
Bizarro, por decir lo menos, resultó el estilo Jalisco de gobernar de Pablo Lemus. Por tercera ocasión en lo que va del sexenio los técnicos (cualquier cosa que eso signifique a estas alturas del partido) toman una decisión y luego el gobernador, que se propone como una alternativa al populismo y a la personalización del poder, toma una decisión populista y por su voluntad desautoriza a los colaboradores de su propio gobierno para quedar él, y solo él, como gran redentor de las causas populares.
Lo hizo primero con el SIAPA, desconociendo la tarifa propuesta para 2026: luego con el Instituto de Movilidad que, bien o mal, planteó un nuevo esquema de máximos de velocidad que el propio gobernador desautorizó y, finalmente, lo hizo con la tarifa al transporte a la que Lemus convirtió en un verdadero chilaquil (eso sí, al muy estilo Jalisco, con mucha crema).
Solo hay dos opciones para explicar estos desvaríos. O tenemos realmente un gabinete Montessori, donde cada uno hace lo que quiere y el gobernador se entera hasta el final, cuando las cosas ya pasaron, lo cual demostraría que no tenemos una secretaría de Gobierno que funcione y que las famosas coordinaciones sirven para dos cosas, para engrosar la nómina y para nada. O bien, estamos ante un juego, bastante perverso, donde el Gobierno estatal crea problemas para que luego salga súper gobernador a solucionarlos por el bien del pueblo.
Tras la decisión de invalidar las tarifas del SIAPA se prometió una “reingeniería”, misma que casi un año después no se ha visto. Lo que se propuso como tal fueron un conjunto de generalidades y lugares comunes, una de ellas, por cierto, aumentar las tarifas. El chiste se cuenta solo, aunque sea realmente poco simpático. Con el transporte público resulta más que evidente que no hay una política clara para mejorar el servicio sino para crecer y administrar la red de intereses existente y de la que, siete años después, los naranjas ya son parte sustancial. Lo único claro es que a este Gobierno lo que le interesa es echar a andar una tarjeta, la famosa tarjeta naranja, sea por control político o por negocio, y en una de esas por ambos motivos. Nadie tiene claro cuánto nos cuestan las decisiones, de donde sale el dinero para las tarjetas ilimitadas y los subsidios sacados de la manga, lo único claro es que las políticas públicas al Estilo Jalisco son más inestables que los principios de Groucho Marx.
PS. Duda razonable: ¿Qué opinaría Pablo, el ex presidente de Coparmex, sobre la terna para la Fiscalía Anticorrupción que presentó el gobierno de Lemus?, ¿qué pasó con aquello de la fiscalía que sirva y el no rotundo a los ficales canales? Solo dudas.
Cortesía de El Informador
Dejanos un comentario: