Un simple muro de piedra escondía una joya del Carbonífero: hallan fósiles marinos de 340 millones de años con detalles que parecen grabados a mano

En pleno corazón del Peak District, un grupo de voluntarios y trabajadores del National Trust descubrió recientemente algo que nadie esperaba encontrar en una estructura construida por el ser humano: los restos fósiles de dos criaturas marinas que habitaron el planeta hace 340 millones de años, durante el periodo Carbonífero. El comunicado fue publicado por la propia institución en redes sociales, donde compartieron la emoción del momento, describiendo el hallazgo como un “tesoro oculto” en uno de los muros de piedra seca que cruzan el parque nacional.

El descubrimiento tuvo lugar mientras los equipos restauraban una sección de muro en el área conocida como White Peak, una región conocida por su paisaje kárstico y por estar compuesta de calizas que, en tiempos remotos, se formaron en el fondo de un mar tropical poco profundo. Lo que parecía una labor rutinaria de conservación del paisaje derivó en una revelación paleontológica.

Los fósiles encontrados pertenecen a dos goniatites, un grupo extinto de moluscos cefalópodos emparentados con los actuales pulpos y calamares. Estos animales habitaban los mares hace cientos de millones de años, y su morfología recuerda a la de los famosos amonites, aunque son más antiguos y con características ligeramente distintas. Sus conchas en espiral, formadas por cámaras que se llenaban de gas para regular la flotación, han quedado impresas con sorprendente detalle en la piedra caliza del muro.

El mar olvidado del Carbonífero

Hace más de trescientos millones de años, lo que hoy es Inglaterra central estaba sumergido bajo un mar cálido y lleno de vida. El periodo Carbonífero, comprendido entre hace 359 y 299 millones de años, fue una era marcada por grandes selvas costeras, pantanos gigantescos y un océano rico en formas de vida marinas. En este contexto, los goniatites eran animales comunes, pero raramente aparecen tan bien conservados como en este caso.

Lo que hace especial este descubrimiento no es solo su antigüedad, sino la calidad excepcional de su preservación. Los fósiles revelan detalles minuciosos de las cámaras interiores de las conchas, con patrones ondulados y líneas tan nítidas que, según relatan quienes participaron en el hallazgo, parecían haber sido dibujadas a mano. Este nivel de detalle es inusual en fósiles encontrados en el Peak District, donde normalmente aparecen fragmentos rotos o apenas reconocibles.

La piedra caliza que forma la mayor parte del subsuelo del White Peak es un excelente registro fósil, pero encontrar ejemplares tan completos y visibles en la superficie de una pared seca resulta poco común. Esto sugiere que las piedras empleadas para construir el muro pudieron haber sido extraídas en su momento de una cantera cercana, donde quedaron atrapadas estas reliquias de un mar ya desaparecido.

l fósil fue localizado en la zona de White Peak, en el corazón del Peak District
l fósil fue localizado en la zona de White Peak, en el corazón del Peak District. Fotos: National Trust/Christian Pérez

Un muro como máquina del tiempo

La imagen resulta tan poética como científica: una estructura construida por el ser humano, hecha con piedras dispuestas manualmente hace siglos o décadas, encierra en su interior restos de criaturas que vivieron cuando ni siquiera existían los dinosaurios. El contraste entre lo artificial y lo natural, entre lo reciente y lo milenario, transforma al muro en una suerte de máquina del tiempo accidental.

Este tipo de hallazgos pone de relieve el valor oculto que poseen muchas de las construcciones tradicionales de las zonas rurales británicas. Las paredes de piedra seca, típicas del paisaje del Peak District, no utilizan mortero y se mantienen en pie gracias al cuidadoso equilibrio entre sus piezas. Han sido parte del entorno durante generaciones, y ahora se revelan también como conservadoras involuntarias de la historia más profunda del planeta.

Aunque el National Trust ha optado por no revelar la ubicación exacta del muro, con el fin de evitar el expolio o el turismo descontrolado, sí ha confirmado que los fósiles serán preservados y utilizados con fines educativos. Se integrarán en charlas, visitas guiadas y materiales de divulgación que buscan despertar la curiosidad del público por la geología y la evolución de la Tierra.

Los restos pertenecen a dos antiguos animales marinos llamados goniatites, una especie hoy desaparecida y emparentada con los cefalópodos modernos, como los calamares y los pulpos
Los restos pertenecen a dos antiguos animales marinos llamados goniatites, una especie hoy desaparecida y emparentada con los cefalópodos modernos, como los calamares y los pulpos. Foto: National Trust

Una historia escrita en piedra

Más allá del impacto visual y científico del hallazgo, hay un componente emocional que no debe subestimarse. Descubrir un fósil bajo tus pies o en una piedra cualquiera es una experiencia que conecta directamente con la historia de la vida en el planeta. Nos recuerda que la Tierra tiene una memoria escrita en capas, en rocas, en fósiles que esperan ser encontrados. Y que, a menudo, los objetos más valiosos no están enterrados en yacimientos famosos, sino integrados en nuestro entorno más cotidiano.

Los goniatites, como muchos otros fósiles marinos, no solo son importantes para los paleontólogos. Tienen un valor añadido como fósiles guía, es decir, especies cuya presencia en determinadas capas geológicas ayuda a fechar con precisión los estratos. Al haber evolucionado rápidamente y estar distribuidos por diversos océanos del mundo antiguo, son como relojes naturales incrustados en la piedra. En este sentido, el hallazgo también aporta datos valiosos para la geocronología de la región.

Por último, este tipo de descubrimientos son también un recordatorio de la vulnerabilidad del patrimonio natural. Las erosiones, el cambio climático o la simple actividad humana pueden alterar o destruir estos testimonios sin que lleguemos a conocerlos. De ahí la importancia de cuidar el entorno, de estudiar el pasado y de entender que no todos los tesoros están enterrados bajo tierra: algunos están a simple vista, esperando que alguien con ojos curiosos los mire con atención.

Cortesía de Muy Interesante



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