Por Horacio Rivera
Primero fue el ex fiscal Gertz Manero; luego renunciaron al canciller, Juan Ramón de la Fuente. Después le tocó la guillotina a Citlalli Hernández, secretaria de la Mujer. Vendría también la solicitud de licencia de la senadora Andrea Chávez. Eso sin mencionar a Víctor González Padilla, el extraviado director de PEMEX, cuya salida urge
La presidenta Sheinbaum está dando señales de que la caballada está flaca. Y es que de todos los arriba mencionados, ninguno dio el ancho durante el tiempo que estuvo en el cargo. Mucha lealtad, pero poca eficiencia. Y vaya que nos han costado una buena lana a los contribuyentes. Y nos seguirán costando, porque varios de ellos continuarán en la nómina del gobierno mexicano sólo que en otros puestos. Por ejemplo Citlalli Hernández, quien ahora será la flamante presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena. Ojalá su desempeño sea muy distinto al que tuvo al frente de Secretaría de la Mujer, donde según la presidenta Sheinbaum, hizo muchas cosas. Sí. Excepto ver por los derechos de las propias mujeres, como las madres buscadoras, para quienes nunca tuvo un gesto de solidaridad con su causa. Y mucho menos levantó la voz frente al gobierno, para protestar ante los hallazgos de fosas clandestinas como las encontradas en el infame Rancho Izaguirre en Jalisco. Lo de González Padilla ya es urgente. En un tiempo récord al director de PEMEX se le incendió la refinería de Dos Bocas en dos ocasiones. Por no mencionar el gigantesco derrame de petróleo en cientos de kilómetros del litoral del Golfo de México ocurrido en marzo. Finalmente González Padilla tuvo que aceptar que, en efecto, el derrame de petróleo había sido culpa de PEMEX. Sí, de PEMEX, no de él. Porque según los dichos del noble e incauto director, éste fue engañado por un puñado de malosos (de PEMEX) que le presentaron informes alterados acerca del siniestro. Insidiosos.
Opacidad
La opacidad con la que el gobierno se ha manejado estos despidos, ha dado lugar a variadas conjeturas y sospechas en los medios y las redes. En los viejos tiempos era el vocero de la presidencia o el propio funcionario que iba a dejar el hueso, el encargado de salir ante los medios para dar la noticia de su renuncia. Hoy, con la mañanera a cuestas, la presidenta se ha vuelto vocera de sus propias decisiones. Por supuesto jamás esperaríamos que Sheinbaum nos dijera que el despido de tal o cual morenista fue su decisión, en vez de eso nos echan el cuento de que todos los aludidos “renunciaron” por decisión propia. Y por supuesto, la presidenta tuvo a bien aceptar su renuncia. Al calor de los rumores surgen las contradicciones. Sin ir más lejos, el caso de Citlalli vuelve a ser un ejemplo. Según la presidenta fue la propia Citlalli quien se apersonó en su oficina intempestivamente para comunicarle que había decidido renunciar a la Secretaría de la Mujer. “Casi me voy de espaldas”, reconoció la presidenta al saber la decisión de Citlalli. Después, Luisa María Alcalde, dirigente morenista, salió a decir que ella fue quien le pidió a Citlalli que dejara la Secretaría de la Mujer para que regresara al partido y la apoyara en los trabajos de Morena. Según Alcalde, ella misma le avisó a la presidenta que Citlalli iba a renunciar. Entonces, ¿la presidenta sabía de ante mano que se avecinaba un cambio? Y si fue así, ¿por qué nos dijo que la renuncia de “Citla” la sorprendió?
Escuela Montessori
Para asombro de propios y extraños el gabinete de la presidenta Sheinbaum se ha convertido en una especie de kínder Montessori, en donde cada uno hace lo que quiere. No hay manera de meterlos en cintura. Roban, mienten, traicionan al pueblo. En su momento respetaron y le hicieron caso a López Obrador porque fue él quien los puso en el poder. Le debían mucho. Con Sheinbaum es distinto, pues parte de su gabinete fue impuesto por el ex presidente. O sea quienes rodean a Sheinbaum le deben poco. Tan poco, como para no hacerle caso. Eso sí, la meten en cada aprieto. Como el escándalo que se generó a partir de una fotografía en la que una misteriosa mujer yace apoltronada ante una ventana de palacio Nacional tomando el sol. Si nada más le faltó tener un mesero junto. Y como ésa, hay varias en el repertorio del gabinete que harían palidecer al mismísimo PRI.
Las cabezas cortadas hasta ahora representan solamente un pequeño porcentaje de todos los que deberían renunciar al encargo. Y lo harán pronto, pero no por que la presidenta los vaya a echar de su lado, sino porque varios de ellos se irán a buscar alguno de los huesos, incluidas 17 gubernaturas, que se disputarán en las elecciones de 2027. También es cierto que hay unos cuantos que si renunciaran, pondrían en serios aprietos al gobierno mexicano. Como el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. Quien, aunque la semana pasada confesó con absoluto cinismo que usó su poder y sus influencias para que su hijo viviera de gorra en la embajada de México en Londres durante seis meses, no puede saltar del barco, pues es precisamente Ebrard quien encabeza la negociación del T-MEC con los gringos. Así que por ahora, con todo y su cinismo, seguirá siendo del club de los intocables. Sí. Intocables y peligrosos muchos de ellos. Tan peligrosos como chivo en cristalería. Se viene rumorando desde hace semanas que María Luisa Alcalde podría ser la próxima en dejar el puesto. Pero lo cierto es que hasta ahora la dirigente de Morena se podido sostener. Algo parecido ocurre con Andy, secretario de Organización de Morena, quien también se supone que se mece en la cuerda floja. Pero ahí sigue. Y es que no hay de qué preocuparse. Porque mientras les viva su tata López Obrador, los podrán echar del puesto mil veces, que siempre habrá para ellos un huequito en la tómbola del poder.
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