Tom Cruise llega a los cines con Digger asumiendo lo que apuntaba a ser uno de los mayores retos de su vida. El actor, estrella de Hollywood por excelencia, se unía al prestigioso director mexicano Alejandro G. Iñárritu en una obra que había generado enorme expectativa. Un filme vendido en clave de comedia negra que prometía levantar muchas ampollas especialmente entre los espectadores más acaudalados.
Su historia nos presenta al hombre más poderoso del mundo, Digger Rockwell. Un empresario multimillonario con plantas petrolíferas que arrasan con la naturaleza para exprimir hasta la última gota de crudo. Pero un día, por culpa de su imparable ambición, desencadena un desastre que amenaza con destruirlo todo. En esta carrera contrarreloj, él mismo emprende una frenética misión para demostrar que también es el salvador de la humanidad.
Una sátira vacía
Es evidente que lo que Iñárritu quiere plantear con Digger es una afilada sátira en contra de los grandes magnates del planeta y los políticos que les apoyan.
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