Un estudio confirma que la expansión romana en Britania produjo graves problemas de salud en la población local

Iniciada en el año 43 d.C., la conquista romana de Britania suele asociarse con un relato histórico dominado por los procesos de urbanización, la integración económica y la transformación cultural. Sin embargo, los análisis bioarqueológicos recientes han permitido matizar esta imagen al poner el foco en los efectos biológicos que tuvo ese cambio histórico. De hecho, la ocupación romana no solo transformó el paisaje político y social, sino que también alteró profundamente las condiciones de salud de la población local. A partir del estudio sistemático de restos óseos procedentes de contextos prerromanos y romanos, la arqueóloga Rebecca Pitt ha podido evaluar cómo la vida bajo el dominio imperial influyó de forma negativa en el bienestar de madres e hijos durante generaciones.

El trabajo, publicado en la revista Antiquity, se apoya en el marco teórico de los llamados orígenes desarrollistas de la salud y la enfermedad, una perspectiva que subraya la importancia de las primeras etapas de la vida en la configuración de la salud futura. Gracias a este enfoque, los esqueletos de niños y mujeres se convierten en testigos directos del impacto que tuvieron la urbanización, la desigualdad social y la presión económica asociadas al dominio romano en Britania.

Área de estudio. Fuente: Pitt 2025

Del mundo de la Edad del Hierro al orden romano

Antes de la conquista, las comunidades de la Edad del Hierro de Britania presentaban distintas formas de organización en función de las características regionales. La evidencia arqueológica sugiere que las comunidades recurrían a sistemas productivos adaptados al entorno local y mantenían tradiciones culturales relativamente estables. La llegada del poder romano introdujo una administración centralizada que modificó el acceso a los recursos y acentuó las diferencias sociales, sobre todo entre los núcleos urbanos emergentes y las zonas rurales.

Tal proceso no fue homogéneo. Mientras que algunas áreas conservaron prácticas previas, otras se integraron con rapidez en las redes administrativas romanas. La creación de ciudades, el establecimiento de infraestructuras y la concentración de la población generaron nuevas presiones ambientales y sanitarias. Estas transformaciones estructurales son clave para comprender por qué la salud de ciertos sectores de la población se deterioró de forma notable tras la conquista.

Britania romana
Yacimientos que han proporcionado restos óseos útiles para el análisis. Fuente: Pitt 2025

Un enfoque innovador: el estado de salud ya comienza antes de nacer

El estudio adopta la hipótesis de los orígenes desarrollistas de la salud y la enfermedad, que sostiene que las condiciones experimentadas durante los primeros mil días de vida —desde la gestación hasta aproximadamente los dos años— tienen efectos duraderos en el organismo. El estrés nutricional, las infecciones y las carencias durante este periodo crítico dejan huellas que pueden detectarse en el esqueleto, incluso siglos después.

Desde esta perspectiva, la salud infantil no puede analizarse de forma aislada, sino en relación directa con el bienestar de las madres. Las condiciones de vida de las mujeres en edad reproductiva influyen en el desarrollo fetal y en la supervivencia temprana. Todo ello permite evaluar el impacto intergeneracional de los cambios sociales introducidos por la dominación romana.

Marcas de estrés en huesos
Restos óseos. Fuente: Pitt 2025

La muestra arqueológica: comparando épocas y entornos

Para evaluar estos procesos, se analizaron más de seiscientos individuos procedentes de yacimientos de la Edad del Hierro y del periodo romano en Inglaterra. La muestra incluyó tanto niños muy pequeños como mujeres adultas en edad fértil, procedentes de contextos rurales y urbanos. Gracias a esta comparación, se identificaron diferencias claras entre las comunidades anteriores a la conquista y las que vivieron bajo administración romana, así como entre las poblaciones del campo y las de la ciudad. El análisis se centró en marcadores óseos de estrés, infecciones y enfermedades metabólicas, que dejan señales visibles en los dientes y los huesos.

Infancia bajo el dominio romano: más enfermedad y peor crecimiento

Los resultados de los análisis muestran un aumento significativo de las alteraciones patológicas en los niños del periodo romano respecto a la población infantil de la Edad del Hierro. Las tasas más elevadas se concentran en los entornos urbanos, donde la densidad de población, la contaminación y la escasez relativa de recursos agravaron los riesgos sanitarios.

Entre los indicadores más frecuentes, se encuentran las infecciones óseas, los defectos del esmalte dental y las señales de enfermedades metabólicas relacionadas con carencias nutricionales. Además, muchos niños de la Britania romana presentan signos de crecimiento deficiente, lo que sugiere episodios prolongados de estrés tras el nacimiento, quizás vinculados al destete y a la pérdida de la protección materna.

Restos óseos de individuos femeninos en Britania
Patologías en los restos óseos de individuos femeninos. Fuente: Pitt 2025

Mujeres y maternidad: el coste oculto de la vida urbana

El análisis de los restos óseos de mujeres adultas refuerza esta imagen de deterioro sanitario. Aunque las patologías dentales son comunes en todos los periodos, las mujeres que vivieron en las ciudades romanas muestran trazas de patologías claramente superiores, sobre todo en lo relativo a los trastornos metabólicos y las afecciones respiratorias.

Estos datos apuntan a condiciones de vida más duras en los centros urbanos, caracterizados por el hacinamiento y la exposición a contaminantes. La salud de las madres, por tanto, tuvo un impacto negativo en la siguiente generación y reforzó un ciclo de vulnerabilidad biológica que se perpetuó durante siglos.

Madre con hijos
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Urbanización, contaminación y desigualdad: cuando la conquista deja huella en los cuerpos

Uno de los factores destacados para explicar este deterioro procede del entorno urbano romano. El uso intensivo de materiales como el plomo en los sistemas de canalización de agua y los objetos cotidianos expuso a la población a sustancias tóxicas. La contaminación ambiental se sumó a una dieta poco variada y a una mayor circulación de enfermedades, que crearon un contexto especialmente adverso para los grupos más vulnerables.

En contraste, las comunidades rurales parecen haber mantenido en mayor medida las prácticas tradicionales de subsistencia. Sus indicadores de salud se asemejan más a los de la Edad del Hierro que a los de las ciudades romanas.

Los resultados del estudio, por tanto, cuestionan la idea de un proceso de romanización uniforme y beneficioso. La experiencia de la conquista fue profundamente desigual y sus consecuencias biológicas variaron según el grado de integración de las comunidades en el sistema imperial. Mientras que las élites urbanas dejaron su huella en el registro arqueológico a través de obras arquitectónicas monumentales, los esqueletos revelan la otra cara del proceso: la de comunidades sometidas a nuevas presiones que comprometieron su salud a largo plazo.

Patologías en los restos óseos de individuos no adultos de Britania
Patologías en los restos óseos de individuos no adultos. Fuente: Pitt 2025

El legado biológico de la conquista

El análisis de los restos humanos confirma que la expansión romana en Britania tuvo un impacto negativo sostenido en la salud de amplios sectores de la población. El aumento del estrés, las infecciones y las carencias nutricionales, especialmente en entornos urbanos, demuestra que el dominio romano tuvo un alto coste biológico que se transmitió de madres a hijos durante generaciones.

Referencias

  • Pitt, R. 2025. “Assessing the impact of Roman occupation on England through the Developmental Origins of Health and Disease (DOHaD) hypothesis”. Antiquity, 99: 1-18. DOI: https://doi.org/10.15184/aqy.2025.10263

Cortesía de Muy Interesante



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