Creatividad: el nuevo capital de la economía mexicana

México fue, por décadas, un país que creció fabricando.
 Hoy, el reto es crecer imaginando.

Durante buena parte del siglo XX, nuestra economía se sostuvo en la manufactura, la mano de obra y la exportación de bienes.
Esa base productiva fue esencial para el desarrollo industrial y el empleo formal.
Pero en 2026, el modelo se está moviendo en otra dirección: hacia una economía del pensamiento.

No del pensamiento abstracto, sino del pensamiento que crea valor.
De la capacidad humana para conectar ideas, resolver problemas, diseñar soluciones y generar innovación.
En una palabra: creatividad.

De la fábrica al pensamiento

La competitividad de México ya no depende solo de cuánto produce, sino de qué tan distinto puede producirlo.
Y esa diferencia no viene de la maquinaria, viene de las mentes.

Durante años, medimos el progreso en toneladas, horas trabajadas y número de empleos.
Pero los países que están liderando la economía global miden algo distinto: la capacidad de sus ciudadanos para imaginar, combinar, adaptar y crear.

La manufactura sigue siendo clave, pero ahora necesita estar impulsada por pensamiento creativo: ingeniería aplicada, diseño, innovación digital, comunicación estratégica, educación, ciencia y cultura.
En cada uno de esos sectores, el capital más valioso ya no es físico ni financiero.
Es humano.

La creatividad como activo económico

Pensar creativamente ya no es un lujo cultural, es una necesidad productiva.
Las empresas que sobrevivieron a la automatización lo hicieron porque encontraron una manera distinta de ofrecer valor.
Los profesionistas que siguen vigentes son los que entendieron que la creatividad no es un talento artístico, sino una habilidad económica.

La creatividad resuelve, conecta, adapta y transforma.
Y es justo eso lo que hoy necesita México: pasar de una economía de repetición a una economía de invención.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la llamada “economía naranja” -la de las industrias creativas y del conocimiento- ya representa más del 6% del PIB regional.
En México, ese porcentaje sigue siendo modesto, pero crece con fuerza, especialmente en el sector digital, educativo y de servicios especializados.

Lo interesante es que buena parte de ese crecimiento proviene de profesionistas independientes: diseñadores, ingenieros, consultores, creadores de contenido, educadores, estrategas.
Es decir, del mismo grupo que está reconfigurando el mapa laboral del país.

Del empleo al talento: la nueva unidad de medida

Si en la era industrial la unidad económica era el puesto, en la era creativa la unidad es el talento.
El talento entendido como la capacidad de generar valor único, de resolver con ingenio, de ofrecer soluciones que no se pueden automatizar.

El futuro de México no se definirá por su número de trabajadores, sino por su número de creadores.
Y ahí surge una oportunidad histórica: convertir nuestra diversidad, nuestra cultura y nuestra inteligencia colectiva en materia prima económica.

El talento mexicano ha sido reconocido en todo el mundo por su ingenio.
El problema es que durante años no lo consideramos capital.
Lo tratamos como un complemento, no como un eje de desarrollo.
Esa percepción está cambiando, y rápido.

La innovación humana: un nuevo paradigma

En 2026, la innovación ya no depende exclusivamente de la tecnología, sino de la capacidad humana para usarla con propósito.
Porque la tecnología sin creatividad solo repite procesos.
En cambio, cuando se combina con pensamiento original, multiplica resultados.

Por eso, hablar de innovación humana es reconocer que la diferencia no la hacen los algoritmos, sino quienes saben pensar distinto, aprender distinto y conectar distinto.
México tiene todo para construir una economía basada en esa mentalidad: talento, diversidad, juventud, resiliencia y una cultura profundamente creativa.

El reto es darle valor económico a esa creatividad.
Y eso exige políticas públicas, educación distinta, pero también un cambio de mentalidad individual.

El nuevo profesional mexicano

Cada vez más, los profesionistas están dejando de definirse por su puesto y comenzando a hacerlo por su capacidad de aportar ideas.
El ingeniero que también diseña, el abogado que comunica, la contadora que emprende, el especialista que se vuelve estratega: todos ellos son ejemplos de una nueva fuerza laboral multidimensional.

Y aquí vuelve tu sello, Maribel: El Poder del Riesgo.
Porque pensar distinto también implica riesgo.
El riesgo de dejar atrás la especialización cómoda, de cruzar disciplinas, de romper moldes, de proponer algo nuevo.

Pero como en cada transformación, el verdadero riesgo no está en crear, sino en seguir copiando.
La estabilidad ya no se encuentra en la repetición, sino en la evolución.

De la creatividad individual al bienestar colectivo

La creatividad no solo genera ingresos, genera cohesión social.
Cuando un país fomenta la innovación, fomenta también la inclusión, la educación y la participación económica.
Las personas dejan de competir por puestos y comienzan a colaborar por proyectos.
Eso produce algo más que crecimiento: produce comunidad.

Por eso, si 2026 será el año de la economía independiente, también puede ser el año en que México entienda que su capital más grande es su gente pensante.

Y esa es una oportunidad histórica: transformar la creatividad en motor de desarrollo, la innovación humana en política económica, y el pensamiento en nueva forma de riqueza.

Atrévete al cambio: el nuevo empleo es tu mentalidad

La manufactura nos dio base.
La creatividad puede darnos futuro.

El cambio que está viviendo México no es solo tecnológico; es mental.
Y en ese cambio, la creatividad no es un lujo para unos cuantos, es la herramienta que todos necesitamos para seguir siendo valiosos.

Así que, si el país está cambiando de rumbo, atrévete a pensar distinto.
Porque el nuevo capital no se acumula en cuentas, se construye en ideas.

Y como siempre, recuerda:
 el poder está en el riesgo.
 El riesgo de imaginar.

La creatividad hoy no se trata solo de tener ideas, sino de decidir qué hacer con ellas.

¿En qué momento de tu carrera sentiste que necesitabas pensar distinto para seguir siendo relevante?

Abramos la conversación.

Porque compartir experiencias también es ejercer El Poder del Riesgo.

*La autora es analista en transición profesional, toma de decisiones e innovación humana

Cortesía de El Economista



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