Algún día no lejano, participar en un concierto, levantar una pancarta en una manifestación o ir a un estadio para ver un partido podría convertirse, con la ayuda de la inteligencia artificial, en una oportunidad de vigilancia masiva e identificación colectiva por parte del gobierno de turno.
Parece un escenario distópico digno de una dictadura, pero es el camino que ha emprendido Europa con las tecnologías de reconocimiento facial, que cada vez más países están utilizando. E Italia lleva la delantera.
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