RETRATOS HABLADOS
De alguna manera, las noches del Grito de Independencia en la Plaza Juárez, tienen un motivo constante para evocar la presencia de mi padre, que llegaba temprano a la ciudad y acudir, junto con su familia, a mirar los fuegos artificiales; celebrar el estilo militar del único gobernador de Hidalgo, de origen civil, que haya saludado al contingente de soldados que le entregaba la bandera que izaría en el balcón, con la mano derecha llevada a su sien, como si fuera general brigadier o algo por el estilo.
Lo mismo en esos festejos, que cuando lo vio cuando supervisaba las obras para transformar lo que iba a ser el cabaret más grande del país, en un Centro de Extensión Universitaria, y apurado como siempre andaba, dejó atrás a sus acompañantes y al mirarlos les gritó: “¿Qué? ¡Vengo solo cabrones!”, para mirarlos correr despavoridos a fin de alcanzarlo.
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