Hoy en día la digitalización ha permeado casi todos los rincones de nuestra vida: vivimos hiperconectados y tenemos IA hasta en los electrodomésticos. Como era de esperarse, esto ha comenzado a pasar factura, especialmente en los millennials, que han vivido el tránsito entre lo análogo y lo digital, y la generación Z, que nació en un mundo dominado por las computadoras, el internet y los celulares.
Como respuesta a este agotamiento es que desde hace algunos años, estas generaciones han vuelto a lo simple y han visto en las tecnologías del pasado no solo un recurso estético, sino un refugio de las pantallas, una forma de poner pausa al vertiginoso día a día y tomarse un momento para reconectar con su entorno.
El regreso de las cartas y las máquinas de escribir
Un artículo reciente de Fortune cuenta cómo, cansados de la hiperconexión y el uso constante de las pantallas, los millennials y la generación Z están retomando prácticas analógicas como la escritura de cartas, el envío de postales y la escritura a mano. Para quienes realizan estas actividades, les han ayudado a ser más conscientes del tiempo y a construir “conexiones significativas” con otras personas.
En redes sociales como TikTok es fácil dar con cuentas de usuarios que muestran sus habilidades caligráficas o que enseñan a crear álbumes de recortes o “diarios basura” con materiales reciclados y desechos cotidianos que ayuden a documentar eventos especiales. Pero no todo se queda en las redes, afuera, en las calles, la gente organiza clubes de mecanografía o grupos de amigos por correspondencia con personas de otras ciudades o países.
Por ejemplo, Kiki Klassen, una joven originaria de Ontario, Canadá, fundadora de Lucky Mail Club, un servicio de correo de suscripción mensual que envía a los participantes una obra de arte, una cita inspiradora y un mensaje. O Robert Owoyele, creador de CAYA, un evento mensual en Dallad, Texas, que reúne a personas interesadas en escribir cartas, colorear, escuchar discos de acetato y otras actividades lejos de las pantallas.
Así, la escritura analógica se convierte también en una forma de crear comunidad, de conectar con otros. Stephania Kontopanos, una estudiante de 21 años de Chicago, reconoce que actualmente es difícil dejar de lado el teléfono, especialmente cuando parece que todos sus amigos, sus clases y vida personal giran en torno a estar en línea. Además, escribir a mano ayuda a ser más consciente de lo que se hace, pero también se vuelve un ejercicio íntimo de reflexión.
2026 será un año más analógico y creativo
Esta vuelta a lo “retro” no se observa solo en la escritura. En realidad es un fenómeno que alcanza a la fotografía, la música y otras formas de expresión. Porque cierto, tenemos celulares que pueden tomar miles de fotos en gran calidad y servicios de streaming que nos permiten acceder a gigantescos catálogos de música, cine y televisión, pero es que quizás ahí está el problema: tenemos tanto que al final no apreciamos nada.
Como menciona la socióloga Sian Lincoln, “en la cultura general todo es reversible y reproducible“. Por ejemplo, una foto en redes sociales se puede borrar y filtrar con demasiada facilidad. En cambio esa foto que se toma con una cámara instantánea o de rollo se vuelve única, no solo por ser un objeto tangible, sino porque le da un nuevo significado al error y al azar. “En un mundo saturado de réplicas, lo imperfecto adquiere valor“.
Lo mismo pasa con la música: que la venta de vinilos crezca en pleno 2026 no es casual, es un reflejo del deseo de pausa. Como dice el periodista David Sax: “el vinilo es un acto de resistencia física en un mundo que prioriza la velocidad“. Ya no se trata solo de escuchar música, sino de ejecutar todo un ritual que se opone a la inmediatez de las plataformas: abrir el disco, ponerlo en el tocadiscos, colocar la aguja.
De acuerdo con Noro, el 2026 verá el surgimiento de prácticas analógicas que van más allá de los estético, sino que también involucrará una nueva administración del tiempo y un cambio en la relación con los objetos cotidianos. Por ejemplo, establecer horarios de uso sin dispositivos o priorizar los encuentros presenciales por encima de las reuniones virtuales.
Cortesía de Xataka
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