La princesa Irene de Grecia, hermana menor de la reina emérita Sofía de España, falleció a los 83 años, informó la Casa Real Española este jueves desde el Palacio de la Zarzuela de Madrid.
La muerte de la princesa tuvo lugar a las 11:40 de la mañana, poniendo fin a una vida marcada por la cercanía familiar, la discreción y un estilo personal ajeno al protagonismo tradicional de las casas reales.
En un comunicado oficial, el Palacio expresó que “Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia”, palabras que dieron paso a una oleada de condolencias y recuerdos entre la realeza europea.
Irene, conocida cariñosamente por sus allegados como “la tía Pecu” por su carácter peculiar y cercano, pasaba sus últimos años en el Palacio de la Zarzuela, residencia en la que vivió durante décadas junto a su hermana Sofía. En los últimos tiempos, su estado de salud se vio afectado por problemas de movilidad que limitaron sus apariciones públicas.
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A pesar de estas dificultades, la princesa continuó vinculada a la vida familiar y cultural hasta donde le fue posible. Su última aparición pública fue en la boda de su sobrino, el príncipe Nicolás de Grecia, en febrero de 2025.
La princesa Irene de Grecia tuvo una vida alejada del foco
Nacida en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial, Irene fue la única hija de los reyes Pablo y Federica que no se casó ni tuvo hijos, decisión personal que la alejó de los roles convencionales y le permitió perseguir intereses propios y filantrópicos.
Muy unida a la familia, desarrolló una relación especialmente estrecha con sus ocho sobrinos, entre ellos el rey Felipe VI y las infantas Elena y Cristina, y con sus numerosos sobrinos nietos, quienes ahora lamentan su partida.
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La Casa Real señaló que aún no se han detallado los actos oficiales de su funeral, aunque se espera que incluya presencia de miembros de las casas reales española y griega y que el cuerpo de la princesa sea trasladado posteriormente al cementerio de Tatoi, en Grecia, donde descansan los restos de sus padres y hermanos.
La princesa Irene de Grecia construyó su legado a través de su afición por la cultura, su sensibilidad humana y sus vínculos personales. Aunque muchas de sus actividades, como su compromiso con causas sociales y su cariño por los animales, quedaron fuera de los focos mediáticos, su figura ha sido recordada hoy como la de una princesa con una luz propia, discreta pero intensa.
Cortesía de "quien.com"
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