Por Horacio Rivera
Con la salida definitiva del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el regreso a México del excontralmirante de la Marina, Fernando Farías Laguna, la presidenta Sheinbaum ha dado el manotazo que debió haber dado desde los primeros meses de su gobierno. Aunque Sheinbaum lo niegue, hoy sus decisiones la enfrentan con el expresidente López Obrador ¿Estamos viendo el inicio del rompimiento entre la presidenta y los fantasmas del pasado, que la llevaron al poder?
Desde que Claudia Sheinbaum se sentó en la silla Presidencial ha habido dos gobiernos en México. El legítimo, el de la propia Sheinbaum, y el fáctico, ejercido desde lo oscurito por López Obrador. Durante dos años la sombra del expresidente asedió a Sheinbaum e influyó en muchas de sus decisiones. Como la de proteger a capa y espada a Rocha Moya de los señalamientos del Departamento de Justicia gringo, el cual liga al ex gobernador con el narco. Ni siquiera la guerra civil que se desató en Sinaloa a partir del secuestro de El Mayo Zambada, hizo que Sheinbaum dejara a su suerte a Rocha Moya, alguien a quien López Obrador siempre consideró como su “hermano político”. Pero un día las cosas llegaron a un punto de quiebre sin retorno. La mecha se encendió con la desafortunada carta de Andy, el hijo de López Obrador, enviada al presidente Trump para quejarse de que le hubieran quitado la visa. A partir de ahí surgieron los desencuentros, las dudas y los manotazos.
Y mientras la carta de Andy causaba sorpresa y escarnio en las redes, el súper Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, andaba en la cumbre de seguridad de la DEA en Argentina, recibiendo halagos y palmadas por parte de los gringos. Algo que debió enfurecer a López Obrador y a sus más cercanos. Y no sólo por que Harfuch anduviera en gira de rock star, haciendo migas con la DEA y el FBI, sino porque Harfuch operó, junto con los gringos, para que el gobierno de Javier Milei expulsara con destino a México al excontralmirante, Fernando Farías Laguna, recluido en una prisión de máxima seguridad en Argentina. Como se sabe, Fernando Farías Laguna y su hermano, Roberto Farías Laguna, están acusados en México de varios delitos ligados al huachicol fiscal.
Los López
¿Por qué la presidenta Sheinbaum querría traer de vuelta a México a Fernando Farías Laguna, alguien cuyos testimonios podrían poner en serios aprietos a una serie de personajes, tanto de la política mexicana, como de la Marina y del sector empresarial? Quizá porque entre esos personajes destaca Andy. Alguien que, según los dichos de testigos colaboradores, forma parte de la investigación por contrabando de combustible (huachicol fiscal) contra los hermanos Farías Laguna. O sea que si comienzan las persecuciones y la temida repartición de las culpas, Andy y papá López Obrador podrían quedar en el centro de un nuevo torbellino de escándalos y acusaciones. Y no sólo en México, sino también en Estados Unidos. Flaco favor el que les está haciendo la presidenta Sheinbaum a los López, sus entrañables compañeros del “movimiento”.
El mensaje
Ya sea con la salida definitiva de Rocha Moya del gobierno de Sinaloa, ya sea con el regreso del excontralmirante Farías Laguna a México, hoy preso en el penal de Almoloya, el mensaje que la presidenta envía deja claro que el gobierno mexicano está del lado de Washington. Al mismo tiempo da a entender que en el fallido regreso de Rocha Moya, ella no tuvo nada que ver. ¿Y si ella no intervino de quién fue la brillante idea? Suena a movida de López Obrador. No debería sorprender que Sheinbaum cancelara la mañanera del viernes 21 de agosto, justo el día en que Rocha Moya volvió a despachar por unas cuantas horas como gobernador de Sinaloa. No, no fue una gripe. Ni una fuerte tos. Fue la respuesta de Sheinbaum ante algo con lo que estaba en absoluto desacuerdo. Lo último que deseaba era explicarle a la prensa por qué Rocha Moya había decidido volver sin siquiera comunicárselo. “El poder sin principios se vuelve arrogancia”, soltaría Sheinbaum en un tuit con dedicatoria.
¿Y el Ejército?
¿Es éste el comienzo del fin del morenismo o sólo su transformación? Y si así fuera, ¿el Ejército de qué lado está? ¿De lado de Sheinbaum o del lado del gobierno alternativo de López Obrador y Andy? Es una pregunta escabrosa si se toma en cuenta que López Obrador bañó de oro al Ejército durante su sexenio. No sólo les entregó el monopolio de la fuerza y la seguridad, sino que además los convirtió en empresarios, poco exitosos, por cierto. Aun así, es mucho lo que las fuerzas armadas le deben a su protector y mecenas. También es cierto que, hasta el día de hoy, nunca hemos visto a un Ejército Mexicano que falte a su palabra de serle leal al presidente en turno, ni siquiera en los momentos aciagos. Tratándose de una disputa como la que tenemos enfrente, aquel que tenga al Ejército de su lado siempre tendrá ganada la guerra.
Las circunstancias han colocado a Sheinbaum en uno de los mejores momentos de su gobierno. El manotazo que dio en Sinaloa le regresa popularidad y le gana respeto. Ya dio muestras, igual que alguna vez las dio el viejo PRI, de que en el presidencialismo mexicano, cuando el partido y el presidente te dejan solo, estás condenado. ¿La figura de López Obrador comienza a tambalearse? Si como dicen las encuestas, la popularidad de Sheinbaum ha descendido en los últimos meses, todo esto vuelve a elevar sus números. Ojalá la presidenta aproveche el ahora y ponga tierra de por medio con los fantasmas del pasado. Sí. Ellos la llevaron al poder, pero no puede ser rehén de los disparates de un expresidente incorregible. Eso sí, las agencias de inteligencia gringas hicieron su chamba. Hoy tienen en jaque, tanto a la izquierda mexicana, como a Morena, el partido oficial. ¿Y Sinaloa, quién gobierna?
Dejanos un comentario: