“No sé el nombre de la mayoría de mis estudiantes”: cómo es el curso para espías que ofrece una de las universidades más prestigiosas de Francia

    • Autor, Chris Bockman
    • Informa desde, Paris
  • Tiempo de lectura: 7 min

El profesor universitario Xavier Crettiez admite que no conoce los nombres reales de muchos de los alumnos de su curso.

Se trata de una situación muy poco habitual en el mundo académico, pero el trabajo del profesor Crettiez dista mucho de ser convencional.

En realidad, se dedica a formar a los espías franceses.

“Rara vez conozco los antecedentes de los agentes de inteligencia cuando se les envía al curso y, de todos modos, dudo que los nombres que me dan sean auténticos”, afirma.

Si quisieras crear un escenario para una escuela de espías, el campus de Sciences Po Saint-Germain, en las afueras de París, parece una buena opción.

Con edificios austeros, incluso sombríos, de principios del siglo XX, rodeados de carreteras concurridas y monótonas, y grandes puertas metálicas intimidantes, tiene un aire muy discreto.

Lo que distingue al curso es su diploma único, que reúne a estudiantes de entre 20 y 30 años con miembros activos de los servicios secretos franceses, normalmente de entre 35 y 50 años.

El curso se llama Diplôme sur le Renseignement et les Menaces Globales, que se traduce como Diploma de Inteligencia y Amenazas Globales.

Fue desarrollado por la universidad en asociación con la Academie du Renseignement, la rama de formación de los servicios secretos franceses.

Esto se produjo a raíz de una solicitud de las autoridades francesas hace una década. Tras los atentados terroristas de 2015 en París, el gobierno llevó a cabo una gran campaña de reclutamiento dentro de las agencias de inteligencia francesas.

Pidió a Sciences Po, una de las principales universidades de Francia, que creara un nuevo curso para formar a nuevos espías potenciales y proporcionar formación continua a los agentes actuales.

Las grandes empresas francesas también se mostraron rápidamente interesadas, tanto en que su personal de seguridad asistiera al curso como en contratar a muchos de los jóvenes graduados.

Estudiantes escuchando a un profesor en el curso de espionaje de la universidad Sciences Po Saint-Germain.

El diploma consta de 120 horas de clases con módulos repartidos a lo largo de cuatro meses. Para los estudiantes externos -los espías y los que realizan prácticas en empresas- cuesta alrededor de 5.000 euros, (US$5.900).

El objetivo principal del curso es identificar las amenazas dondequiera que se encuentren y aprender a rastrearlas y superarlas. Los temas clave incluyen la economía del crimen organizado, el yihadismo islámico, la recopilación de inteligencia empresarial y la violencia política.

Profesores y alumnos

Para asistir a una de las clases y hablar con los estudiantes, primero tuve que pasar por un control de seguridad de los servicios franceses. El tema de la lección a la que asistí fue “inteligencia y dependencia excesiva de la tecnología”.

Uno de los estudiantes con los que hablo es un hombre de unos 40 años que se hace llamar Roger. Me dice en un inglés muy preciso y conciso que es banquero de inversiones.

Añade: “Presto servicios de consultoría en toda África occidental y me inscribí en el curso para poder ofrecer evaluaciones de riesgos a mis clientes allí”.

El profesor Crettiez, que imparte clases sobre radicalización política, afirma que en los últimos años se ha producido una enorme expansión de los servicios secretos franceses. Y que ahora hay alrededor de 20.000 agentes en lo que él denomina el “círculo interno”.

Este está compuesto por la DGSE, que se ocupa de asuntos en el extranjero y es el equivalente francés del MI6 británico o la CIA estadounidense. Y la DGSI, que se centra en las amenazas dentro de Francia, como el MI5 británico o el FBI estadounidense.

Pero afirma que no se trata solo de terrorismo. “Hay dos agencias de seguridad principales, pero también Tracfin, una agencia de inteligencia especializada en el blanqueo de capitales, que se preocupa por el aumento de la actividad mafiosa, especialmente en el sur de Francia, incluida la corrupción en los sectores público y privado, debido principalmente a los enormes beneficios del tráfico ilegal de drogas”.

