Un hallazgo podría resolver uno de los grandes enigmas de la evolución: encuentran en Marruecos al homínido que vivió cuando se dividió el linaje humano

A las afueras de Casablanca, entre antiguas dunas fosilizadas y sedimentos marinos que fueron moldeados por el viento y el tiempo, un hallazgo paleontológico está reescribiendo una de las páginas más complejas y debatidas de la evolución humana. Se trata de un conjunto de fósiles humanos —incluyendo mandíbulas, dientes, vértebras y un fragmento de fémur— hallados en una cueva llamada Grotte à Hominidés, situada dentro de la cantera Thomas I, que han sido fechados con sorprendente precisión en 773.000 años.

Aunque los restos fueron excavados entre 1994 y 2015, no ha sido hasta ahora que su importancia ha quedado clara. Gracias a un exhaustivo análisis magnetoestratigráfico —una técnica que estudia cómo los minerales magnéticos en las rocas registran los cambios en el campo magnético terrestre—, los científicos pudieron datar los fósiles en un momento clave de la historia del planeta: el cambio de polaridad conocido como la inversión Brunhes-Matuyama, ocurrida hace aproximadamente 780.000 años.

Pero más allá de la cronología, lo que hace especial este hallazgo es lo que revela sobre quiénes éramos en esa época. Los restos pertenecen a un grupo de homínidos que no encajan del todo en ninguna especie conocida. Presentan una combinación única de rasgos arcaicos —típicos del Homo erectus— y características más modernas, que los aproximan tanto a los neandertales como a los Homo sapiens. Esta mezcla de morfología primitiva y derivada, en una época tan temprana, sugiere que el linaje que daría origen a nuestra especie ya estaba presente en África en ese remoto periodo.

Entre el Homo erectus y el Homo sapiens: una especie en transición

Las mandíbulas halladas en la cantera son, sin duda, la joya del conjunto. Una de ellas, sorprendentemente grácil para su antigüedad, contrasta con la robustez típica de los fósiles de hace más de medio millón de años. Sus características dentales son especialmente reveladoras: muestran una reducción del tercer molar —un rasgo considerado más moderno— y un patrón en el tamaño de los dientes que recuerda al de los primeros Homo sapiens y Neandertales. Sin embargo, la forma general de la mandíbula mantiene elementos que la emparentan con formas anteriores como el Homo erectus.

Estas contradicciones anatómicas han llevado a los investigadores a proponer que estos homínidos pertenecen a una población africana intermedia, descendiente de Homo erectus pero que ya había comenzado a divergir hacia lo que más tarde serían las ramas del Homo sapiens, Neandertales y Denisovanos. En otras palabras, estamos ante una forma basal del linaje humano moderno, situada justo en el momento en que nuestros ancestros empezaban a bifurcarse.

Este punto de inflexión evolutivo es uno de los periodos menos documentados del registro fósil humano. Hasta ahora, los únicos restos con una antigüedad comparable eran los de Homo antecessor, encontrados en Atapuerca (España), datados entre 950.000 y 770.000 años. Su morfología también es mixta, pero los fósiles marroquíes muestran diferencias claras, tanto en los rasgos mandibulares como dentales, que apuntan a caminos evolutivos separados en Europa y África.

Un pequeño conjunto de fósiles, entre ellos una mandíbula, descubierto en una cueva de Casablanca (Marruecos), ha revelado la existencia de un grupo humano arcaico hasta ahora desconocido que está desafiando lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes
Un pequeño conjunto de fósiles, entre ellos una mandíbula, descubierto en una cueva de Casablanca (Marruecos), ha revelado la existencia de un grupo humano arcaico hasta ahora desconocido que está desafiando lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes. Foto: Hamza Mehimdate/Programme Préhistoire de Casablanca

El norte de África, epicentro olvidado de la evolución humana

Durante mucho tiempo, el norte de África ha sido una región secundaria en los grandes relatos sobre los orígenes humanos. Las miradas se han dirigido preferentemente hacia el este de África o hacia Europa, donde el registro fósil es más abundante. Sin embargo, este hallazgo en Casablanca, sumado al ya conocido y sorprendente yacimiento de Jebel Irhoud —donde se descubrieron fósiles de Homo sapiens de unos 300.000 años de antigüedad—, confirma que el Magreb fue una zona clave en la evolución del género Homo.

