Vivieron hace 160.000 años y se extinguieron, pero su ADN podría hacer que algunas personas sean resistentes a la malaria
Durante milenios, una antigua especie humana logró algo que parece sacado de una epopeya de supervivencia: resistir en el hostil y escarpado altiplano tibetano, a más de 3.000 metros de altitud, soportando glaciaciones, interglaciares y todo tipo de cambios climáticos extremos. Un estudio publicado en Nature lo confirma: los denisovanos, parientes cercanos de los neandertales y Homo sapiens, no solo vivieron en esta región remota, sino que lo hicieron durante al menos 160.000 años. El lugar clave para este hallazgo es la cueva de Baishiya, un santuario budista enclavado en un acantilado de la provincia china de Gansu, convertido ahora en uno de los yacimientos más importantes del mundo para entender la evolución humana.
Una cueva, un hueso y una historia reescrita
Desde su descubrimiento en 1980, la cueva de Baishiya ha ido revelando pistas cada vez más intrigantes. Pero fue en 2019 cuando se confirmó que un hueso mandibular hallado en su interior pertenecía a un denisovano, una especie humana apenas conocida por un puñado de fósiles encontrados en Siberia. La clave fue el análisis de proteínas antiguas conservadas en el hueso. Ahora, con la publicación del nuevo estudio encabezado por universidades chinas, danesas y británicas, se ha dado un salto cualitativo: los investigadores han identificado un nuevo fósil denisovano —esta vez una costilla— y han demostrado que estos humanos no solo estuvieron en el Tíbet, sino que prosperaron allí durante mucho más tiempo del que se pensaba.
La nueva costilla, apodada “Xiahe 2”, fue localizada en una capa geológica datada entre 48.000 y 32.000 años. Esto convierte a este ejemplar en uno de los últimos representantes conocidos de los denisovanos y plantea la posibilidad de que coexistieran en este entorno con los primeros Homo sapiens que se expandían por Asia. El fósil fue identificado mediante un método llamado ZooMS, que analiza el colágeno óseo para determinar la especie de origen. Esta técnica fue fundamental, ya que la mayoría de los más de 2.500 restos hallados en Baishiya están fragmentados y son imposibles de identificar visualmente.

Cazadores resistentes en un entorno extremo
Lo sorprendente del estudio no es solo la presencia prolongada de denisovanos en el altiplano tibetano, sino su capacidad de adaptación a un entorno tan duro. Vivir a 3.280 metros sobre el nivel del mar, en una región que hoy sigue siendo árida, fría y con bajos niveles de oxígeno, no es tarea sencilla. Sin embargo, los denisovanos no solo sobrevivieron: dominaron la zona. Analizando las marcas de corte en los huesos de animales, se ha reconstruido un estilo de vida basado en la caza de grandes herbívoros como los yaks salvajes, rinocerontes lanudos, équidos o el bharal, una especie de cabra azul típica de la región. También aprovecharon animales más pequeños como marmotas y aves, lo que demuestra una dieta variada y una capacidad de adaptación notable.
Pero los restos no hablan solo de alimentación. Muchos de los huesos encontrados muestran signos de haber sido utilizados como herramientas. Las fracturas deliberadas y los restos de percusión indican que los denisovanos fabricaban instrumentos simples con materiales disponibles en el entorno. Incluso algunos huesos de hienas presentan marcas de corte, lo que sugiere que estos humanos también interactuaban, y probablemente competían, con grandes depredadores.
Una historia escondida bajo capas de hielo y tiempo
El descubrimiento de la costilla Xiahe 2 no es un hallazgo aislado. Se suma a la presencia de ADN denisovano encontrado en sedimentos de varias capas de la misma cueva, lo que refuerza la idea de una ocupación continuada del lugar durante casi 200.000 años. Desde el Pleistoceno medio hasta el tardío, estos humanos resistieron las condiciones cambiantes de una región que alternó entre glaciaciones severas y periodos más templados.

Gracias al análisis de deamidación del colágeno, una técnica que mide el envejecimiento químico de las proteínas, los científicos pudieron confirmar que el hueso no pertenece a épocas recientes, sino que concuerda perfectamente con las dataciones de los sedimentos en los que fue hallado. Esto proporciona una sólida base para afirmar que Baishiya fue un refugio estable para los denisovanos durante múltiples ciclos climáticos.
Además, el yacimiento ha revelado que, a diferencia de la cueva de Denisova en Siberia, donde también vivieron neandertales y humanos modernos, en Baishiya no hay rastro de otras especies humanas. Esto sugiere que los denisovanos ocuparon esta región en exclusiva durante miles de años, convirtiendo el Tíbet en un bastión evolutivo singular.
¿Qué ocurrió con ellos?
El nuevo estudio abre más preguntas que respuestas. Si los denisovanos eran tan resilientes, ¿por qué desaparecieron? ¿Tuvieron contacto con los Homo sapiens? ¿Hubo mestizaje en esta región, como sí se ha documentado en otros lugares de Asia? Lo cierto es que sus genes siguen presentes hoy en varias poblaciones humanas, especialmente en Oceanía y el sudeste asiático, lo que sugiere una historia compleja de encuentros e hibridaciones.

La cueva de Baishiya se ha convertido en una pieza clave para resolver estas incógnitas. Las excavaciones continúan, y los investigadores confían en que nuevas técnicas moleculares permitan extraer ADN del fósil recién identificado. De lograrlo, se abriría una ventana aún más clara al pasado y a la diversidad de nuestra familia humana.
Lo que ya está claro es que los denisovanos no fueron una nota a pie de página en la evolución, sino protagonistas de una epopeya de supervivencia en uno de los entornos más duros del planeta. Desde un acantilado tibetano, estas huellas fósiles nos obligan a repensar lo que sabíamos sobre el pasado y sobre lo que significa ser humano.
Referencias
- Xia, H., Zhang, D., Wang, J. et al. Middle and Late Pleistocene Denisovan subsistence at Baishiya Karst Cave. Nature 632, 108–113 (2024). DOI: 10.1038/s41586-024-07612-9
Cortesía de Muy Interesante
Dejanos un comentario: