Violencia pandillera trastoca vida en Guatemala

Ciudad de Guatemala. Indignados, temerosos y con calles semivacías, los guatemaltecos vivieron ayer 19 de enero, el primer día de un estado de sitio decretado por el gobierno tras el asesinato de nueve policías a manos de pandilleros, para quienes exigen ahora el máximo castigo.

El miedo se disparó entre los habitantes de la capital y sus localidades vecinas, donde el domingo se registraron varios ataques contra instalaciones policiales y patrullas en represalia por la retoma de tres cárceles donde jefes pandilleros mantenían como rehenes a 46 personas.

“Es preocupante porque no se puede salir tranquilo sin que pase nada”, dijo Alondra, estudiante universitaria.

Nueve agentes, entre ellos dos mujeres y varios de reciente graduación, fallecieron en estos atentados.

Las autoridades afirman que los ataques a la policía y los motines en tres prisiones se dieron para presionar el traslado de Aldo Dupie alias “El Lobo”, un líder de la temida pandilla Barrio 18, a una cárcel de menor seguridad.

Dupie es señalado de orquestar los motines. El domingo, este cabecilla fue mostrado en televisión rodeado de agentes con armas largas, jadeante, arrodillado y con manchas de sangre.

Cama king size

“También deseaba que en el pabellón (donde estuviera preso) se instalara aire condicionado, que se dejara ingresar una cama ‘king size’, que se dejara ingresar comida de ciertos restaurantes”, denunció el ministro de gobernación, Marco Antonio Villeda.

Para el maestro Erwin Oliva, esos privilegios otorgados en el pasado por gobiernos “permisivos” envalentonaron a los criminales.

“Se está cosechando lo que se ha estado sembrando durante tantos años, con darles privilegios a los pandilleros, con tenerlos cómodos dentro de las cárceles”, lamenta Oliva.

Cortesía de El Economista



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