De hecho, los fósiles de Thomas Quarry no sólo son valiosos por su antigüedad, sino también por su contexto. Se encontraron en una capa sedimentaria sin alteraciones posteriores, junto a herramientas líticas achelenses y restos de fauna como hienas, antílopes o babuinos extintos. Esta asociación directa con el entorno permite reconstruir con detalle cómo era la vida en el norte de África hace casi 800.000 años.

La zona, entonces, era un mosaico de sabanas abiertas, con abundante fauna y recursos naturales. El registro fósil muestra que los homínidos compartían el espacio con grandes carnívoros, y que incluso podían ser presa de ellos, como lo demuestra el fragmento de fémur encontrado con marcas de dientes, probablemente de una hiena.

Este individuo vivió en el momento en que el linaje humano comenzó a separarse del de los neandertales y denisovanos
Este individuo vivió en el momento en que el linaje humano comenzó a separarse del de los neandertales y denisovanos. Foto: J.P. Raynal/Programme Préhistoire de Casablanca

¿Un ancestro directo o un pariente extinto?

Una de las grandes preguntas que surge tras el análisis de estos fósiles es si estos homínidos fueron antepasados directos del Homo sapiens o si pertenecen a una rama lateral que acabó desapareciendo. Los investigadores prefieren mantener la cautela. Lo que está claro es que representan una forma muy próxima al último ancestro común entre los humanos modernos y sus parientes extintos, los Neandertales y Denisovanos.

Ese ancestro compartido, según los modelos genéticos actuales, habría vivido entre 765.000 y 550.000 años atrás. Los fósiles de Casablanca encajan perfectamente en esa ventana temporal. Aunque no se les ha asignado un nombre formal de especie, sus características los sitúan en una posición clave dentro del árbol genealógico humano. Son, quizá, el mejor candidato conocido hasta ahora para representar ese punto de bifurcación.

El descubrimiento es también un recordatorio de que la evolución humana no fue una línea recta ni un proceso uniforme. Durante cientos de miles de años coexistieron múltiples poblaciones humanas con diferentes grados de parentesco, algunas de las cuales pudieron haberse cruzado entre sí, compartiendo genes, cultura y territorio.

Esta mandíbula perteneciente a un homínido muy antiguo, hallada en la cantera Thomas de Marruecos, tiene una antigüedad cercana a los 773.000 años
Esta mandíbula perteneciente a un homínido muy antiguo, hallada en la cantera Thomas de Marruecos, tiene una antigüedad cercana a los 773.000 años. Foto: Hamza Mehimdate/Programme Préhistoire de Casablanca

Un fósil, muchas historias

Más allá de la ciencia, hay algo profundamente humano en mirar una mandíbula de hace 773.000 años y pensar que perteneció a alguien. Alguien que caminó por las mismas tierras que hoy pisamos, que vivió, cazó, tal vez rió, temió, y finalmente murió. Alguien cuya existencia ha permanecido oculta bajo la tierra durante casi un millón de años, esperando ser descubierto.

Este hallazgo no sólo completa un vacío en nuestro conocimiento evolutivo, sino que también nos recuerda lo frágil y a la vez resistente que es nuestra historia. Una historia escrita en huesos, enterrada bajo capas de arena y tiempo, y que ahora, poco a poco, volvemos a leer.

Referencias

  • Hublin, JJ., Lefèvre, D., Perini, S. et al. Early hominins from Morocco basal to the Homo sapiens lineage. Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-025-09914-y

Cortesía de Muy Interesante



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