Las heces de un posible mercader castellano en la Brujas medieval revela la presencia de un parásito africano en una letrina del siglo XV

Durante una excavación arqueológica rutinaria en el centro histórico de Brujas, en Bélgica, un descubrimiento casi imperceptible ha reescrito parte de la historia de la salud y los movimientos humanos en la Europa medieval. Un solo huevo de Schistosoma mansoni, un parásito típicamente africano, fue hallado en el interior fosilizado de una letrina utilizada entre los siglos XV y XVI, en el corazón de lo que entonces era uno de los principales centros comerciales de Europa.

El hallazgo, publicado en la revista científica Parasitology, es obra de un equipo de investigadores liderado por Marissa Ledger, del McMaster Ancient DNA Centre de Canadá, en colaboración con arqueólogos de la Universidad de Gante y el Instituto Real Belga de Ciencias Naturales. A primera vista, podría parecer una curiosidad médica. Pero bajo el microscopio, ese diminuto huevo parasitario tiene implicaciones enormes: demuestra que enfermedades propias del África subsahariana llegaron a Europa a través de rutas comerciales y humanas mucho antes de lo que se pensaba.

La letrina en cuestión pertenecía a la Casa de la Nación Española (o Casa de los españoles), un edificio que funcionaba como sede administrativa y social para comerciantes castellanos establecidos en Brujas. Este enclave era parte del tejido multicultural de la ciudad, que en aquella época competía con Venecia y Génova como nodo de comercio internacional. El huevo de Schistosoma hallado en sus capas de sedimento no es simplemente un residuo biológico, es una prueba directa de que una infección tropical viajó miles de kilómetros, muy probablemente dentro del cuerpo de un viajero o comerciante.

Un mundo medieval más global de lo que creemos

Brujas, en el siglo XV, era una ciudad vibrante y cosmopolita, conectada con África, Asia y el Mediterráneo a través de extensas redes mercantiles. Los comerciantes españoles, portugueses e italianos jugaban un papel crucial en estas rutas. Los barcos que traían oro, especias y esclavos desde África también podrían haber sido, sin saberlo, vectores de enfermedades parasitarias. En este caso, Schistosoma mansoni, un parásito transmitido por contacto con agua dulce contaminada, terminó por dejar huella en una ciudad flamenca que jamás formó parte de su hábitat natural.

Lo más sorprendente del hallazgo no es solo el huevo del parásito en sí, sino su contexto histórico. Hasta ahora, solo se había documentado una presencia similar de este parásito en una letrina del siglo XV en Francia. La detección en Brujas, por tanto, representa uno de los pocos testimonios arqueológicos de la movilidad intercontinental de enfermedades en la Europa premoderna.

Grabado de la Casa de la Nación Española, lugar donde se excavó la letrina
Grabado de la Casa de la Nación Española, lugar donde se excavó la letrina, flanqueada a la derecha por antiguos almacenes y a la izquierda por los edificios que pertenecieron al mercader castellano Francisco de la Torre. Ilustración original coloreada a mano, extraída de la Flandria Illustrata de Sanderus (1641). Fuente: Biblioteca de la Universidad de Gante

Además de Schistosoma, los investigadores también identificaron en la letrina restos de parásitos más comunes en Europa como Ascaris (lombriz intestinal), Trichuris (gusano látigo), Taenia (tenia de cerdo o vaca) y distintos tipos de duelas hepáticas. Estos hallazgos hablan no solo de una realidad sanitaria medieval —caracterizada por una higiene precaria y una alimentación con riesgo parasitario— sino también de una sorprendente diversidad biológica para un solo punto de muestra arqueológico.

Comercio, esclavitud y enfermedades: un triángulo invisible

El análisis del sedimento de la letrina ha permitido a los investigadores conectar este hallazgo biológico con uno de los capítulos más oscuros del comercio europeo: el inicio del tráfico esclavista atlántico. A partir de la década de 1440, comerciantes portugueses y españoles comenzaron a importar esclavos africanos a Europa. Algunos de estos esclavos pasaron por ciudades comerciales como Brujas antes de que la trata se dirigiera de forma masiva a América.

No es descabellado pensar que el portador del parásito hallado en Brujas fuera un esclavo africano traído por comerciantes castellanos, o bien un propio mercader infectado durante una travesía por África Occidental o el Nilo. Las rutas del oro y del marfil también eran rutas de intercambio biológico, aunque esto raramente se mencione en los libros de historia.

La presencia del Schistosoma en un contexto tan preciso permite vislumbrar cómo los cuerpos humanos eran, sin saberlo, vehículos de transmisión patológica a través de redes de comercio y dominación. En una época en la que aún no existía la noción moderna de contagio, los parásitos viajaban con la misma eficiencia que los productos exóticos o las ideas religiosas.

Huevo de Schistosoma mansoni recuperado en una letrina medieval de Brujas
Huevo de Schistosoma mansoni recuperado en una letrina medieval de Brujas. Fuente: Marissa Ledger, Universidad McMaster.

Una historia contada por los desechos

Lo que hace que este hallazgo sea tan valioso desde el punto de vista historiográfico es la singular combinación entre arqueología, parasitología e historia social. La letrina no es solo un residuo urbano: es una cápsula del tiempo que ofrece información única sobre alimentación, salud, movilidad y convivencia cultural. En sus capas, los investigadores no solo han encontrado huevos de parásitos, sino también restos de alimentos exóticos como el llamado “grano del paraíso” —una especia africana altamente valorada en la Europa medieval— lo cual refuerza los vínculos comerciales entre ambas regiones.

La historia que emerge de este estudio no es simplemente médica o arqueológica. Es también política y cultural. La Europa del siglo XV no era una región aislada, sino una red de interdependencias en la que las personas, los objetos y los microorganismos circulaban constantemente. Esta realidad obliga a reconsiderar la idea de una Edad Media cerrada sobre sí misma.

El estudio de Ledger y sus colegas no solo aporta datos puntuales sobre una infección. También redefine el valor de los residuos orgánicos como fuente historiográfica. En el contenido de una letrina se almacenan huellas directas de lo que las personas comían, cómo enfermaban, con quién interactuaban y hasta dónde viajaban. Es un tipo de testimonio silencioso que escapa a los documentos oficiales y que nos habla de las capas más invisibles de la historia.

Fotografía del yacimiento arqueológico, con la letrina analizada ubicada en el centro de la imagen
Fotografía del yacimiento arqueológico, con la letrina analizada ubicada en el centro de la imagen. Foto: Flanders Heritage Agency

Este caso, en particular, abre una puerta inesperada para estudiar cómo las migraciones, tanto voluntarias como forzadas, moldearon la salud de las poblaciones europeas mucho antes de la era moderna. También plantea preguntas urgentes sobre cómo las enfermedades emergentes podrían haber cambiado el curso de la historia sin que nadie lo registrara por escrito.

Como señalan los expertos, el huevo de un parásito hallado en una letrina medieval nos recuerda que la historia también se escribe desde lo microscópico, desde aquello que no se ve, pero que viaja con nosotros, vive en nuestros cuerpos y transforma nuestras sociedades.

Referencias

  • Ledger ML, Poulain M, Deforce K. Paleoparasitological analysis of a 15th–16th c. CE latrine from the merchant quarter of Bruges, Belgium: Evidence for local and exotic parasite infections. Parasitology. 2024;151(11):1281-1289. doi:10.1017/S0031182024001100

Cortesía de Muy Interesante



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