
A fines de marzo del año pasado que el gobernador Pablo Lemus anunció una inversión de 6 mil 377 millones de pesos para modernizar el sistema de videovigilancia C5 y evolucionarlo a un C5i (por las cinco C’s que tenía el pomposo nombre oficial de “Centro de Coordinación, Comando, Control, Comunicaciones y Cómputo del Estado de Jalisco, y el renovado que pasaba a ser C5i, por la prometida incorporación de avances propios de la inteligencia artificial), me pregunté aquí si por fin, esa nueva inversión acabaría con las fallidas historias de ese muy débil “Escudo Urbano”, como se le llama desde que se echó a andar en tiempos del finado gobernador Aristóteles Sandoval.
No sé cuánto ha invertido hasta ahora el gobierno lemusista, pero lo que quedó claro para todo Jalisco, es que, como en otros momentos críticos de riesgo para la población, causados por episodios de violencia de alto impacto generados por grupos del crimen organizado, como el ocurrido el lunes 29 de diciembre pasado en la Colonia Santa Eduwiges, de Guadalajara, donde 30 sicarios “cazaron” con más de dos mil disparos a Alberto “El Prieto” Valencia, que acabaron también con la vida de su hija de 16 años y de uno de sus escoltas, el C5 volvió a fallar.
¿Por qué?, ¿Qué pasó en el centro de videovigilancia en el que en la actual, y en las últimas tres administraciones estatales, se han destinado presupuestos multimillonarios, para que no nos haya sido útil para seguir y capturar a los 30 agresores que dispararon a placer sus armas de grueso calibre, e incluso videograbaron su operación criminal sin que nadie les impidiera “el jale”?
¿Por qué no se ordenó desde el C5, implementar de inmediato un anillo policial, con policías de Guadalajara, de Zapopan, de seguridad pública estatal, e incluso solicitar el apoyo de la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano para capturar a los agresores?
Se necesita una explicación mucha más amplia y detallada de lo sucedido dentro del C5 la mañana de ese último lunes del 2025, porque las generalidades dichas por su director, Juan Carlos Contreras, el miércoles pasado en el sentido de que sus operadores no detectaron movimientos extraños ni escucharon el ensordecedor ruido de las metralletas, que sólo hacen crecer la confusión e irritación social.
Pareciera más bien que sus operadores estaban viendo para otro lado, o lo más grave, que alguien dentro no los haya dejado actuar por la infiltración delincuencial que haría inútil también cualquier inversión para modernizar el C5.
Eso lo deben esclarecer las investigaciones que asegura el coordinador del gabinete de Seguridad, Roberto Alarcón, están en marcha. Porque ya basta de impunidad para los que por omisión o complicidad dejan que las mafias conviertan las calles de la ciudad y los espacios públicos en sus campos de batalla.
Cortesía de El Informador
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