En México las mujeres siguen cobrando menos que los hombres. Hacen el mismo trabajo, pero ganan 16% menos

En México, las mujeres ganan en promedio 16% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. El dato no es una percepción, es una medición respaldada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), que desde hace años documenta cómo la desigualdad salarial sigue incrustada en el mercado laboral formal.

La brecha no solo habla de sueldos más bajos, sino de un sistema que, incluso cuando las responsabilidades y funciones son equivalentes, asigna menor valor económico al trabajo de las mujeres. Es una diferencia que se traduce en menos ahorro, menor independencia financiera y mayores obstáculos para el desarrollo profesional a largo plazo.

La desigualdad no termina en el salario

El problema va más allá del ingreso mensual. Según datos retomados por el IMCO y citados en el análisis reciente sobre género y empresas, solo 37 de cada 100 puestos directivos en México están ocupados por mujeres. Es decir, incluso antes de discutir cuánto ganan, muchas ni siquiera llegan a los espacios donde se toman las decisiones estratégicas.

El propio IMCO advierte que, de mantenerse la tendencia actual, la paridad en los consejos de administración no se alcanzaría sino hasta 2043. Hoy, las mujeres ocupan apenas 14% de los asientos en estos órganos, un avance mínimo que refleja lo lento del cambio estructural. En las direcciones generales el panorama es todavía más crítico: solo 3% de estos cargos están en manos de mujeres, una cifra que prácticamente no se ha movido en los últimos años.

El trabajo que no se paga, pero sostiene todo

A esta brecha salarial se suma una desigualdad menos visible, pero igual de determinante: el trabajo no remunerado. Según datos del Inegi retomados en el debate público, las mujeres mexicanas dedican cerca de 40 horas semanales a labores domésticas y de cuidado, mientras que los hombres destinan alrededor de 15. Son 25 horas de diferencia que no aparecen en ninguna nómina, pero que reducen el tiempo disponible para capacitación, ascensos o incluso descanso.

Este desequilibrio explica, en parte, por qué muchas trayectorias profesionales femeninas se ven interrumpidas o ralentizadas. No se trata de falta de talento o ambición, sino de una carga estructural que sigue recayendo de forma desproporcionada en ellas.

Violencia, precariedad y desigualdad: un mismo sistema

Según un reporte de El Universal, la desigualdad económica no puede analizarse de forma aislada. En México, en promedio, 11 mujeres son asesinadas cada día, una expresión extrema de la violencia estructural que también limita el acceso a empleos dignos, seguridad social y servicios de salud.

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El artículo plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿de qué sirve hablar de prosperidad individual cuando la mitad de la población enfrenta condiciones sistemáticamente desiguales para vivir y trabajar? La brecha salarial es solo una de las caras de un problema mucho más amplio que atraviesa el cuerpo, la libertad y la seguridad de las mujeres. 

La Agenda 2030 de la ONU marca la igualdad de género como un objetivo central, pero los datos muestran que México avanza a un ritmo insuficiente.

Cortesía de Xataka



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