Cuando Javier Olleros (Lucerna, Suiza, 1975) y Amaranta Rodríguez (O Grove, 1983) vieron entrar en 2012 a un tipo solo y trajeado en el comedor de Culler de Pau, su restaurante, elucubraron con que podía tratarse de un visitador médico. Pero al terminar de comer, el hombre les hizo algunas breves y rápidas preguntas antes de descubrir su identidad: inspector de Michelin. Cayó una estrella ese año y otra ocho años después, en 2020. Por los gigantescos ventanales del comedor asoma una vista impresionante de la Ría de Arousa y, si el horario acompaña, puede verse el sol poniéndose. Su padre, el de Olleros, había marchado a los 15 años, huérfano, con una maleta de madera a Suiza. Amaranta y Javi, en los primeros tiempos en Culler, se peleaban por coger el teléfono cuando sonaba, porque sonaba poco. La vida es un misterio de reglas oscuras, pero a veces el trabajo te devuelve lo ofrecido. Habla —sentado en su invernadero, junto a su propia huerta, delante de un vino— Olleros.
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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