Un grupo de niñas vestidas de uniforme pasean por la acera frente a la Cúpula Sarakasi. En una esquina, una mujer vende samosas y chapatis, y en la otra, un hombre quita la tela con la que ha cubierto los plátanos y las piñas que va a intentar vender hoy.
Un joven descarga cajas de Coca-Cola sobre el hombro mientras esquiva como puede las boda-bodas, las motocicletas que serpentean a toda velocidad entre los coches y los transeúntes de Nairobi.
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