Por Horacio Rivera
Haber cancelado la visa de Andy es un golpe lanzado por el gobierno de Donald Trump para descarrilar las aspiraciones políticas del hijo de López Obrador. El mensaje también va dirigido a todos aquellos políticos y empresarios que tienen vínculos con la maña, y que hoy se sienten tentados por la idea de convertirse en candidatos de Morena en las próximas elecciones
Antes de que la prensa de la mañanera del viernes 14 de agosto hiciera la pregunta incómoda, la presidenta Sheinbaum se adelantó. De inmediato fijó su postura frente a la carta que Andy le envió a Donald Trump para reclamar airadamente por el hecho de que el Departamento de Estado le hubiera retirado la visa. Es un asunto meramente político, dijo Sheinbaum con el rostro endurecido, echando por tierra cualquier posibilidad de que hubiera algún otro motivo para “desvisar” a Andy. ¿Qué otro motivo podría haber? Si Andy es un pan de Dios. Según Sheinbaum, ella ignoraba que los gringos le habían cancelado la visa. ¿O sea que ella, al igual que todos los mexicanos, se enteró de tan desafortunado incidente por la carta enviada a Donald Trump? Cuesta trabajo creer esa historia. Suena más factible que fuera la propia presidenta quien le sugiriera a Andy que hiciera pública la noticia de que la visa le había sido retirada, antes de que los propios gringos lo hicieran por medio del New York Times o de CNN. ¿Y Sheinbaum conocía a cabalidad el contenido de la carta?
Por el semblante de la presidenta, envuelto en cólera, cualquiera diría que no. Tal vez fue por eso que en algún momento de la conferencia de aquel viernes, Sheinbaum soltó que si Andy fuese culpable de algún delito en México, se procedería conforme a ley, ya que su gobierno no encubre a nadie. Jamás se había visto que desde Palacio Nacional se hablara de esa forma acerca de alguno de los hijos de López Obrador. Y es que el berrinche de Andy volvió a poner al gobierno mexicano en conflicto con los gringos. La soberbia y la ingenuidad de Andy son tan grandes que, en lo que éste escribió, le exige a Donald Trump que eche del cargo, tanto al secretario de Estado, Marco Rubio, como al subsecretario, Christopher Landau. ¿Por qué? Pues porque fueron ellos quienes se atrevieron a negarle la entrada a Estados Unidos, país que según el propio Andy, atraviesa tiempos decadentes y lamentables. ¿Será que Trump leyó la carta? Si lo hizo, probablemente soltó la carcajada.
Lo que no dice la carta
Como suele ocurrir con los disparates, lo que no se dijo resulta más importante que aquello que sí se dijo. En este sentido la carta-berrinche de Andy deja muy claro la idiosincrasia de la clase política mexicana, especie de reyezuelos con poder ilimitado. Si Andy está pidiendo en su carta que le corten la cabeza a Rubio y a Landau es porque está convencido de que en el mundo (al menos en su mundo) las cosas se manejan tal como se manejan en México. En México a Andy le habría bastado con hacer una llamada y quejarse con algún alto mando de Morena o con su papá, para que éste echara de sus cargos a los dos majaderos que tuvieron la osadía de hacerle pasar un mal rato. Entre líneas, el texto de la carta no sólo deja ver el carácter venal de su autor, sino que también retrata la idiosincrasia de la izquierda latinoamericana. Una izquierda caduca, atrapada entre el idealismo marxista y la codicia neoliberal. Esa izquierda que siente que posee una superioridad moral sobre cualquiera que no piense como sus dirigentes y próceres. Esa izquierda estridente y lengua larga, que a lo hora de los reproches, termina diciendo que no dijo lo que todos escuchamos que dijo.
Descarrilar candidatos
La gran pregunta es por qué le quitaron la visa a Andy. Hay muchas especulaciones y teorías al respecto. La narrativa que goza de mayor popularidad es aquella que afirma que los gringos investigan a Andy por estar vinculado al negocio del huachicol. ¿Será sólo eso? Lo que no se puede poner en duda es que el golpe dado por el gobierno gringo fue lanzado para descarrilar las aspiraciones políticas del hijo de López Obrador, quien ya anda en campaña anticipada buscando una diputación federal. El mensaje no es sólo para Andy, sino también para todos aquellos políticos y líderes de opinión que hoy se sienten tentados por la idea de convertirse en candidatos de Morena en las próximas elecciones. En pocas palabras, aquel candidato que, a juicio de los gringos, tenga vínculos con la mañana, ya sabe a lo que se atiene. Será perseguido y nunca más podrá poner un pie en Estados Unidos. Algo que para algunos ese puede ser un duro castigo. Si como dice en su carta, a Andy no le importa que no lo dejen entrar Estados Unidos, ¿por qué demonios se queja de que le hayan cancelado la visa? Tal vez detrás del disfraz de líder socialista se esconde un neoliberal de clóset.
En lo que se equivoca el gobierno mexicano, azuzado por el ex presidente López Obrador, es en tratar de convertir el problema de un particular en un problema de todos los mexicanos, usando tramposamente el pretexto de la soberanía nacional. Andy es un ciudadano como hay muchos, ni siquiera tiene un cargo público y, mucho menos una trayectoria política, como para que a los ciudadanos pudiera importarnos que los gringos le hayan quitado la visa. Si se la quitaron, no fue porque andaba repartiendo Biblias de casa en casa. Fue porque existen varias investigaciones y declaraciones de testigos que lo vinculan con el huachicol y el crimen organizado. Y lo que son las cosas. Hace poco en una entrevista, Andy afirmaba muy sonriente que el hecho de ser hijo de López Obrador es la llave que le abre la puerta para entrar a todos los domicilios. Poco le duró el gusto, porque esta vez el apellido no le alcanzó para que los gringos no le cerraran la puerta en las narices. Y lo que falta.
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