Situada en la plaza Colonna, en pleno centro histórico de Roma, la Columna de Marco Aurelio se erige como uno de los monumentos conmemorativos más imponentes del Imperio romano tardío. Tallada a finales del siglo II d.C. para celebrar las victorias militares del emperador Marco Aurelio, esta columna de mármol blanco ha permanecido en pie durante casi dos milenios, expuesta de manera constante a los efectos del clima y de la actividad humana. En las últimas décadas, el incremento del tráfico urbano y de la polución hizo que esta monumental obra escultórica se cubriera de capas de suciedad.
En los últimos años, sin embargo, un ambicioso proyecto de restauración ha devuelto al monumento todo su esplendor. Gracias a la aplicación de tecnología láser de alta precisión, los restauradores han iniciado un proceso de limpieza capaz de eliminar los depósitos acumulados a lo largo de los años sin dañar el delicado mármol tallado. Así, se ha logrado devolver al monumento un aspecto más cercano al que tuvo en la Antigüedad.
La columna de Marco Aurelio: origen, función y contexto histórico
La columna Antonina, como también se la conoce, se erigió entre 180 y 193 d.C., tras la muerte del emperador. Su construcción se atribuye al mandato de su hijo y sucesor, Cómodo, como homenaje póstumo al soberano y como exaltación de sus campañas militares en las fronteras septentrionales del imperio. El monumento se inspira claramente en la célebre columna de Trajano, si bien presenta un estilo narrativo más dramático y expresivo.
La estructura está formada por 28 enormes bloques de mármol de Carrara, ensamblados para alcanzar una altura superior a los 30 metros. En su superficie se desarrolla un friso helicoidal continuo que asciende desde la base hasta la cima. Este friso narra las guerras libradas por Marco Aurelio contra los pueblos germánicos y sármatas a lo largo del Danubio. Las escenas, que representan batallas, marchas militares, castigos ejemplares y episodios de sometimiento, configuran un poderoso discurso visual sobre la autoridad imperial.
En el interior, una estrecha escalera de caracol permite ascender hasta lo alto del monumento. En origen, la columna estuvo coronada por una estatua del propio Marco Aurelio que, en el siglo XVI, se sustituyó por una figura de San Pablo que aún hoy preside la cima del monumento.

El impacto del tiempo y la contaminación urbana
A lo largo de los siglos, la columna ha sufrido transformaciones inevitables. La exposición continua a la humedad, la lluvia ácida y la contaminación moderna generó una pátina oscura que cubrió buena parte de la superficie escultórica. Este ennegrecimiento, además de afectar la estética del monumento, también dificultaba el estudio detallado de los relieves y reducía su legibilidad.
Las intervenciones anteriores, realizadas sobre todo en el siglo XX, recurrieron a métodos de limpieza tradicionales. Aunque eficaces en su momento, estos procedimientos no lograron frenar la progresiva acumulación de depósitos ni ofrecer una solución duradera. Además, existía el riesgo de que una limpieza demasiado agresiva pudiera dañar los delicados volúmenes esculpidos.
Ante esta situación, los especialistas optaron por una estrategia más innovadora, capaz de combinar eficacia y máxima protección del material original. La restauración actual se planteó como una operación integral de conservación preventiva, adaptada a los desafíos del entorno urbano contemporáneo.

Láseres al servicio de la conservación del patrimonio
El uso de tecnología láser para la limpieza del mármol constituyó el elemento más innovador del proyecto. Este sistema emplea pulsos de luz extremadamente breves y controlados que generan microimpactos térmicos en las capas de suciedad. El láser actúa de forma exclusiva sobre los depósitos superficiales y los separa del mármol sin alterar su estructura ni su textura.
Los restauradores han tenido que trabajar desde un complejo andamiaje que rodeaba por completo la columna. El proceso ha requerido una calibración constante, ya que cada zona presenta diferentes grados de suciedad y desgaste. En combinación con el láser, se utilizaron métodos tradicionales como esponjas húmedas, tratamientos químicos suaves y pequeñas intervenciones de consolidación.
Esta combinación de técnicas modernas y procedimientos clásicos representa un modelo de restauración respetuoso y eficaz, que podría aplicarse en el futuro a otros grandes monumentos de piedra expuestos a condiciones ambientales adversas similares.

Redescubriendo los relieves: una nueva lectura del monumento
La limpieza en profundidad ha permitido recuperar la calidad de los relieves escultóricos. Figuras que antes apenas se distinguían emergen con una nitidez sorprendente. Ahora pueden observarse los detalles de los rostros, las vestimentas y los gestos de los soldados y los prisioneros. De este modo, la narrativa en espiral se ha vuelto más comprensible, permitiendo seguir con mayor claridad la secuencia de los acontecimientos representados. Todo ello abre nuevas posibilidades para la investigación histórica y artística, ya que los especialistas podrán analizar con mayor precisión la técnica escultórica, la organización de los talleres y las intenciones ideológicas que subyacen al programa iconográfico.
Inversión, protección y acceso futuro
La restauración ha contado con una importante inversión económica procedente de programas europeos de recuperación del patrimonio. El proyecto no se limita a la limpieza externa, sino que incluye actuaciones destinadas a mejorar la estabilidad del monumento y a facilitar su mantenimiento a largo plazo. Entre ellas, se encuentran la renovación de la escalera interior y la instalación de sistemas de control ambiental. Con todo ello, se reduce la necesidad de intervenciones invasivas y se garantiza que la columna de Marco Aurelio se mantenga en condiciones óptimas para las generaciones futuras.

Un monumento antiguo en una ciudad contemporánea
Situada en un entorno urbano intensamente transitado, la columna de Marco Aurelio sigue siendo un elemento central del paisaje romano. Su presencia, frente a los modernos edificios institucionales, simboliza la continuidad histórica de la ciudad, donde el pasado y el presente conviven de manera permanente.
La restauración láser de la columna marca un hito en la conservación del patrimonio arqueológico. Gracias a la aplicación de tecnologías avanzadas, este monumento emblemático ha recuperado gran parte de su esplendor original.
Este proyecto demuestra que la innovación no está reñida con el respeto al pasado. Al contrario, cuando la ciencia y la conservación trabajan de la mano, el patrimonio histórico puede seguir iluminando nuestro presente.
Referencias
Cortesía de Muy Interesante
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