Durante las recientes campañas de excavación en la ciudad de Izmir, la antigua Esmirna, un equipo de arqueólogos ha desenterrado un mosaico excepcional. Se trata de un mosaico pavimentado que presenta en su centro el nudo de Salomón, un símbolo que, según los arqueólogos, se asocia con la protección contra la envidia y el mal de ojo. El descubrimiento se produjo en el lado norte del Ágora de Esmirna, donde se han intensificado las labores arqueológicas como parte del proyecto Heritage for the Future que promueve el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía.
Un descubrimiento que ilumina creencias y los símbolos de la Antigüedad Tardía
El mosaico, de unos tres por cuatro metros, integra un patrón geométrico complejo compuesto por paneles interconectados y motivos vegetales entrelazados. En el centro de este diseño, los arqueólogos responsables del hallazgo han identificado el nudo de Salomón, una figura geométrica formada por dos lazos o eslabones cerrados que se entrelazan. Este motivo se ha interpretado en algunos contextos como un amuleto visual capaz de neutralizar las fuerzas negativas, los celos, la envidia y las malas intenciones.
Aunque el nudo aparece en una gran variedad de contextos culturales, desde villas romanas hasta sinagogas, iglesias cristianas tempranas y arte bizantino, su presencia en Esmirna representa un ejemplo de integración de la simbología visual en los entornos domésticos y públicos de la sociedad tardorromana. Los investigadores han subrayado, además, que este es el primer pavimento de mosaico que se descubre en la zona en más de sesenta años.
Esmirna: arquitectura, fe y protección
Esmirna representa un caso paradigmático de urbanismo antiguo que cambió su perfil tras las conquistas de Alejandro Magno. Como principal centro comercial y cultural del Egeo oriental, fue sometida a un proceso de reformas y ampliaciones durante la época helenística, sin perder su importancia estratégica durante la Antigüedad Tardía.
El mosaico se descubrió en un edificio construido entre los siglos IV y VI d.C., época en la que la ciudad manifestaba un intenso sincretismo cultural y religioso. Este periodo estuvo marcado por la convivencia entre las tradiciones paganas, los símbolos populares de protección y la emergencia del cristianismo.
La función original de este edificio aún no ha podido precisarse. Podría tratarse de una residencia privada de gran importancia o de un espacio público destinado al uso colectivo. El simbolismo del mosaico y su ubicación en una arteria principal de la ciudad sugieren, sin embargo, que no se trataba de un simple espacio utilitario, sino de un lugar donde fuese necesario proteger a sus ocupantes de las influencias nocivas del entorno.

El simbolismo protector del mosaico
El “nudo de Salomón” es un símbolo recurrente en el arte mediterráneo antiguo, y su significado ha sido objeto de interpretación interdisciplinaria entre arqueólogos, historiadores y antropólogos. Más allá de su complejidad geométrica, se le atribuye una función apotropaica —es decir, destinada a repeler el mal— que trasciende contextos religiosos específicos, siendo adoptado por diferentes tradiciones iconográficas y espirituales a lo largo de los siglos.
Alrededor del nudo central, motivos más pequeños con forma de cruz aparecen distribuidos entre los paneles geométricos, lo que sugiere una fusión de lenguajes visuales que, a través del tiempo, absorbieron elementos prerromanos, cristianos y populares. Esta combinación de elementos subraya una característica central del arte de la Antigüedad Tardía: la coexistencia y convergencia de símbolos que, si bien pudieron nacer en contextos distintos, se reinterpretaron con fines comunes de protección y bienestar.

Un espacio que sobrevivió siglos de transformaciones
Uno de los aspectos más notables de este descubrimiento, además de su originalidad y rareza, deriva de su reutilización posterior. Las evidencias arqueológicas indican que la habitación con el mosaico se reabrió para ser utilizada de nuevo en el siglo XIX, es decir, unos 1500 años después de su construcción original. Se estima que se construyeron estructuras vinculadas a un hospital o quizás a una serie de residencias cercanas directamente sobre el piso antiguo. De hecho, el mortero de las paredes posteriores se aplicó directamente sobre el mosaico.
Este uso prolongado, así como el interés que despertó el mosaico en generaciones enteras, parece ilustrar el modo en que las sociedades posteriores incorporaron los vestigios de la Antigüedad a su propio tejido urbano y social, reinterpretándolos unas veces y preservándolos otras como parte de la memoria material del lugar.

Entre el arte y la creencia
El hallazgo del mosaico con el nudo de Salomón en Esmirna abre las puertas al estudio de las prácticas y las creencias que trufaban las sociedades del Mediterráneo tardorromano. Entre lo decorativo y lo funcional, estas creencias se integraban en la vida cotidiana y en la arquitectura. Por otro lado, la continuidad de uso del espacio a lo largo de casi dos milenios ofrece una perspectiva única sobre cómo los restos antiguos pueden integrarse como elemento esencial de una continuidad urbana y cultural que trasciende periodos históricos y transformaciones sociales. Este mosaico de Esmirna parece sugerir que los símbolos y sus significados son agentes activos en la historia de las ciudades y de sus habitantes, capaces de configurar relaciones complejas entre el arte, las creencias y la memoria colectiva.
Referencias
Cortesía de Muy Interesante
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