Por Horacio Rivera
Si alguien le preguntara a Marco Rubio, secretario de Estado de Donald Trump, que a qué político mexicano le daría todo su apoyo para que ganara la elección presidencial del 2030, muy probablemente respondería que a Omar García Harfuch, el actual secretario de Seguridad Pública. El “súper policía” pareciera cumplir todos los requisitos del gobierno gringo, no así los de Morena. Cuya ala más radical, hoy más que nunca, ve a Harfuch con desconfianza
Con Harfuch como candidato es muy probable que Morena volviera a ganar las elecciones presidenciales. Sólo que esta vez las cosas serían muy distintas, pues a diferencia de López Obrador y Claudia Sheinbaum, en el caso de Harfuch, los gringos estarían detrás de él en cada paso de su campaña. Una campaña que, por cierto, pareciera haber iniciado ya. Sólo que el destape del candidato no ocurrió en México, sino en Argentina, durante la Conferencia lnternacional para el Control de Drogas (IDEC), donde Terry Cole, director de la DEA, dijo orgulloso que Harfuch es un socio de confianza y un buen amigo de Estados Unidos. Dicho en otras palabras, Harfuch es el nuevo golden boy de los gringos. Alguien con quien se entienden y sienten que pueden confiar. Al menos mucho más que con otros políticos y militares mexicanos.
Mientras la presidenta Sheinbaum y la 4T se siguen desgarrando las vestiduras porque a Andy, el junior berrinchudo de López Obrador, le fue cancelada la visa para entrar a Estados Unidos, Harfuch, el súper policía mexicano -azote del narco y la maña- participa como invitado de lujo en una cumbre de la DEA, organizada por los propios gringos y el gobierno ultraderechista del presidente argentino, Javier Milei. No, no hay contradicción. Las cosas están muy claras. Si Harfuch está en Argentina, rodeado de elogios, ante decenas de policías de todo el mundo, es porque los gringos así lo decidieron. Fueron ellos quienes lo escogieron como el protagonista del show mundial de la DEA. No había forma de negarse, aunque la presidenta Sheinbaum diga que se lo pensó mucho antes de permitir que Harfuch asistiera a la cumbre.
Dadas las actuales circunstancias y, visto desde el pragmatismo gringo, Harfuch es el candidato ideal para suceder en la presidencia a Claudia Sheinbaum. A los gringos les urge tener del otro lado de la frontera a un presidente que no esté casado con la izquierda. Alguien que además conoce a fondo a los cárteles de la droga y está dispuesto a perseguirlos. Ya ha dado varias muestras. A Washington no le importaría que Morena continuara como partido en el poder, siempre y cuando el nuevo presidente “coopere” por las buenas. Y no a regañadientes y sombrerazos como ocurre con el gobierno actual. Quizá esa “cooperación” incluya que, en caso de llegar a ser presidente de México, Harfuch tenga que emprender una persecución contra varios morenistas, que hoy son señalados de distintos delitos.
Hacia la Grande
El destape de Harfuch en Argentina marca el inicio de un camino todavía muy largo hacia la presidencia de México. Un camino sembrado de escollos. Si bien los gringos se encargarían de descarrilar a todos aquellos adversarios que pudieran hacerle sombra al golden boy, como ya lo hicieron con Andy y su visa, no es menos cierto que para los gringos sería complicado controlar el fuego amigo disparado desde dentro del morenismo. Un fuego amigo que Harfuch ha tenido que soportar desde que pretendía ser candidato de Morena para la elección de jefe de Gobierno de la Ciudad de México. En aquella ocasión el ala más rancia del morenismo, incluido López Obrador, hizo todo lo posible para echar por la borda las aspiraciones de Harfuch. Y lo consiguieron. Eso sí, si alguien le hubiera dicho a los viejos morenistas que a la vuelta de un par de años, Harfuch gozaría de todo el respaldo por parte del gobierno gringo y, que de rebote, se convertiría en “su candidato” para contender en la elección del 2030, habrían sido más condescendientes. ¿Y la izquierda mexicana, aun sabiendo que Harfuch cuenta con el espaldarazo de los gringos, se atrevería a postularlo como su candidato presidencial? El poder es tan adictivo, que algunos harían lo que fuera con tal de no dejarlo ir.
La otra gran pregunta es si Harfuch, aun con el apoyo de los gringos, sería capaz de ganar una elección presidencial, auspiciado por un partido que no fuera Morena. Digamos el PAN o MC. Estaría por verse. Aunque después de todo, Harfuch en dos años ha conseguido lo que López Obrador, Peña Nieto y Felipe Calderón no pudieron lograr. Si bien no ha pacificado el país, sí que ha atorado a algunos de los principales mañosos y generadores de violencia. Desde productores y traficantes de droga, hasta secuestradores, extorsionadores y rateros. Hoy la percepción, tanto en medios como en redes, es que el súper policía ha hecho un buen trabajo. Mucho mejor del que hicieron sus predecesores. Al menos existe la idea generalizada de que alguien está persiguiendo a los mañosos. Todos los días atoran a alguien.
Intervención extranjera
El problema con una probable candidatura presidencial de Harfuch, respaldada por Washington, es que hace algunos meses el Congreso, de mayoría morenista, aprobó una reforma al artículo 41 de la Constitución Mexicana para establecer la nulidad de elecciones, en caso de comprobarse intervención o injerencia extranjera. Según la mentada reforma son varias las causales que podrían interpretarse como intervención o injerencia extranjera; las cuales abarcan desde el financiamiento ilegal de procedencia externa a campañas, hasta la llamada manipulación digital, pasando por los ciberataques para alterar la percepción de la ciudadanía y las presiones mediáticas o financieras de gobiernos extranjeros. Vaya encrucijada para el morenismo. Su mejor gallo, el más fiero y, con el que podría ganar de nuevo la elección presidencial, es al mismo tiempo el favorito de los gringos. Aquel que a dos amos sirve con uno queda mal.
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