Hallan en Siberia a una chamana momificada del siglo XVIII con un ADN que desconcierta a los científicos

Los restos momificados de una mujer enterrada hace más de 250 años en el frío suelo de Siberia han sorprendido a la comunidad científica. No solo por su excelente estado de conservación ni por los objetos rituales que la acompañaban, sino por lo que reveló su ADN: sus padres eran parientes cercanos. Este descubrimiento no es un simple dato genético. Se trata de una pieza clave para comprender las prácticas sociales, espirituales y biológicas de uno de los pueblos indígenas que habitó el noreste asiático en una etapa de profunda transformación cultural.

El hallazgo forma parte de un ambicioso estudio publicado en Nature, que analizó el ADN antiguo y el microbioma de 122 individuos de origen yakuto, enterrados entre los siglos XV y XIX en la región de Yakutia, al noreste de Siberia. Este trabajo, resultado de más de 15 años de excavaciones y colaboración entre arqueólogos franceses y científicos rusos, permite reconstruir la historia de una comunidad que resistió la colonización rusa sin perder su identidad genética ni espiritual. Entre todos los cuerpos analizados, uno en particular destaca por su singularidad: una mujer conocida como UsSergue1, considerada la última chamana tradicional de su pueblo.

Una momia, un misterio genético

Enterrada en un ataúd de tronco de árbol, UsSergue1 fue hallada en la región central de Yakutia, envuelta en varias capas de ropa tradicional y acompañada por objetos rituales propios de las chamanas de su cultura, como un cinturón nupcial o “bride’s belt”, piezas bordadas y un sombrero típico yakuto. Junto a su tumba se encontraron también restos de tres caballos sacrificados, uno de ellos con ornamentos que imitaban los diseños de su vestido.

Lo que hizo único este caso no fueron solo los elementos simbólicos de su sepultura, sino su carga genética. Según los autores del estudio, esta mujer fue “la persona más consanguínea de toda la muestra” y su ADN mostró que “era hija de parientes de segundo grado”, lo que implica una relación entre medio hermanos, tío y sobrina, o abuelos y nieta. El hallazgo desconcertó a los investigadores, ya que entre los demás enterramientos vinculados al chamanismo no se detectaron niveles similares de endogamia.

Este nivel de parentesco no parece haber sido un requisito para ejercer como chamán, y tampoco se puede afirmar con certeza si esta unión fue inusual o socialmente aceptada en su época. Pero su linaje sí resulta revelador: era descendiente directa de los líderes más poderosos del siglo XVII, pertenecientes al clan Bozekov. En palabras del artículo, “fue enterrada en una de las tumbas más ricas identificadas y descendía del clan más poderoso documentado”.

Objetos rituales y personales hallados en la tumba de la chamana UsSergue1. Fuente: Nature

ADN antiguo frente a la conquista

El análisis de los restos de UsSergue1 se integra dentro de un conjunto más amplio de investigaciones genéticas realizadas sobre los yakutos, el grupo indígena más numeroso de Yakutia. En un contexto de conquista colonial, lo habitual es observar procesos de mestizaje, declive demográfico o sustitución poblacional. Sin embargo, los resultados de este estudio mostraron lo contrario: una sorprendente estabilidad genética a lo largo de cuatro siglos.

A pesar de la colonización rusa, que comenzó oficialmente en 1632, la llegada de comerciantes, evangelizadores y nuevas enfermedades no alteró de forma significativa el genoma yakuto. Según el estudio, “la herencia genética de los yakutos se ha mantenido estable desde el siglo XVI hasta la actualidad”. Las simulaciones y modelos de mezcla genética no encontraron evidencia de sustitución demográfica ni de una integración profunda con los colonos rusos.

Esta estabilidad genética fue posible, en parte, por las extremas condiciones climáticas de la región. El frío extremo, con temperaturas invernales inferiores a -60 ºC, y la dificultad para establecer cultivos o asentamientos permanentes hicieron inviable una colonización masiva. En lugar de una conquista por reemplazo, hubo una especie de “asociación forzada”, donde los rusos dependieron de las estructuras locales para acceder a los recursos, como el comercio de pieles.

