
Mediante una incursión militar denominada “Operación Resolución Absoluta” ordenada por el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, un equipo de élite del ejercito estadounidense capturó y secuestró al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, en su residencia en Caracas durante la madrugada del pasado 3 de enero del año en curso.
La exitosa operación militar que involucró quirúrgicos ataques aéreos y terrestres por parte de militares norteamericanos se realizó en medio de acusaciones por parte del gobierno estadounidense de narcotráfico y otros delitos graves contra de Nicolás Maduro. El grupo de élite aprovechó las condiciones climáticas favorables y la información de un agente de la CIA infiltrado en el entorno del presidente venezolano.
Tras su captura, Maduro fue trasladado a Nueva York, donde se declaró “no culpable” de los cargos de narcotráfico y tráfico de armas en su primera comparecencia ante un tribunal federal. Ante Alvin Hellerstein, Juez del Distrito Sur de Nueva York (SDNY), Maduro afirmó haber sido secuestrado y ser el presidente de Venezuela. El 17 de marzo está programada la próxima audiencia.
La captura de Maduro ha abierto un debate internacional sobre la intervención estadounidense en América Latina y ha reavivado preocupaciones sobre la soberanía de los países de la región. La intervención militar estadounidense marca un punto crucial en la historia reciente de Venezuela y podría tener repercusiones significativas en la política regional y a nivel global.
Con el paso de los días, queda claro que el verdadero interés del presidente Donald Trump en Venezuela no era deponer a Maduro para abrir paso a la democracia en el país sudamericano, sino la riqueza petrolera que posee, ya que se considera que cuenta con las mayores reservas probadas en el mundo.
Trump ha declarado que compañías estadounidenses solucionarán los problemas de la infraestructura petrolera venezolana y “empezarán a hacer dinero para el país” (léase Estados Unidos de América).
El gobierno de México se sumó a la postura adoptada por Rusia, China, Irán, Colombia, España, Uruguay, Chile y Brasil, de condenar la intervención militar estadounidense en Venezuela.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México señaló tras conocerse la captura de Nicolás Maduro: “Nosotros defendemos la doctrina Estrada y lo que representa la política exterior de nuestro país que está establecida en la Constitución, que está en contra de las intervenciones y a favor de la solución pacífica de cualquier conflicto”.
Además, recordó que la Carta de las Naciones Unidas establece que no debe haber intervención militar y que las controversias deben resolverse por la vía multilateral. “Por eso condenamos esta intervención en Venezuela y vamos a estar atentos a los acontecimientos”, indicó.
El presidente Donald Trump, en varias ocasiones, ha declarado que se “debe hacer algo con México” por el tráfico de drogas, y también ha señalado que la nación mexicana es gobernada por los cárteles, razón por la cual ha ofrecido reiteradamente al gobierno mexicano el ingreso de la milicia estadounidense en territorio nacional para capturar o eliminar a los grandes capos.
La presidenta Sheinbaum ha recalcado infinidad de veces que la postura mexicana se mantiene firme: “Colaboración, coordinación, pero no subordinación”, sin embargo, la acción militar estadounidense en Venezuela cambia radicalmente las cosas, ya que se trata de un mensaje de que Estados Unidos puede intervenir en cualquier nación bajo el argumento del combate a los cárteles de las drogas.
Con el pretexto del combate al narco, Trump bien puede ordenar la intervención militar en Colombia y en México, por lo que no es cosa menor la acción militar en Venezuela. Seguramente los capos mexicanos echaron sus barbas a remojar frente a los acontecimientos en Venezuela, ya que ha quedado demostrado que las fuerzas armadas estadounidenses pueden ir por cualquiera en cualquier parte del mundo.
Quienes señalan que el expresidente Andrés Manuel López Obrador tiene presuntos vínculos con cárteles, a partir de la revelación que hiciera la periodista-escritora Anabel Hernández, en su libro “La Historia secreta”, de que el ex mandatario tabasqueño recibió dinero del narcotráfico durante su campaña presidencial en 2006, consideran que Obrador puede correr la misma suerte que Maduro, ya que pueden ir por él a su quinta “La Chingada” y llevárselo ídem, y de paso, ayudarle a la presidenta Sheinbaum.
Anabel Hernández afirma en su libro que el dinero fue entregado por los capos Arturo Beltrán Leyva y Sergio Villarreal, “El Grande”. Detalla un encuentro en un hotel en Gómez Palacio, Durango, donde AMLO agradeció el apoyo recibido. Habrá que ver qué deciden las autoridades estadounidenses al respecto.
La realidad es que estamos ante la versión 2.0 de la Doctrina Monroe con la política exterior “trumpista” para justificar el intervencionismo estadounidense en América Latina, y hacer patente el lema de “América para los americanos”, aunque Trump también le ha echado el ojo a Groenlandia, territorio que busca anexarlo con el argumento de que es para la “seguridad nacional” de los Estados Unidos de América. La pregunta es: ¿Quién sigue?
Cortesía de El Economista
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