Hay un concepto de la economía conductual al que llaman cariñosamente nudge, que traducido equivale a “empujoncito”. Es curioso porque los serios economistas brincan la línea punteada del dinero y se pasan al carril blando del comportamiento humano. Se trata de pequeñas modificaciones del entorno o de la forma en que se presentan las opciones para orientar una conducta sin prohibir alternativas ni imponerla. Paternalismo libertario,
le llaman, oxímoron incluido. Hace poco hice una visita guiada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y terminé pensando menos en Derecho
Fuente: El Economista (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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