La violencia contra estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos ( UAEM ) reveló las precarias condiciones económicas y de seguridad con las que operan las universidades autónomas de los estados del país. A los problemas financieros, de calidad educativa e infraestructura que ya enfrentan las instituciones públicas de educación superior, ahora se suman la inseguridad, la presión por aumentar la matrícula y las agresiones contra estudiantes fuera y dentro de los planteles.
“Durante años, esa autonomía se ha usado, en los hechos, como frontera que impide auditorías externas sobre protocolos de protección estudiantil. Cuando una universidad pública opera en un territorio con feminicidios recurrentes contra su comunidad estudiantil, la autonomía no puede traducirse en opacidad frente al Estado”, apuntó en una columna .
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