En el corazón de la isla de Sulawesi, al este de Borneo, un grupo de arqueólogos ha desenterrado uno de los registros más completos y antiguos de presencia humana en Asia insular. La investigación, publicada en diciembre de 2025 en la revista PLOS ONE, documenta casi ocho metros de sedimentos arqueológicos en la cueva de Leang Bulu Bettue, una formación caliza situada en la región kárstica de Maros-Pangkep, al sur de Indonesia.
El hallazgo no solo supone un hito en el estudio de la prehistoria asiática: también abre una posibilidad fascinante que podría transformar lo que sabemos sobre la expansión de nuestra especie por el planeta. Según los datos obtenidos, Homo sapiens habría llegado a esta isla entre 50.000 y 65.000 años atrás, cuando todavía habitaban allí otros homínidos arcaicos. Si esta coincidencia temporal se confirma, Sulawesi podría ser el escenario de una interacción hasta ahora solo hipotética entre dos especies humanas distintas.
Una cueva que guarda 200.000 años de historia
La investigación ha sido liderada por un equipo internacional de arqueólogos e instituciones indonesias y australianas, entre ellos Basran Burhan y Adam Brumm, del Centro Australiano para la Evolución Humana de la Universidad Griffith. Las excavaciones en Leang Bulu Bettue comenzaron en 2013 y, tras siete campañas de campo, han revelado una secuencia casi ininterrumpida de ocupación humana que se remonta, al menos, a unos 208.000 años.
Los primeros niveles de ocupación, conocidos como Fase I, están compuestos por herramientas de piedra toscamente talladas y restos óseos de animales cazados y procesados, como los famosos anoas (una especie de buey en miniatura endémico de Sulawesi) y elefantes de colmillos rectos hoy extintos. El tipo de herramientas y los patrones de actividad detectados apuntan a una tradición cultural estable, desarrollada por una especie humana anterior a la nuestra.
En estos niveles más antiguos, destaca el hallazgo de un pico de piedra unifacial, una herramienta robusta y poco frecuente, que parece indicar un comportamiento técnico relativamente complejo y estable en el tiempo. Las dataciones de estas capas más profundas sitúan sus orígenes entre 132.000 y más de 200.000 años atrás, mucho antes de que Homo sapiens se expandiera fuera de África.

El gran cambio de hace 40.000 años
Pero lo que más ha llamado la atención de los investigadores es lo que ocurre más adelante, en los niveles intermedios de la excavación, a unos tres o cuatro metros de profundidad. A partir de unos 40.000 años atrás, se observa una transformación cultural radical: nuevas técnicas de talla de piedra, uso sistemático de pigmentos como el ocre, creación de arte portátil, cuentas de adorno personal y huesos perforados. Es lo que los arqueólogos han clasificado como Fase II.
Estos elementos no aparecen de forma gradual, sino que irrumpen bruscamente en el registro, como si se tratase de una nueva población humana con una forma distinta de entender el mundo. Esta Fase II encaja perfectamente con lo que se conoce del comportamiento simbólico de los primeros Homo sapiens: pensamiento abstracto, expresión artística, ornamentación corporal y un repertorio tecnológico más sofisticado.
La hipótesis que manejan los investigadores es tan cautivadora como controvertida: lo que se está viendo en la cueva de Leang Bulu Bettue podría reflejar el momento en que los Homo sapiens llegaron a la isla y reemplazaron, o quizás se mezclaron, con la población de homínidos arcaicos que ya vivía allí desde hacía miles de años.

Un cruce de caminos entre Asia y Oceanía
La importancia de Sulawesi en la historia de la humanidad ha sido tradicionalmente infravalorada. Sin embargo, su posición geográfica la convierte en un punto estratégico entre el continente asiático y la antigua masa terrestre de Sahul, que unía Australia con Nueva Guinea. Es muy probable que los primeros Homo sapiens que poblaron Oceanía pasaran por Sulawesi en su viaje desde Asia.
Lo fascinante es que en esta isla no solo vivieron nuestros ancestros. También lo hicieron otros homínidos, cuya identidad sigue siendo un misterio. No se han encontrado restos fósiles de ellos en Leang Bulu Bettue, pero las herramientas y la fauna asociada en los estratos más antiguos dejan claro que eran diferentes a nosotros. Algunos científicos apuntan a que podrían haber sido descendientes de Homo erectus, los mismos que habitaron Java, o incluso una población relacionada con los Denisovanos, de quienes sabemos que dejaron su huella genética en los aborígenes australianos y los papúes.
Lo que propone este estudio es que ambas especies pudieron convivir —o al menos compartir espacio temporal— en la misma isla, en el mismo ecosistema, en un momento crítico de la historia evolutiva de la humanidad. Una posibilidad que, si se confirma con nuevas evidencias, podría revolucionar nuestra comprensión del contacto entre humanos modernos y arcaicos en Asia.

Lo que queda por excavar
A pesar del gran avance que suponen estos hallazgos, los investigadores reconocen que aún no han llegado al fondo del yacimiento. Se estima que podrían quedar varios metros más de sedimento arqueológico por excavar, lo que podría contener nuevas sorpresas sobre los primeros habitantes de Sulawesi y sus posibles encuentros con nuestra especie.
En este contexto, Leang Bulu Bettue se convierte en una cápsula del tiempo única, capaz de revelar detalles sobre la evolución humana en una región del planeta todavía poco explorada desde el punto de vista arqueológico. La continuidad de la ocupación, la riqueza de los materiales culturales y la posibilidad de un solapamiento entre especies humanas hacen de este lugar uno de los sitios más prometedores del mundo para el estudio del pasado profundo.
¿Y si ya nos habíamos encontrado antes?
Los científicos aún deben responder muchas preguntas. ¿Fueron estos contactos pacíficos o competitivos? ¿Se produjo algún tipo de mestizaje, como ocurrió entre Homo sapiens y neandertales en Europa? ¿Desaparecieron los homínidos arcaicos por presión ecológica o por desplazamiento directo? ¿Y qué implicaciones tiene esto para entender nuestra propia historia evolutiva?
Lo que está claro es que Sulawesi, una isla que durante años ha estado en la periferia del relato evolutivo global, puede tener un papel protagonista en el próximo capítulo de esa historia.
Referencias
- Basran Burhan et al, A near-continuous archaeological record of Pleistocene human occupation at Leang Bulu Bettue, Sulawesi, Indonesia, PLOS One (2025). doi: 10.1371/journal.pone.0337993
Cortesía de Muy Interesante
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