El 2025 se despidió de nosotros con el paso del cometa 3i/Atlas, por lo que era de esperar que 2026 no nos iba a recibir con menos. Pero algo pequeño no era suficiente, porque el cometa interestelar dejó el listón astronómico demasiado alto. Por las nubes (literalmente).
Un nuevo asteroide en el mapa
Por todo ello, el 2026 arranca con un suceso de lo más surrealista: el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, ha detectado un asteroide de unos 710 metros de diámetro. La medida del objeto equivale a siete campos de fútbol y, por si fuera poco, da vueltas sobre sí mismo cada 1,88 minutos.
El Observatorio Vera C. Rubin “tomará cientos de imágenes del cielo del hemisferio sur, cada noche durante diez años, para un estudio llamado Investigación del Espacio-Tiempo como Legado para la Posteridad (LSST)”.
El estudio tiene la intención de avanzar en temas como la naturaleza de la materia oscura y la comprensión de la energía oscura, el catálogo del sistema solar, la cartografía de la vía Láctea o la exploración del cielo cambiante (los objetos que se mueven o presentan cambios en su brillo). Pero, como bien hemos dicho, todo era cuestión de intenciones, porque todavía no se había empezado con el estudio. O al menos, no como estaba previsto.
Sin embargo, en sus primeras observaciones de prueba, el observatorio ya destapó algo inédito.
Nada resultaba extraño
En una primera revisión de datos, con casi 2.000 asteroides, los astrónomos pudieron identificar unos 19 objetos, que fueron designados como “superrápidos”. Que sean designados con este nombre significa que los periodos de rotación de estos objetos son inferiores a 2,2 horas. Así que nada resultaba extraño. Hasta que ha aparecido él.
Su nombre es 2025 MN45 y, sí, tiene unas medidas y una velocidad que superan cualquier récord para cuerpos de este tamaño. De hecho, todos los asteroides grandes están hechos de cúmulos de escombros, como si fuesen un conjunto de rocas, fragmentos, polvo… Si su composición también fuera de estos materiales, lo más lógico sería que el objeto experimentara límites físicos. Estos cuerpos, si giran muy rápido, se desintegran. Así que, siguiendo esta norma, 2025 MN45 debería estar ya desintegrado.
A cualquier otro asteroide, rotar tan rápido le hubiera pasado factura.
Hace miles de millones de años
Como era de esperar, Sarah Greenstree, astrónoma de NOIRLab e investigadora principal del estudio, ha explicado que el asteroide tiene que estar formado por un material que cause una “cohesión interna extremadamente alta”. Algo parecido a un bloque sólido de roca. Algo resistente, duro y macizo.
Conforme a su rotación extrema, los astrónomos creen que el objeto tiene un cachito de historia violenta escondida con el sistema solar. La explicación más lógica que le ven es que su rotación sea la consecuencia de que el cuerpo se haya estrellado con frecuencia con otros objetos. Incluso puede tratarse de un superviviente reforzado después de un choque colosal. Quién sabe. Quizás ocurrió hace miles de millones de años.
Una mezcla perfecta
Los astrónomos también explican que existen asteroides aún más rápidos que 2025 MN45. El truco está en el tamaño, porque a más pequeño, más fácil y rápido giran. Pero lo especial de 2025 MN45 es la mezcla: su combinación entre tamaño y velocidad. Gracias a sus particularidades, los expertos están cada vez más cerca de entender la evolución de los cuerpos rocosos en el sistema solar.
Veremos dónde termina este gigante objeto enorme, rápido y dinámico. “Es la primera vez que tantos datos astronómicos estarán a disposición de tanta gente, ¡y no podemos ni imaginar qué descubrimientos harán los científicos mediante la utilización de esos datos!”, explican desde el mismo observatorio.
Cortesía de El Periodico
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