El estudio de los perros en contextos arqueológicos ha experimentado un notable desarrollo en las últimas décadas, especialmente como vía para comprender las relaciones cotidianas entre humanos y animales en las sociedades del pasado. En el norte semiárido de Chile, estas investigaciones han adquirido una relevancia particular gracias al yacimiento de El Olivar, uno de los asentamientos agropastoriles prehispánicos más extensos de las comunidades diaguitas. En este enclave, el análisis conjunto de los restos óseos, los contextos funerarios y las evidencias biomoleculares ha permitido reconstruir con gran detalle la vida de varios perros enterrados junto a humanos. Un reciente estudio arqueológico publicado en Archaeological and Anthropological Sciences ha aportado un dato especialmente revelador: algunos de estos canes consumieron plantas psicoactivas. El hallazgo abre nuevas perspectivas sobre el papel social, ritual y simbólico de estos animales.
El yacimiento de El Olivar y su contexto cultural
El sitio arqueológico de El Olivar se localiza en la actual ciudad de La Serena, en la región de Coquimbo, a escasa distancia del océano Pacífico y del río Elqui. Con una extensión aproximada de cuarenta hectáreas, se trata del mayor asentamiento prehispánico conocido en el norte semiárido chileno.
Las dataciones radiocarbónicas sitúan su ocupación entre 1090 y 1536 d. C., aproximadamente. Este periodo abarca la cultura Diaguita y su posterior integración en el Tawantinsuyu o Imperio inca.
Desde el punto de vista arqueológico, El Olivar destaca por la abundancia de contextos funerarios y por la presencia recurrente de ofrendas animales, en especial camélidos. Este marco ritualizado proporciona una base fundamental para interpretar el estatus de los perros hallados en el yacimiento, varios de los cuales se enterraron de forma intencional en las áreas destinadas a los humanos.

Los perros de El Olivar: edad, morfología y tratamiento funerario
En El Olivar se recuperaron restos de cuatro perros identificados genéticamente como Canis familiaris. Los análisis morfométricos indican que se trataba de animales de tamaño medio, con un peso estimado de 13 o 14 kilogramos y una altura aproximada de 48 centímetros a la cruz. Las edades oscilaban entre uno y quince meses, lo que sugiere que ninguno alcanzó la madurez plena.
Tres de los perros se enterraron deliberadamente en áreas funerarias humanas. En un caso, el animal se acompañó de objetos como valvas de moluscos y lascas líticas. Según los arqueólogos,este tratamiento mortuorio refuerza la interpretación de que estos canes fueron animales de compañía con un claro valor social. El cuarto individuo, en cambio, presenta evidencias de una muerte violenta, lo que apunta a que fue sacrificado ritualmente.

Reconstruir la dieta canina: isótopos estables y cálculo dental
Para reconstruir la dieta de los perros de El Olivar, el estudio combinó dos líneas de evidencia complementarias. Por un lado, se realizó un análisis de los isótopos estables de carbono y nitrógeno en el colágeno óseo, capaz de reflejar el consumo proteico a lo largo de meses o incluso años. Por otro lado, se examinaron los microrrestos vegetales conservados en el cálculo dental, que han permitido reconstruir la alimentación de los animales en sus últimos meses de vida.
Este enfoque integrado permitió identificar las diferentes fuentes de alimento, tanto animales como vegetales, y evaluar el grado de control humano sobre la dieta de los perros. La combinación de ambas metodologías constituye uno de los principales aportes del estudio, ya que evita interpretaciones basadas en una única línea de datos.

Dietas diversas en un mismo asentamiento
Los resultados isotópicos han revelado que los perros de El Olivar no compartían una dieta homogénea. Mientras algunos individuos consumieron principalmente recursos terrestres, como camélidos, otros basaron su alimentación en proteínas marinas, sobre todo peces. Estas diferencias no solo reflejan la dieta humana común en el yacimiento, sino que apuntan tanto a prácticas alimenticias individuales como a la existencia de distintas estrategias para acceder a los alimentos.
El análisis bayesiano de mezclas isotópicas sugiere que los perros obtuvieron comida a través de múltiples vías: provisión directa por parte de los humanos, acceso a residuos domésticos, caza oportunista de pequeños animales y, en algunos casos, consumo de excrementos humanos. Esta diversidad alimentaria pone de manifiesto la notable plasticidad ecológica de los perros y su integración en los nichos creados por las comunidades humanas.

La presencia de restos de plantas cultivadas y silvestres en el cálculo dental
El estudio del cálculo dental aportó datos decisivos sobre el consumo de plantas entre los cánidos. En varios individuos se identificaron fitolitos y fibras vegetales. En uno de los perros, además, se detectó una concentración significativa de granos de almidón que correspondían a especies domesticadas como el maíz (Zea mays) y la batata (Ipomoea), así como a plantas silvestres. Algunos de estos almidones presentaban daños compatibles con procesos de calentamiento, como el tostado o el ahumado. Este dato indica que los perros, además de ingerir plantas, también consumían alimentos previamente procesados por humanos.
Nicotiana spp.: una planta psicoactiva en la dieta canina
La identificación de microrrestos atribuibles a Nicotiana spp. en el cálculo dental de uno de los perros constituye uno de los hallazgos más llamativos del estudio. Esta planta, conocida por sus propiedades psicoactivas, tiene una larga tradición de uso ritual, medicinal y simbólico en los Andes. Se utilizó por sus efectos estimulantes y analgésicos.
La presencia de Nicotiana en un perro que muestra tanto patologías óseas como evidencias de haber sido sacrificado en un ritual resulta significativa. Todo apunta a que la administración de esta planta fue intencional y mediada por los humanos, ya fuese con fines ceremoniales, terapéuticos o ambos. El estudio subraya que este no es un caso aislado en el continente americano, aunque sí uno de los pocos documentados mediante métodos arqueobotánicos directos.
Desde una perspectiva más amplia, el hallazgo sugiere que las fronteras entre lo humano y lo animal eran más permeables de lo que se ha supuesto, al menos en determinados ámbitos simbólicos. Así, los perros compartían espacios, alimentos y sustancias cargadas de significado cultural con las personas.

Nuevas miradas sobre los perros prehispánicos andinos
El estudio arqueológico de los perros de El Olivar demuestra el enorme potencial de los enfoques multidisciplinares para comprender las relaciones entre seres humanos y perros en el pasado. La identificación de plantas psicoactivas en la dieta canina obliga a replantear el papel social, ritual y emocional de estos animales en las sociedades Diaguita.
Referencias
- González Venanzi, L., Saghessi, D., López Mendoza, P., González, P. y Prevosti, F. J. 2026. “Canids–humans relationships at El Olivar: broad-spectrum feeding behavior and psychoactive plant use in diaguita dogs (Semi-Arid North of Chile)”. Archaeological and Anthropological Sciences, 18:8. DOI: https://doi.org/10.1007/s12520-025-02356-7
Cortesía de Muy Interesante
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