El problema de Groenlandia no es la falta de minerales: es que sacarlos es el terror de la ingeniería

Groenlandia se perfila como un punto clave en el mapa global gracias a sus vastas reservas de tierras raras, minerales indispensables para la industria tecnológica y militar. Pero mientras los discursos políticos la presentan como un tesoro por descubrir, los expertos en ingeniería y geología advierten otra realidad: extraer esos recursos es una pesadilla logística y financiera que convierte cualquier proyecto en un reto casi imposible.

El interés internacional no es nuevo. Incluso Donald Trump ha insistido en la importancia de la isla como alternativa al dominio de China en el mercado de tierras raras. Pero la realidad es que cada kilómetro en Groenlandia cuesta una fortuna: cada error se paga en meses perdidos y cada proyecto minero comienza desde cero, sin carreteras, sin puertos y sin energía suficiente para sostener operaciones pesadas.

Groenlandia: el tesoro de tierras raras que se convierte en una pesadilla de ingeniería y geopolítica

Groenlandia concentra depósitos de tierras raras que podrían alimentar industrias enteras: desde aviones de combate y láseres hasta autos eléctricos y equipos médicos. El problema es que acceder a ellos es casi imposible. El clima extremo limita las operaciones mineras a apenas seis meses al año; el resto del tiempo, la maquinaria debe hibernar bajo temperaturas que paralizan cualquier actividad humana.

A esto se suma la falta de infraestructura básica. No existen carreteras que conecten los yacimientos con puertos de exportación, ni redes eléctricas capaces de sostener minería a gran escala. Cada proyecto implica levantar campamentos, centrales eléctricas y hasta mini-ciudades antes de extraer una sola tonelada de mineral.

Todo debe transportarse por mar, aire o incluso sobre hielo, lo que eleva los costos y complica la logística. Cada máquina tarda más en llegar, se desgasta antes y requiere un mantenimiento que multiplica los tiempos de espera.

Por eso, aunque las reservas de tierras raras están ahí, permanecen prácticamente inaccesibles. Los expertos advierten que no se trata de un tesoro listo para ser explotado, sino de un desafío que convierte cualquier intento minero en una operación titánica. En resumen, lo que parecería un lugar de riqueza inmediata, en realidad ofrece un escenario donde los riesgos financieros y técnicos pesan más que las promesas de abundancia.

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Trump y la geopolítica de las tierras raras

El interés de Estados Unidos en Groenlandia ha vuelto a escena con declaraciones directas de Donald Trump, quien insiste en que la isla es clave para la estrategia global de recursos:

“Necesitamos Groenlandia… Es muy estratégica en este momento”, 

“Vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no. Si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”.

Trump reiteró en distintos momentos, tanto durante un vuelo en el Air Force One como en una conferencia con ejecutivos petroleros.

Su postura refleja la urgencia de Washington por reducir la dependencia de China, que hoy concentra cerca del 90% del mercado global de tierras raras. Para la Casa Blanca, garantizar nuevas fuentes no es únicamente un asunto económico, sino una prioridad vinculada a la seguridad nacional.


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Obstáculos legales y rechazo local

Entre tanto, el yacimiento de Kvanefjeld, considerado uno de los depósitos de uranio más grandes del planeta, se ha convertido en el epicentro de una disputa internacional. La empresa Energy Transition Minerals, respaldada por capital chino, exige una compensación multimillonaria después de que las autoridades de Groenlandia prohibieran la extracción de uranio por razones ambientales. Esta situación refleja que, además de los enormes desafíos técnicos, la isla también carga con conflictos legales y un clima social que complica cualquier intento de desarrollo minero.

Y por si fuera poco, el sentimiento de los habitantes de la isla es mayoritariamente contrario a cualquier intento de anexión o explotación masiva por parte de Estados Unidos. Aunque se han prometido beneficios económicos para los groenlandeses, la percepción general es que los costos sociales y ambientales superarían cualquier ganancia.

Portada | Rawpixel

Cortesía de Xataka



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