformas, sino que surgieron de la propia atmósfera terrestre, en forma de luz eléctrica espontánea. Es una manera poética —y científicamente precisa— de cerrar el año con una mirada al cielo, desde un ángulo que muy pocos pueden ver.

Cortesía de Muy Interesante



Dejanos un comentario: