
En 2026, el consumo de alimentos en México dejó de ser automático. Comprar, cocinar y comer se han convertido en actos profundamente calculados. En medio de un escenario marcado por presiones inflacionarias, ajustes al IEPS, tensiones geopolíticas y una conversación cada vez más presente sobre salud, el consumidor mexicano cada vez más se comporta como un estratega: prioriza, compara y decide con mayor conciencia que nunca.
Los datos más recientes de Worldpanel by Numerator confirman un cambio de fondo. No se trata de abandonar categorías ni de romper hábitos culturales profundamente arraigados, sino de reordenar prioridades dentro del presupuesto familiar. Comer bien sigue siendo importante, pero ahora debe ser compatible con cuidar la salud y proteger el gasto.
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La salud se volvió un filtro cotidiano
El bienestar dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en un criterio práctico. En un país donde el sobrepeso, la diabetes y el estrés forman parte del día a día, los hogares evalúan los alimentos desde una lógica más realista: menos excesos, porciones más conscientes y elecciones que no rompan la rutina.
Reducir azúcar, por ejemplo, no implica eliminarla por completo. El consumidor mexicano negocia entre salud, sabor y precio. Prefiere ingredientes conocidos y perfiles sensoriales familiares, y desconfía de propuestas extremas. En este contexto, las reformulaciones graduales y las porciones controladas generan menos fricción que los discursos radicales de “todo o nada”.
Estrategia de compra
El precio sigue importando, pero el valor pesa más
El aumento del IEPS a bebidas y otros productos no provocó un abandono masivo del consumo. Lo que sí detonó fue una reconfiguración silenciosa del gasto. El consumidor reduce frecuencia, alterna marcas y prioriza formatos que rindan más por ocasión.
La pregunta clave ya no es únicamente cuánto cuesta un producto, sino qué tanto rinde, cuántas veces se usa y qué lugar ocupa en la despensa. En ese sentido, los tamaños medianos y grandes ganan terreno frente a los formatos pequeños, sobre todo en categorías de consumo cotidiano.
Indulgencia selectiva: menos veces, mejor elegida
En 2026, el placer no desaparece. Se administra. El consumidor mexicano sigue dándose gustos, pero los concentra en momentos específicos y en productos que realmente valen la pena. La indulgencia se vuelve más consciente y mejor justificada.
Aquí entra una premiumización distinta a la de otros años. No se trata de lujo aspiracional ni de exclusividad, sino de calidad percibida: mejores recetas, sabores claros y experiencias sensoriales que expliquen el precio. Se compra menos, pero se elige mejor.
Comprar en más lugares para gastar mejor
La omnicanalidad alcanzó niveles récord porque el consumidor aprendió a asignar funciones a cada canal. Supermercados y discounters se usan para abastecimiento y control del gasto; tiendas de barrio y mercados, para reposición rápida y consumo inmediato.
Esta dispersión no es caótica, es estratégica. Comparar precios, aprovechar promociones y combinar marcas propias con marcas líderes forma parte del nuevo ritual de compra. En alimentos y bebidas, esta lógica se volvió la norma.
Menos cantidad, más función en el plato
Un fenómeno emergente empieza a modificar la relación con la comida: el avance de soluciones médicas para el control de peso, como los tratamientos basados en GLP-1. Su impacto no está en eliminar categorías, sino en cambiar la forma de consumirlas.
Menores porciones, menos ocasiones de ingesta y una mayor exigencia nutricional marcan la pauta entre quienes están expuestos a estas soluciones. Crece la demanda por productos con funciones claras —hidratación, proteína, energía— y pierde terreno lo que se percibe como “calorías vacías”.
Tendencias de consumo 2026
Todo esto ocurre en un contexto donde México ocupa un lugar clave en el reacomodo económico global, con oportunidades ligadas al nearshoring, la revisión del T-MEC y nuevos acuerdos comerciales. A ello se suma la derrama esperada por el Mundial de Futbol, que traerá millones de visitantes y un impulso relevante al consumo.
Sin embargo, en los hogares mexicanos predomina la cautela. El consumidor sabe que 2026 no es un año para gastar sin pensar. Por eso ajusta, planea y decide con mayor información.
Cortesía de El Economista
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