Otros profesores del curso son un funcionario de la DGSE que estuvo destinado en Moscú, un exembajador francés en Libia y un alto funcionario de Tracfin. El jefe de seguridad de la gigante energética francesa EDF también imparte un módulo.

Los estudiantes Alexandre Hubert y Valentine Guillot sonríen a la cámara mientras están de pie en un aula.

Se dice que el interés del sector privado por el título sigue creciendo. Las grandes empresas -especialmente en el sector de la Defensa y el aeroespacial, pero también las firmas francesas de artículos de lujo- están cada vez más interesadas en contratar a los estudiantes, ya que se enfrentan a implacables amenazas de ciberseguridad y espionaje, así como a sabotajes.

Recientemente, los graduados han sido contratados por el operador de telefonía móvil francés Orange; el gigante aeroespacial y de Defensa Thales, y LVHM, propietario de marcas como Louis Vuitton y Dior, y de las marcas dfe champán Dom Perignon y Krug.

Nombre de pila

Veintiocho estudiantes se han matriculado en la promoción de este año. Seis de ellos son espías. Se puede saber quiénes son, ya que son los que se reúnen durante los descansos de clase, alejados de los jóvenes estudiantes, y no se muestran demasiado alegres cuando me acerco a ellos.

Sin revelar sus funciones exactas y con los brazos cruzados, uno de ellos dice que el curso se considera un trampolín para ascender de la oficina al trabajo de campo. Otro afirma que este entorno académico le aporta ideas nuevas. Firman el registro de asistencia del día solo con su nombre de pila.

Uno de los estudiantes más jóvenes, Alexandre Hubert, de 21 años, dice que quería comprender mejor la inminente guerra económica entre Europa y China. “Ver la recopilación de información desde el punto de vista de James Bond no es relevante, el trabajo consiste en analizar el riesgo y averiguar cómo contrarrestarlo”, me dice.

Otra alumna de la clase, Valentine Guillot, también de 21 años, afirma que se inspiró en la popular serie de televisión francesa de espionaje Le Bureau.

“Venir aquí para descubrir este mundo del que no sabía nada, salvo por la serie de televisión, ha sido una oportunidad extraordinaria, y ahora tengo muchas ganas de incorporarme a los servicios de seguridad”.

Estudiantes del curso de diplomatura, algunos de ellos de espaldas a la cámara.

Fuente de la imagen, Sciences Po Saint-Germain

Casi la mitad de los alumnos de la clase son mujeres. Y esto es algo relativamente reciente, según uno de los profesores, Sebastien-Yves Laurent, especialista en tecnología de espionaje.

“El interés de las mujeres por la recopilación de información es algo nuevo”, afirma. “Les interesa porque creen que contribuirá a crear un mundo mejor”.

“Y si hay algo que todos estos jóvenes estudiantes tienen en común es que son muy patriotas, lo cual es una novedad en comparación con hace 20 años”.

Si estás interesado en solicitar la admisión al curso, es imprescindible tener la nacionalidad francesa, aunque se aceptan algunos casos de doble nacionalidad.

Sin embargo, el profesor Crettiez afirma que hay que ser cauteloso. “Recibo regularmente solicitudes de mujeres israelíes y rusas muy atractivas con currículos impresionantes. Como es lógico, las descarto inmediatamente”.

En una foto de grupo reciente de la clase se puede distinguir inmediatamente quiénes son los espías: los que dan la espalda a la cámara.

Aunque todos los estudiantes y espías profesionales que conocí son esbeltos y atléticos, el profesor Crettiez también se empeña en disipar el mito de las aventuras al estilo James Bond.

“Pocos reclutas nuevos acabarán trabajando sobre el terreno”, afirma. “La mayoría de los trabajos de las agencias de inteligencia francesas se realizan desde una oficina”.

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Cortesía de BBC Noticias



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