Análisis genético de una cepa de viruela hallada en un cuerpo del siglo XVIII. Fuente: Nature

Un linaje firme en la espiritualidad

El caso de UsSergue1 también pone en evidencia cómo los yakutos conservaron prácticas culturales tradicionales incluso durante la expansión del cristianismo ortodoxo. La pervivencia del chamanismo, especialmente entre los clanes más poderosos, funcionó como un símbolo de resistencia cultural.

La mujer fue enterrada a finales del siglo XVIII, una época en la que las campañas de conversión religiosa ya se habían intensificado. Sin embargo, su ajuar funerario no mostraba elementos cristianos. Por el contrario, contenía objetos con fuerte carga simbólica vinculados al mundo espiritual indígena, como ornamentos en forma de disco solar y recipientes para leche fermentada de yegua, utilizada en ceremonias.

En este contexto, los autores interpretan que UsSergue1 “representaba un intento de su clan por preservar las tradiciones espirituales” frente al avance de las nuevas creencias impuestas desde el exterior. Su tumba, ricamente equipada y cuidadosamente dispuesta, sugiere una figura de autoridad y respeto, posiblemente vista como una depositaria de conocimientos ancestrales.

Vida cotidiana bajo el permafrost

El excelente estado de conservación de los cuerpos permitió no solo recuperar su ADN, sino también analizar restos de placa dental y tejido blando. Gracias a esto, los científicos pudieron estudiar el microbioma oral de 74 individuos, es decir, el conjunto de microorganismos que vivían en sus bocas. Este análisis ofrece una ventana poco común para explorar la dieta, la salud y la influencia cultural en la vida cotidiana.

Se esperaba que el contacto con los rusos, junto con la introducción de nuevos alimentos como el centeno, la cebada y el tabaco, provocara cambios en el microbioma. Sin embargo, la composición bacteriana se mantuvo estable a lo largo del tiempo, incluso tras la incorporación de estos productos. Esto sugiere que las transformaciones en la dieta fueron graduales o que los hábitos alimentarios tradicionales se mantuvieron firmes en la mayoría de la población.

Por otro lado, también se detectaron rastros genéticos de viruela en tres individuos, lo que confirma el impacto de las epidemias introducidas por los europeos. Una de esas cepas de viruela resultó ser distinta a las documentadas en otras regiones de Europa, lo que añade un elemento más al estudio de las enfermedades en el periodo colonial.

Herencia, territorio y vínculos familiares

Los investigadores también analizaron las relaciones de parentesco entre los enterrados. Identificaron más de 60 casos de personas emparentadas genéticamente hasta el tercer grado, muchas de ellas sepultadas a pocos metros de distancia. Esto respalda las fuentes históricas que describen una sociedad estructurada en clanes patrilineales y patrilocales, donde las familias solían vivir y morir en el mismo territorio.

El análisis mostró una fuerte conexión genética entre individuos de la misma región, pero escasa relación entre distintas zonas, lo que indica una exogamia limitada a nivel regional. En otras palabras, los matrimonios y contactos entre clanes ocurrían dentro de un mismo territorio, manteniendo una identidad local fuerte y persistente a lo largo de los siglos.

Incluso en momentos de cambio político o económico, como el auge del comercio de pieles o la llegada de misioneros, estas estructuras familiares y sociales permanecieron como pilares de cohesión comunitaria.

Lo que nos revela el hielo

El cuerpo de UsSergue1, enterrado entre caballos y ornamentos chamánicos, es algo más que una curiosidad arqueológica. Es el reflejo de una sociedad que encontró formas de adaptarse, resistir y mantener su identidadfrente a una potencia imperial. Su ADN no solo cuenta una historia de parentesco inusual, sino que también simboliza un modo de vida que desafió los procesos coloniales más comunes.

Este estudio no solo ofrece un retrato detallado de una mujer excepcional, sino que también plantea nuevas preguntas sobre cómo las poblaciones indígenas han negociado su permanencia en contextos de opresión o transformación.A través del análisis genético y cultural, se reconstruye una historia profunda de pertenencia, linaje, fe y memoria, conservada durante siglos por el hielo del Ártico.

Referencias

Cortesía de Muy Interesante



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