En la bisagra de tiempo que transcurre entre el final del verano y el mes de octubre llegarán a nuestras huertas y mercados las calabazas. Arrastrándose por el suelo o colgando de pérgolas como opacas bombillas, orondas, anaranjadas, verdes o con forma de reseca cantimplora, dan luz, color y sabor a un tiempo gris. Desde que se cultivan, hace ya casi 10.000 años, los hombres han sabido aprovecharlas como precarias ollas en remotas sopas, para conservar fresca el agua de los peregrinos durante su ruta hacia la tumba del apóstol
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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