En algunos dibujos antiguos no solo puede esconderse el trazo de un maestro, sino también las huellas biológicas de quien lo tocó. Eso es lo que un grupo internacional de científicos ha comenzado a explorar: la posibilidad de extraer ADN humano de obras de arte del Renacimiento. En el centro de esta investigación se encuentra un pequeño boceto en tiza roja, atribuido a Leonardo da Vinci y conocido como Holy Child. El estudio, aún en fase preliminar, sostiene que esta obra podría contener rastros genéticos compatibles con el linaje paterno del célebre artista italiano.
La investigación, publicada en enero de 2026 como preprint en bioRxiv, combina técnicas de secuenciación genética de última generación con métodos de muestreo no invasivo para recuperar lo que los autores denominan “firmas biológicas de la historia”. Entre los hallazgos más relevantes se encuentra la detección de marcadores del cromosoma Y en el dibujo y en una carta del siglo XV escrita por un antepasado de Leonardo. Ambos comparten elementos genéticos que los investigadores asocian con una misma línea ancestral, posiblemente la familia da Vinci.
Un enfoque innovador para rastrear el pasado
Uno de los mayores retos al trabajar con objetos patrimoniales es la necesidad de conservarlos intactos. Las técnicas tradicionales para obtener ADN —como la perforación o el raspado— son impensables en materiales tan valiosos y frágiles como un dibujo del Renacimiento. Por eso, los autores del estudio desarrollaron un protocolo de muestreo basado en el uso de doble hisopado (húmedo/seco o seco/seco), que permite recolectar trazas de material genético sin dañar la superficie.
Este enfoque fue aplicado a una selección de obras: el dibujo Holy Child, varias cartas firmadas por Frosino di Ser Giovanni da Vinci (pariente de Leonardo), y otras obras de época creadas por artistas como Filippino Lippi, Andrea Sacchi y Charles J. Flipart. En palabras del estudio, el objetivo era “describir el material biológico multidominio detectable en estos objetos culturales bajo un protocolo estandarizado de bajo impacto”.
Tras el muestreo, los investigadores llevaron a cabo una secuenciación de metagenoma completo sin eliminar el ADN humano, lo cual permitió detectar mezclas de material genético bacteriano, fúngico, vegetal, animal y humano. Este enfoque les permitió establecer perfiles biológicos únicos para cada objeto y evaluar el grado de contaminación moderna o ambiental.

¿Qué se encontró en el dibujo atribuido a Leonardo?
El Holy Child fue el único de los objetos analizados que arrojó ADN humano detectable y potencialmente significativo. En tres hisopos distintos tomados del dibujo (parte frontal, borde y reverso), se identificaron marcadores específicos del cromosoma Y. Estos marcadores corresponden a distintas ramas del haplogrupo E1b1b, un linaje genético que es común en regiones del Mediterráneo y, de forma más localizada, en Toscana, la región natal de Leonardo da Vinci .
Más aún, la carta escrita por Frosino —el antepasado de Leonardo— mostró una coincidencia con la rama E1b1, lo que refuerza la posibilidad de un vínculo familiar entre el dibujo y el artista. En el caso del Holy Child, se identificaron incluso subgrupos más precisos como E1b1b-CTS9049, E1b1b-CTS8033 y E1b1b1b1a1-M5110, todos ellos dentro del mismo macrogrupo.
En el estudio se advierte que “la detección repetida de linajes de clase E1b1/E1b1b en múltiples muestras asociadas a Leonardo es compatible con una señal compartida del cromosoma Y”. Sin embargo, los propios autores insisten en que estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que también se detectaron contribuciones genéticas modernas en las muestras, probablemente de manipuladores recientes.
Las limitaciones del ADN en obras históricas
Uno de los aspectos más destacados del estudio es su enfoque conservador ante la interpretación de los resultados. A pesar de la emoción que puede generar la posibilidad de haber encontrado ADN de Leonardo da Vinci, los científicos recuerdan que la mayoría del ADN presente en obras de arte es extremadamente fragmentado, escaso y fácilmente contaminable. De hecho, las pruebas de marcadores de ADN del cromosoma Y solo pudieron realizarse en cinco de las 16 muestras recolectadas, debido a la baja cantidad de ADN recuperado.
Además, algunos controles utilizados en el experimento también mostraron haplogrupos similares, lo que complica aún más las conclusiones. Uno de los investigadores subraya que “los perfiles recuperados son compuestos por defecto y muy susceptibles a contribuciones modernas”.
Por este motivo, el estudio no afirma de forma concluyente que el ADN encontrado pertenezca a Leonardo, sino que establece una hipótesis viable que requerirá nuevas pruebas y materiales de comparación para ser confirmada. Una línea prometedora sería analizar otras obras del artista que hayan sido manipuladas exclusivamente por él, como algunos cuadernos personales que contienen huellas dactilares.
