En 2007, el geólogo australiano Arthur Hickman recorría la pantalla de su computadora con un objetivo meramente industrial: rastrear posibles yacimientos de hierro en una zona remota de Australia Occidental mediante Google Earth. Sin embargo, al inspeccionar la cordillera Hamersley, algo rompió con la abrupta geografía del desierto. Se trataba de una hendidura casi perfectamente circular de alrededor de 260 metros de diámetro. Hickman exploraba en busca de minerales terrestres, pero lo que había hallado pertenecía a una historia mucho más antigua y cósmica.
Una marca imposible en Pilbara. Localizada cerca de Newman, en la región de Pilbara, la estructura exhibía una simetría tan inusual que no podía atribuirse al azar erosivo. Hickman, quien trabajaba para el Geological Survey of Western Australia, decidió compartir las coordenadas con el especialista Andrew Glikson, de la Universidad Nacional de Australia, ante la sospecha de que pudiera tratarse de la huella de un bólido espacial.
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