El Niño Santo: un dibujo envuelto en debate
El dibujo en tiza roja conocido como Holy Child —o El Niño Santo— es el corazón visual del estudio, pero también su mayor fuente de incertidumbre. Atribuido a Leonardo da Vinci por el historiador de arte Fred R. Kline, fue presentado al público en 2016 como una obra temprana del genio florentino, posiblemente realizada entre 1472 y 1476. Kline defendió su hipótesis basándose en criterios estilísticos, materiales y de técnica, argumentando que el trazo y la composición guardaban fuertes similitudes con otros bocetos juveniles de Leonardo. Sin embargo, la autoría del dibujo sigue siendo ampliamente cuestionada por la comunidad académica.
A diferencia de obras canónicas como el Hombre de Vitruvio o los estudios anatómicos conservados en el Codex Atlanticus, El Niño Santo no aparece en ninguno de los cuadernos, manuscritos ni inventarios conocidos de Leonardo. Tampoco ha sido incluido en catálogos razonados de referencia, como los elaborados por Carlo Pedretti o Martin Kemp. El dibujo forma parte de una colección privada y no ha sido sometido a un proceso formal de autenticación por parte de museos o instituciones especializadas en arte renacentista. Esta ausencia de validación institucional ha llevado a que muchos expertos consideren que podría tratarse de una obra de un estudiante de Leonardo, o de un artista contemporáneo influenciado por su estilo.
Esta ambigüedad tiene consecuencias directas para la interpretación de los resultados del estudio genético. Aunque el ADN recuperado del dibujo coincide en parte con el de un familiar documentado de Leonardo, si la autoría del Holy Child no puede confirmarse, también resulta imposible afirmar con certeza que ese material genético provenga del propio artista. Los investigadores son conscientes de esta limitación, y por ello subrayan que sus hallazgos no constituyen una prueba definitiva, sino una vía prometedora de investigación que debe contrastarse con otras fuentes, como cuadernos de trabajo, obras más claramente atribuibles o incluso restos biológicos preservados en cartas o mechones de cabello.

Más allá del artista: lo que revelan los microbios y las plantas
Además del ADN humano, los análisis revelaron una sorprendente variedad de material genético no humano en los objetos estudiados. Se identificaron bacterias asociadas a la piel humana, como Cutibacterium acnes, hongos como Malassezia, y trazas de plantas como pino (Pinus), maíz (Zea mays), melón (Cucumis melo) y cítricos (Citrus sinensis).
En particular, la presencia de ADN de cítricos en el dibujo Holy Child es llamativa, ya que este tipo de plantas estaban estrechamente relacionadas con la familia Medici, mecenas de Leonardo da Vinci. Como explican los autores, “los cítricos eran vistos como símbolos de riqueza dinástica, conectividad global y curiosidad científica”. Aunque estos datos no prueban un vínculo directo, sí ayudan a contextualizar el entorno histórico y material en que estas obras circularon.
Asimismo, la detección de hongos comunes en superficies antiguas permite evaluar el estado de conservación de las obras y anticipar posibles riesgos de deterioro. La técnica también podría servir para autenticar piezas cuya autoría es discutida, al comparar sus perfiles biológicos con los de obras confirmadas.
Un primer paso hacia una arqueogenética del arte
Este estudio representa un hito en la integración de la genética con la historia del arte. La posibilidad de rastrear linajes a través del ADN conservado en obras antiguas abre un campo completamente nuevo para la conservación, la autenticación y la comprensión del patrimonio. Sin embargo, también pone de manifiesto las limitaciones técnicas y éticas que implica trabajar con materiales tan sensibles.
Los investigadores son claros al respecto: “el principal límite de este estudio es que la metagenómica de baja biomasa obtenida por hisopado es extremadamente sensible a la contaminación”. Para avanzar en esta línea de investigación, será necesario contar con más muestras, mejores controles y, si es posible, acceso a restos genéticos de familiares confirmados de Leonardo.
Mientras tanto, los resultados obtenidos con el Holy Child y la carta de Frosino marcan una hoja de ruta clara. De confirmarse en futuras investigaciones, podríamos estar cada vez más cerca de trazar el perfil genético de una de las figuras más enigmáticas de la historia europea.
Referencias
- Harinder Singh, Seesandra V. Rajagopala, Rebecca Hart, Pille Hallast, Mark Loftus, et al. Biological signatures of history: Examination of composite biomes and Y chromosome analysis from da Vinci-associated cultural artifacts. bioRxiv. https://doi.org/10.64898/2026.01.06.697880.
Cortesía de Muy Interesante
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